Relatos de la Noche

Una Bruja en el Techo (historias de horror paranormal)

32 min
Dec 5, 20256 months ago
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Summary

Relatos de la Noche presents three paranormal horror stories from listeners: a factory worker's encounter with a supernatural child on a bridge, a university student's experience with a haunted house where others witness phenomena she cannot, and a family's terrifying encounter with a witch-like entity living in their house's roof.

Insights
  • Paranormal experiences often gain credibility through multiple independent witnesses reporting consistent details rather than single-person accounts
  • The most psychologically disturbing paranormal scenarios involve the protagonist being unable to perceive threats that others clearly witness, creating existential uncertainty
  • Community-driven content platforms enable large-scale collection of personal paranormal narratives that reveal cultural patterns in supernatural beliefs across regions
  • Generational trauma narratives around paranormal experiences persist through family retelling, becoming foundational family memories despite not being directly experienced
Trends
Growth of user-generated paranormal content on podcast platforms as primary distribution channel for folklore modernizationIncreasing narrative focus on psychological horror (uncertainty, invisibility of threat) over traditional jump-scare paranormal tropesRegional paranormal narratives (Mexican/Latin American settings) gaining mainstream podcast audience reach globallyParanormal podcast listener communities as spaces for collective sense-making and validation of unexplained experiencesShift from individual haunting narratives to multi-witness accounts as credibility mechanism in paranormal storytelling
Topics
Paranormal encounters and supernatural phenomenaHaunted houses and residential hauntingsWitness testimony in paranormal investigationsPsychological horror and existential dreadRegional folklore and cultural supernatural beliefsFamily trauma narratives and intergenerational storytellingUnexplained phenomena in isolated locationsSupernatural entities and apparitionsListener-submitted paranormal storiesMexican paranormal folklore and urban legends
People
Francisco Alvarado
Narrator of first paranormal story about encountering a supernatural child on a bridge near his factory workplace
Karolín
University student narrator describing haunted house experiences where others witness phenomena she cannot perceive
Gerardo
University student who witnessed a woman and child in Karolín's house window and subsequently avoided her due to fear
Mariana
Roommate who reported hearing a child crying from the closet and barricading the door at night for protection
Fer
Roommate who experienced an unexplained slap while bathing and reported friends seeing figures in the house window
Julio
Narrator of third story about his parents' encounter with a witch-like entity living in a house's roof
Quotes
"el podcast más escuchado de México, el podcast en español más escuchado del mundo, el podcast de terror más escuchado en cualquier idioma en este planeta"
HostOpening segment
"lo peor no es ver algo, lo peor al menos para mí es saber que si hay algo en esa casa yo jamás voy a saber en qué momento está a un metro de mí"
KarolínMid-episode
"demasiada gente ha visto y sentido cosas muy específicas como para que todo sea una coincidencia"
KarolínMid-episode
"ustedes vivían en la casa de la bruja? la bruja vive en el techo, a veces asoma, a veces da saltos grandes"
Local childrenFinal story conclusion
"la cara de una señora muy vieja con el cabello blanco mirándose abajo hacia ellos"
JulioFinal story climax
Full Transcript
Vieron desde el techo, asumada por el borde. La cara de una señora muy vieja con el cabello blanco mirándose abajo hacia ellos. Cuando se dieron cuenta de que ella los estaba viendo, la hijita se escondió hacia atrás como si se arrastrara o se deslizara rápido por el techo. Muy buenas noches comunidad, es momento de continuar un diciembre de terror en el que vamos a traer las historias más aterradoras que nos han enviado para toda esa gente tan especial como nosotros que seguimos escuchando historias de fantasmas, de encuentros paranormales e incluso la temporada de sembrina. Mientras los demás se toman un descanso, ustedes y yo nos vamos a adentrar en las historias más oscuras del año. Hoy tenemos tres grandes relatos para ustedes y claro, vienen especiales porque hay muchos motivos para celebrar, porque por tercer año consecutivo fuimos al podcast más escuchado de México, el podcast en español más escuchado del mundo, el podcast de terror más escuchado en cualquier idioma en este planeta. De ese calibre es esta comunidad, así que un especial por supuesto o varios son lo que se merecen así que esperenlos. Por ahora es hora de cerrar los ojos y dejarse llevar, porque ya estás escuchando relatos de la noche. Hola buenas noches comunidad, yo me llamo Francisco Alvarado y quiero contarles algo que me pasó hace poquito, hace como dos meses. Trabajo en una fábrica que está fuera de la ciudad, por una carretera donde no hay casas ni nada, puro monte y un puente antes de llegar. Yo entro a las cinco en punto, pero varias veces me voy antes por qué paso a dejar a mi esposo al hospital para unos tratamientos. Cuando eso pasa termino llegando a las 4 o 15 de la mañana, cuando todavía ni siquiera abren el estacionamiento. Y este día del que les voy a hablar, hice lo mismo de siempre. Justo iba cruzando el puente con el carro todavía a baja velocidad, cuando vi algo que nunca, de verdad nunca pensé ver a esa hora. Un niño, un niño sentado en la orilla, con espiernitas colocándose al vacío, como si estuviera esperando, no sé, el momento de aventarse. Yo pensé que estaba alocinando o que era alguien jugando, pero eran las 4 de la mañana. No había ni un alma por ahí, no pasan coches a esa hora, y ahí no hay casas, no hay nada. Cuando me fui acercando a él, volteó, no se movió del todo, solo giró la cabeza, despacito. Y cuando los faros le pegaron en la cara, los ojos le brillaron, como si tuviera algo en ellos, no sé cómo explicarlo, pero brillaron. No reflejaron la luz, estaban brillando de una forma muy extraña. Yo sentía algo horrible, algo que no supe reconocer en el momento, solo se leeré un poco más sin frenar, sin voltear otra vez. Pasé el puente y seguí derecho. Me repetí 100 veces que seguro era un niño que se había salido de su casa, pero es que ahí no vive nadie, habría tenido que ir desde muy, muy lejos. Llegé al punto donde siempre me estaciono, ahí donde me quedo a esperar a que abran. Apagué el carro, reclín el asiento y trate de olvidar lo que vi. Me forcé a pensar que estaba cansado, que mi mente me jugó un abrón macabra, cerrar los ojos y solo intenté dormir un ratito. No sé cuánto tiempo pasó, pero sí sé que me estaba quedando dormido cuando escuché la puerta, no fue un golpe, no fue un roce, las te van intentando abrir. Escuché el tirón clarito, como cuando alguien quiere abrir y jalar la manija con mucha fuerza. Yo me desperté de golpe con el corazón en la garganta y lo primero que pensé fue, ya me vieron dormido y me van a saltar. Me incorporé, mira afuera, me asomé con cuidado para todos lados, en todas direcciones, pero no había nadie. Y cuando digo nadie es nadie, ahí cerca no hay absolutamente nada, no hay tiendas, no pasan carros, no hay paradas de camión. A mi alrededor solo había carretera vacía y oscuridad. Me quedé quieto escuchando sin moverse, bajé tantito la ventana, pero no se escuchaba nada más. No escuché ni sentí pasos, no vi sombras, no escuché correr a alguien, nada. Me quedé sentado con el corazón todavía acelerado, viengase a todas partes por los espejos. Cuando veieron el estacionamiento, vanse despacio y ya me sentí un poco más tranquilo, como cuando amanecé uno piensa que imaginó todo, las cosas se ven mucho más fáciles cuando sale el sol. Me bajé del carro, cