Nunca te detengas en la carretera de Matehuala y otras historias de horror reales
34 min
•Nov 22, 20255 months agoSummary
This episode of Relatos de la Noche features four supernatural horror stories from Latin America: a haunted apartment building in Mexico City, a possessed girl in León Guanajuato, a mysterious neighbor in Guadalajara, and the legend of a ghostly hitchhiker on the Matehuala-Saltillo highway. Each narrative explores encounters with unexplainable phenomena that left lasting psychological impacts on the witnesses.
Insights
- Supernatural encounters often involve sensory inconsistencies (missing shadows, mismatched voices, impossible movements) that create cognitive dissonance in witnesses
- Abandoned or deteriorating spaces amplify psychological unease and may serve as focal points for paranormal activity or mass perception
- Witnesses frequently experience physical symptoms (sweating, weakness, rapid breathing) before consciously recognizing danger, suggesting intuitive threat detection
- Repeated, ritualistic supernatural encounters (same time, same location, same behavior) create patterns that make experiences feel more credible to observers
- Social validation through community gossip and corroborating witness accounts reinforces belief in supernatural phenomena even without concrete evidence
Trends
Growth of paranormal storytelling as entertainment medium for Spanish-language audiences seeking psychological horrorPrevalence of urban legend narratives involving abandoned buildings and deteriorating infrastructure as supernatural hotspotsIncreasing documentation and sharing of personal paranormal experiences through podcast platformsCultural persistence of supernatural folklore in Latin American communities despite modernizationPsychological horror emphasis on sensory anomalies rather than graphic violence in contemporary horror narratives
Topics
Paranormal phenomena and supernatural encountersUrban legends and folklore in Latin AmericaPsychological horror and fear mechanismsHaunted locations and abandoned buildingsGhost stories and spectral apparitionsPossession and demonic activityHitchhiker legends and roadside hauntingsWitness testimony and credibility in paranormal accountsCommunity folklore and oral traditionSensory anomalies in supernatural experiences
Quotes
"A veces el miedo es la mejor forma de relajarnos por un rato, por más irónico que suene."
Host•Introduction
"Yo ya no duermo."
Neighbor in apartment 313•Guadalajara story
"Usted no es el primero."
Building porter•Guadalajara story
"¿Dónde está la carretera?"
Possessed girl•León Guanajuato story
"Nunca te detengas en la carretera de Matehuala."
Implied warning•Episode title reference
Full Transcript
Se abrió la puerta del elevador y había alguien, una mujer de espaldas a unos tres metros del elevador. El pasillo estaba muy oscuro como si no hubiera luz en ese piso, pero alcanzaba a ver su silueta. Tenía el pelo largo, completamente canoso y caía como si estuviera húmedo o muy pesado. Las manos las tenías tiradas ligeramente hacia los costados, no se movía nada, no respiraba y no tenía nada que estar haciendo en un edificio vacío. Muy buenas noches comunidad, que bueno tenerles por aquí una vez más, espero que estén tranquilos, tranquilas de buen humor y si no es así, entonces ojalá que puedan desconectarse un ratito con lo que están por escuchar. A veces el miedo es la mejor forma de relajarnos por un rato, por más irónico que suene. Esta noche traemos historias muy diferentes entre sí que van de secarreteras embrujadas, hasta departamentos vacíos solo habitados por fantasmas, pero cada una con su propia inquietud, así que estoy seguro que este episodio se quedará con ustedes rondando buen rato después de haberlo terminado. Así que acomodense por favor, apaguen la luz y dejense envolver por lo que viene, esto es relatos de la noche. Hola comunidad, esto me pasé unos meses cuando andaba buscando un departamento en el centro, la verdad es que ya estaba desesperado porque todo estaba carísimo y de pronto encontré uno que se veía muy bien en fotos, recién remodelado, amplio y a un precio que era demasiado bueno para hacer verdad, para estar donde estaba y tan cerca de mi trabajo. Te vi sospechar ahí pero, cuando estás buscando algo con urgencia, a veces te dejas llevar y no ves los detalles, las banderas rojas. La que había en un estado el edificio era rara, no vacía sino como apagada, no había tiendas abiertas ni gente pasando ni ruido, todo estaba oscuro, parecía una cuadra que nadie usara ya, aún así ahí estaba la mujer del inmobiliario esperándome en la entrada, no me había equivocado, pero desde el primer segundo noté que estaba nerviosa, y no nerviosa como alguien tímido o alguien comprisa, estaba inquieta, no dejaba de ver hacia dentro del edificio y al mismo tiempo volteaba mucho hacia la calle, como si no quisiera quedarse sola conmigo pero tampoco quisiera estar dentro, me dio la mano rápido y me dijo, vamos, es en el quinto piso, intenté hacer un chiste para relajarla pero no me siguió el ritmo, ni siquiera sonrió, lo único que dijo fue algo como, mire, le enseño rápido porque tengo trasitas seguidas, y así entramos al edificio, el recibidor estaba completamente oscuro, salvo por una luz amarillenta que venía de un foco viejo, las paredes tenían humedad y aunque el anuncio decía recién remodelado, se notaba que eso sólo aplicaba al departamento, el edificio parecía abandonado, no se escuchaba nada, ni una tele, ni voces, ni pasos, nada, subimos por las escaleras porque me dijo que no confiaban en el elevador, pero cuando llegamos al quinto piso ya sudaba como si hubiera corrido, me enseñó el departamento en menos de tres minutos y no exagero, me abrió la puerta, me señaló la cocina, me mostró el baño por encima y cuando le iba a preguntar sobre el contrato me interrumpió para decir, ya va a llegar al otro interesado, si le gusta me manda mensaje hoy mismo, pero tiene que bajar, y luego dijo algo que me pareció muy raro, me repitió varias veces que alirme, por favor dejar a la puerta del edificio abierta, que no la fuera a cerrar para que no tuviera que bajar ella por la siguiente persona, pero el tono era de alguien que quería que me fuera y ya, de alguien que no quería bajar, me dijo que ya se quedaba ahí y yo al cerrar la verdad pensé en irme por el elevador, estaba muy cansado y quería ver qué sirviera, no pensaba rentar ese lugar y subir todos los días cinco pisos, cuando me iba solamente me repitió que no me fuera de tener ningún piso, que fuera directamente hasta abajo y ahí sí me sentía algo raro, como si estuviera dando mis instrucciones para no encontrarme con alguien, me subí al elevador y la puerta no cerró bien, quedó una rendija de unos dos centímetros por donde podías ver el muro del piso, por dentro el elevador temblaba como si la estructura estuviera floja y era uno de esos que tardan en reaccionar cuando presionas un botón, comenzó a bajar, es lentísimo, entre el cuarto y el tercer piso escuché que alguien pico el botón desde abajo, el elevador se detuvo, se abrió la puerta y ahí había alguien, una mujer de espaldas a unos tres metros del elevador, el pasillo estaba muy poco iluminado pero alcanzaba a ver su silueta, tenía el pelo largo, completamente canoso y caía como si estuviera húmedo o muy pesado, las manos las tenía ligeramente estiradas hacia los costados, como hace alguien cuando da la bienvenida, no se movía nada, parece un estatua que no respiraba o al menos no se le notaba, dije buenas noches pero no se mutó, presioné el botón para cerrar pero tardaba, sentí que pasaron 20 segundos y no se cerraba, evidentemente fue menos tiempo por la rendija veía su silueta exactamente igual, ni un milímetro de movimiento, el elevador siguió bajando y en el piso dos volvió a sonar el timbre de que alguien lo llamó, volvió a detenerse, se abrió era ella otra vez, en la misma posición, en el mismo ángulo, a la misma distancia, si no hubiera visto que bajábamos, si la puerta del elevador no se quedara ligeramente abierta, hubiera jurado que estábamos en el mismo piso pero no era cierto, esta vez su cuerpo estaba girando un poco, como si quisiera voltear hacia mí, era apenas un movimiento pero lo suficiente para que notara que se había movido, no podía bajar tan rápido ese piso por las escaleras, no sin hacer ruido, no para alcanzar el elevador, no dije nada, ni respiré, solo empecé a picar el botón para cerrar, no quería que me escuchara ni que pensara que quería acercarme, ni entendía por qué pensaba eso pero así lo sentía, como si fuera peligroso que me escuchara, la puerta tardó, tardó y tardó, la mujer seguía ahí, inclinada apenas apuntando con la mitad del cuerpo hacia mí, finalmente se cerró y el elevador siguió bajando, pensé que llegaría directo a la planta baja pero no, antes sonó el timbre otra vez, alguien había llamado desde el primer piso, cuando la puerta se abrió no vi nada, literalmente nada, ese piso estaba completamente oscuras, no había luz ni un punto de referencia, ni reflejo, era un cuadro negro, un vacío, y entonces escuché algo, pasos, no pasos rápidos, pasos muy lentos, como de alguien que camina arrastrando un poco los pies, venían desde el fondo de ese pasillo que yo no podía ver, cada paso se escuchaba más cerca, trate de cerrar la puerta pero el elevador no reaccionaba, le presionaba y no hacía nada, como si estuviera atrabado y los pasos se llenaban acercándose, despacio, constantes, sin detenerse, yo ya estaba respirando fuerte sin querer hacerlo, sentía la espalda empapada, cuando los pasos sonaron tan cerca que parecían estar frente al elevador, ahí finalmente la puerta se cerró, cuando llegué a la planta baja salí sin ver atrás, corrí, ni siquiera sé si el elevador terminó de abrir antes de que yo ya estaba saltándose afuera, en la entrada había un tipo tocando la puerta del edificio, confundido como yo, otro joven estaba junto a él y por como estaba vestido, perdón, por un segundo pensé que le estaba saltando, pero no, al parecer era un vecino, le estaba diciendo que no firmara nada, que ese no era un buen lugar para estar, que ahí no vivía nadie, que nadie podía vivir ahí desde hace mucho, el tipo que evidentemente iba a ver el departamento como yo lo escuchó pero aún así entró, seguramente pensando que estaba loco o que estaba exagerando, yo habría pensado lo mismo exactamente 10 minutos atrás, quise detenerlo pero no me salían las palabras, sentía las fiernas flojas y no me daban las ideas para explicar, salí y me fui directo a buscar un taxi pero no ahí, tenía que llamarlo de esa otra calle, ahí no, no sé qué habrá pasado con él y tampoco sé qué fue lo que vi, a veces pienso en ese momento como si hubiera sido un sueño en toda la visita, como si no hubiera sido completamente real, pero sigo buscando departamento en esa zona, sería un sueño poder irme caminando al trabajo, pero les prometo que yo si veo otro anuncio demasiado barato para ser verdad, ahora sí ya no iría a verlo, hola comunidad, esto pasó hace unos 25 años cuando yo era niño y vivía en una colónia tranquila de León Guanajuato, era una colónia de esas donde casi no pasaban coches todavía, donde aún se podía jugar fútbol o escondidas afuera sin que nadie te dijera nada, sobre todo en la calle de atrás a la mía, la última de la colónia, tan lejana de todo que aún era de tierra en la parte del fondo, mis papás podían verme desde la ventana y mientras no nos alejáramos a la cuadra no había problema, casi todas las tardes nos contábamos los mismos, dos vecinos a la casa de enfrente, mis primos que vivían a unas casas y yo, a veces se unían más niños pero ese es quien particular nosotros, el grupo de siempre, recuerdo que estábamos jugando más tarde de lo normal, ya oscurecía y el alumbrado de la colónia no era bueno, así que se veía todo medio apagado, al fondo de esa calle había un terreno despoblado, era una parte donde ya no había casas, solo tierra, algunos arbustos secos y un camino que llevaba la carretera grande, a nosotros nos daba curiosidad pero uno nos dejaban meternos ahí, decían que era peligroso así que siempre jugábamos al lado contrario, aún así esa noche estábamos un poco más cerca de ese terreno porque nos pusimos a buscar un balón que se nos había rodado, ya estaba inclinando a para levantarlo cuando vi que alguien venía caminando por la calle, era una niña, una niña que yo no había visto nunca en la colónia, lo raro fue que en cuanto nos vio se ocultó detrás de un carro como si le diera miedo a acercarse, nos quedamos quietos, uno de mis primos dijo que seguramente estaba perdida, otro dijo que mejor nos metiéramos, pero a mí me dio algo de preocupación porque se veía muy chiquita como de nuestra edad un poco más pero para estar esas horas afuera era muy raro, recuerdo que le pregunté si estaba bien y ahí salió detrás del poste y desde ese momento sube que había algo raro, era muy claro, miren yo no era el niño más brillante pero sabía que su ropa no era normal, trae un vestido sencillo pero muy viejo como esos uniformes de escuela que ya casi no se usaban, no trae a mochila ni suéter ni nada que indicara que venía de una casa cercana, sus zapatos le quedaban grandes y estaban limpios pero el vestido se veía maltratado como se hubiera pasado mucho tiempo aguardado, no sé, me acuerdo porque en esa época todas las niñas usaban ropa muy distinta y eso no se me olvida, lo segundo que notamos fue su cara, no porque se viera lastimada ni nada dramático sino porque no hacía ninguna expresión, no sonreía, no pareció asustada, nada, solo nos miraba y cuando habló ahí sí comunidad nos dio miedo y es que su voz no era de niña, es una voz muy difícil de describir, sonaba muy delgada pero adulta como si una mujer estuviera tratando de hablar como niña y no pudiera como si la voz saliera desde muy profundo de un lugar que no coincidía con el cuerpo que teníamos enfrente y nos preguntó ¿dónde está la carretera? así sin contexto, sin avisar, sin decir que estaba perdida, ¿dónde está la carretera? yo señalé hacia el terreno despoblado y le dije que de ese lado si seguía derecho lo encontraría, no preguntó más, no nos agradeció, no dijo nada, solo empezó a caminar en esa dirección, lenta como si no supiera mover bien los pies, como si estuviera copiando la forma de caminar de alguien más, la vimos avanzar hasta que desapareció entre los árboles secos al terreno, nos metimos y recuerdo que cuando llegué a la casa mis papás preguntaron por qué iba tan pálido, les conté lo que vimos y dijeron que seguramente era una niña de por ahí, recién llegada y ahí quedó, al menos esa noche porque lo escalofriente viene después, al día siguiente muy temprano cuando empezaron los comentarios entre los vecinos, los chismes, decían que una niña se había escapado de una iglesia que estaba en las cuadras, que la tenían ahí porque estaba poseída, que le habían traído de un pueblo y le estaban resguardando ahí, que estaban esperando a unos padres de Roma que venían a revisar su caso y que no era la primera vez que trataba de escaparse, cada versión de cada vecino tenía detalles distintos pero todas coincidían en que había una niña en esa iglesia y que había algo muy malo en ella que se escuchaban los gritos de afuera, cuando escuché eso me dio un vuelco en el estómago porque no lo relacioné de inmediato pero poco a poco me cayó el 20, la niña que vimos la noche anterior estaba yendo hacia la carretera, estaba como alejándose de la colonia, como si intenté reírselo más lejos posible de donde estaba la iglesia, recuerdo que durante mucho tiempo después de eso ya no jugamos en esa parte de la calle, ni nosotros ni los demás niños ni no porque nuestros tapas nos lo prohibieran sino porque todas las noches casi en la misma hora, poquito antes de anochecer se escuchaban gritos, pero no eran gritos normales, eran rarísimos, sonaban como de niña pero al mismo tiempo como de alguien mayor, como si la voz cambiara en medio del grito, había noches en que parecía una mujer anciana, otras en que sonaba como si la voz finiera de ese muy lejos, desde un cuarto enorme o vacío, y tiempo después cuando hablábamos de eso cada quien nos recordaba diferente, mis primos decían que se escuchaba como si la niña estuviera muy cerca como si anduviera entre las casas, otros vecinos decían que parecía venirse hasta el terreno despoblado, una señora juraba que le escuchaba arriba como si fuera un eco en las azoteas, yo no sé lo único que sé es que todos lo escuchamos y que todos dejamos de jugar en la calle por meses, después de un tiempo los gritos pararon, dejamos de hablar del tema y se nos olvidó, la historia se volvió como uno de sus rumores del barrio que los adultos se quencan de repetir y que los niños intentan olvidar, pero todavía me acuerdo de la forma en que caminaba la niña, la que vimos la noche del escape y en esa voz, esa voz que no tenía nada que ver con cómo se veía. Comunidad gracias por llegar a este punto del episodio, le recuerdo que suscribiéndose este espacio nos ayudan mucho y ustedes jamás se van a perder de una nueva entrega, anímense a ser parte de la mejor comunidad de internet. Antes de seguir quiero ofrecer una disculpa por el sonido en el episodio en vivo, el de los espíritus del metro Indios Verdes, que comienza con un fragmento de nuestra participación en la semana del podcast de Amazon Music, la verdad es que en vivo se escuchó bien aunque estaba yo muy muy enfermo, pero hubo un problema al subirlo, como marcaba que la música que le pusieron las personas de Amazon tenía derechos de autor, para no bajarlo intenté reemplazar ese sonido de fondo con una opción que me dio youtube, pero lamentablemente esa herramienta está en pruebas todavía, no respetó el volumen de la música de fondo y por eso en varias partes se escucha más alta que mi voz, eso fue por un error al utilizar esa herramienta, pero recuerden que al minuto 14 se acaba ese fragmento y empieza un episodio completamente normal, para que vayan a escucharlo porque siento que tenía muy muy buenas historias y hubo mucha gente que se fue porque pensó que todo iba a ser así en vivo y que todo iba a tener el error de la música, así que vayan y denle otra oportunidad a partir del minuto 14 y si no lo han escuchado pues miren tienen episodios doble para hoy, pero es momento de continuar, seguimos con más relatos de la noche. Hola a todos esto me pasó cuando viví en Guadalajara en el año 2015, yo tenía 20 y tanto si trabajaba como gerente en una cafetería del centro, bueno más que cafetería era una panadería pequeña que vendía muy buen café, era de esas que tienen horno de piedra, muy tradicional, mi turno empezaba a las 5 de la mañana que era cuando encendíamos los hornos, así que yo tenía que salir de mi departamento a las 4 en punto todos los días, vivía en un edificio viejo, no muy grande como los que construyeron en los 70's, se veía bien por fuera pero por dentro empezabas a notar lo antiguo, pasillos con mucho eco, focos que se fundían seguido, puertas que no cerraban bien y había que dar el portazo, esas cosas, mi departamento estaba en el tercer piso, justo en frente del mío estaba el 313, aunque siempre me pareció raro porque en esa planta había un 301 y un 302, alguna vez pregunté y me dijeron que así estaba la numeración desde que se construyó, pero nunca me quedó claro por qué, porque solo en ese piso había ese salto, era como si el 313 perteneciera a otro edificio, el caso es que cada madrugada cuando saliera un bol trabajo pasaba lo mismo, yo cerraba en puerta y justo en ese momento la puerta del 313 se centraabría, apenas una rendija, unos centímetros, solo lo suficiente para notar que se abría y nada más, lo primero que alcancé a notar fue un mandil azul, de esos como de cocina, luego las manos de una señora mayor, arrugada pero firme, apoyada en la orilla de la puerta y luego su voz, buena madrugada joven, lleva el trabajo, siempre igual, siempre en la misma frase a las cuatro en punto, yo le decía que sí, que iba temprano porque tenía que llegar antes a las cinco, ella sentía aunque casi nunca la alcanzaba a ver completa, solo la siluete de su cabeza moviéndose detrás de la puerta y entonces me decía lo mismo, yo ya no duermo, si quiere pase por un café, no más para que se lleve, pero nunca habría más, nunca mostraba la cara completa, nunca alcancé a ver el interior, solo esa rendija, la oscuridad, la silueta de la cabeza, el pedacito del mandil azul y un olor a jabón, un olor fuerte como el de la ropa recién lavada, pero mezclara con algo viejo, como si ese aroma estuviera atrapado en un cuarto encerrado por mucho tiempo, siempre agradecía, ella decía que no, que llevaba brisa y pensaba que era una señora mayor que vivía sola y no dormía, me daba ternura la verdad, pero aún así nunca acepté el café, no me sentía cómodo entrando en un departamento que nunca había abierto del todo, eso duró meses, exactamente igual, hasta que una madrugada dejó de esa rutina, esos durmeses varias veces de la semana exactamente igual, hasta una noche en que estaba lloviznando y hacia más frío de lo normal, yo se lea la tienda y por alguna razón mire a la puerta del 313, no se habrá ni nada, pero no sé, sentí algo, me pareció raro y quizás hasta sentí un pequeño alivio de que no hubiera nadie ahí en ese momento, como si mi cuerpo hubiera estado tenso sin que yo me diera cuenta, pero justo cuando iba a bajar las escaleras se escuchó un golpe seco adentro del 313, un golpe seco, fuerte, muy claro, como si algo muy pesado hubiera caído, me regresé corriéndome cerca a la puerta y pregunté, señora, ¿está bien? Silencio, empecé a tocar a la puerta y sentía todo adentro completamente quieto, como si no hubiera pasado nada, no un silencio normal de la noche, sino como si adentro no estuviera pasando nada, absolutamente nada, y fue muy raro porque por el golpe alguna reacción tenía que haber, bajé y me fui directo con el portero que dormía en una silla junto a la entrada, y dije que creía que la señora del 313 le había pasado algo y él abrió los ojos apenas y me dijo irritado, ¿qué señora? ¿pues la del 313, la que vive en frente de mí? Le dije, el portero se me quedó viendo como si le hubiera dicho una tontería, ahí no vive nadie, yo me reí un poco pensando que no me estaba entendiendo, le expliqué que me abrían todas las madrugadas para despedirme, lo del café, lo del mandil, la señora que se asomaba, el café, y ahí fue cuando su expresión cambió, se levantó de golpe y me dijo, acompáñeme, le voy a enseñar algo pero no toque nada, subimos, él sacó un llavero enorme y buscó una llave accedada, cuando abrí el 313 entró primero y el olor me golpeó de inmediato, no era el mismo olor a jabón ni a ropa limpia, sino un olor a polvo encerrado por años, la humedad vieja, algo guardado demasiado tiempo, el departamento estaba completamente hecho ruinas, paredes descarapeladas, manches de humedad, closets sin puertas, la cocina era un cascarón oxidado, la ventana estaba rota y tenía telarañas gruesas de esas que no parecen por abandono de meses, sino por años, incluso décadas, no había muebles ni sillas ni ninguna señal de lo que pudo haber provocado el ruido que escuché, le dije al portero que soy imposible, que yo veía la señora casi diario, que hablábamos, que me ofreció café y que acababa de escuchar un golpe fuerte, les juro que el portero se persinó y me tomó del brazo, no debemos estar aquí, me dijo, y usted no debería ver esto, yo insistí, le dije que no entendía nada, que si él sabía algo que me contara, pero no dijo nada mientras estábamos ahí, salimos, se robía en la puerta y ya hasta que íbamos bajando las escaleras, me volví a ver y me dijo, usted no es el primero, se detuvo en el descanso y ahí me contó, me dijo que hacía años, en 2007 o 2008 vivía una doctora en el mismo departamento donde estaba yo, una doctora joven con horarios raros que a veces salía también de madrugada, cerca de las 4 igual que yo, y ella también había escuchado una voz que le hablaba desde ahí, no la de una señora, sino la de un hombre mayor, un señor que le saludaba desde detrás a la puerta del 313, sin abrirla más que una rendija, que le decía siempre lo mismo, buen día señorita, ya ya no duermo sabe, y que también le ofrecía café para que se llevara, cuando la doctora se quejó de eso, llamaron a mantenimiento y abrieron el 313 para ver que nadie se hubiera metido, estaba justo igual que en ese momento, abandonado en ruinas sin muebles, sin señales de que alguien se escondiera ahí, hasta pensaron que la doctora la había alucinado, que era porque hacía no dormir, o que quizás se tomaba algo para aguantar sus turnos, se fue las pocas semanas y nunca explicó por qué, solo dejó las llaves y se mudó sin recoger varias cosas, el portero me pidió que no volviera a mirar esa puerta cuando saliera, que no respondiera allá si escuchaba algo, y que no aceptara nada, ni café, ni una conversación, nada, yo dejé de irme de madrugada, me cambié los horarios, unos meses después me fui de Agua de Lajara, dejé ese edificio, no puedo decirles que haya vivido el resto de mi tiempo ahí con miedo, porque no lo sentía durante el día, pero como les digo ya no me iba temprano sabiendo que a las 4 de la mañana si habría mi puerta, podría haber una rendija en la de enfrente, a asomarse un mandil azul, con un olor fuerte a jabón saliendo de un departamento abandonado, nunca supe quién fue quien vivió realmente en ese departamento, y ahora solo es un recuerdo, un recuerdo muy preciso, sobre todo el desafarace que aún puedo escuchar, yo ya no duermo. Esta historia no es mía directamente, pero es una historia que he escuchado tantas veces desde que era niño, que siento como si yo también lo hubiera vivido, se trata de mi tío que en paz descanse, él fue trelear durante muchos años y pasaba por la carretera entre mateual y saltillo varias veces al mes, y aunque mi tío nunca fue de los que creían en cosas raras, luego que le pasó ahí lo dejó marcado para siempre, hasta volver a la iglesia después de muchos años según me dicen, el camino siempre le pareció tranquilo, sobre todo comparado con otros que lo ponía nervioso, que lo hacían sentir inseguro, hasta que una noche empezó a notar algo cuando pasaba por ahí, y es que ya en varias ocasiones en el mismo punto, en un tramo solitario donde no hay casas, ni negocios, ni ranchos, ni nada alrededor, vivía una mujer parada a un lado del camino, parada en el mismo lugar haciendo la misma señal, el pulgar arriba pidiendo a ventón, mi tío nunca llevaba nadie, no le gustaba, decía que era peligroso, que no nunca sabe con quién se subía, pero él juraba que la mujer no se veía agresiva ni nada, ni rara, es más, nada bien se veía como triste, como si no fuera de por ahí cerca, como si apenas supiera donde estaba, la vio así durante meses, siempre estaba y por la noche a la hora que él pasaba, siempre de pie con el brazo estirado, con el dedo levantado, como esperando exactamente su camión o algún buen samaritano que le diera ventón, y una noche no sabe por qué, mi tío decidió detenerse, le dio más lástima de lo normal a lo mejor, quiso ayudar, me decía que esa noche venía tranquilo, la carga y ven tiempo no tenía sueño, traía música viejita que le gustaba mucho y algo en él dijo, pobre señora, otra vez aquí sola, y se frenó, en cuanto se detuvo se arrepintió de haberlo hecho, pero ya era demasiado tarde y la mujer no reaccionó al freno, no se acercó ni bajo la mano, no se movió ni tantito, seguía con el brazo estirado igualito que cuando él venía a lo lejos, como si no lo viera, mi tío se bajó del camión para hablarle, para decirle que si quería la podía acercar a algún lugar, llevarla al siguiente pueblo, no lo hizo confiado, lo hizo con precaución por supuesto, pero trató de hablar amable, y fue ahí bajando del camión cuando pasó lo primero raro, su propia sombra, la de mi tío, se alargaba en la carretera, mucho, una sombra larguísima, como si su cuerpo midiera tres o cuatro metros, como si los faros del camión hubieran estado en el piso, estirándole la sombra hacia adelante, mi tío se detuvo un segundo para verla, para entender por qué se proyectaba así, pero entonces notó algo más, la mujer no tenía sombra, nada, no proyectaba ni una lina en el asfalto, y lamentablemente él ya había avanzado lo suficiente para estar unos pasos de ella, casi frente a frente, y ahí pasó lo peor, se dio cuenta de que la mujer estaba moviendo la boca, rápido, como si hablara muy muy a prisa, sin verlo a él, con la mirada perdida en la carretera, como esperando algo, pero él no escuchaba nada, nada, como si la voz no saliera, como si ella hablara debajo del agua, o como si estuviera hablando en un cuarto y él estuviera en otro completamente distinto, mi tío dijo que vio claramente su mandíbula moverse, la forma en la que pronunciaba palabras, el movimiento del cuello, de la barbilla, de los labios, pero no yo ni un solo sonido, ahí sí sintió algo que nunca había sentido, corrió al camión, se subió de un salto y arrancó sin mirar atrás, con el corazón acelerado, con miedo de ver por los espejos, y más miedo de que la puerta del copiloto se la abriera, aceleró, no bajó la velocidad durante kilómetros, no quiso pensar, no quiso intentar explicarse nada, solo manejar, alejarse lo más que pudiera, cuando por fin llegó a Mateuala se detuvo en una gasolinera, y hasta ese momento la adrenalina bajó un poco, y aunque trató de convencerse de que había imaginado cosas, algo no cuadraba, lo que lo terminó de quebrar fue lo que descubrió después, en el viaje de vuelta de día, al pasar por el mismo tramo, se fijó con cuidado en el punto exacto donde siempre veía la mujer por las madrugadas, pero esta vez miró del otro lado de la carretera, y ahí fue donde se le encofrió el pecho, había dos cruces, de esas de metal blanco que ponen cuando alguien muere en un accidente, viejas, oxidadas, como si llevaran años ahí, a él no le gustaba inventarse historias, así que mejor preguntó a otros traileros y agentes de la zona si conocían algún accidente por ahí, pero nadie supo decirle nada concreto, mi tío volvió a ver a la mujer dos veces más, siempre en la madrugada, siempre en la misma postura, y siempre sin sombra, pero ya nunca volvió a detenerse ni a bajar la velocidad y apartando la vista cuando pasaba junto a ella, y aunque él ya no está aquí para contarlo de nuevo, yo quiero hacerlo, quiero que su historia permanezca por mucho tiempo, y debo decirles que ese es un tramo de carretera que yoje más y manejado de noche, que escancen, que tengan muy buenas noches comunidad.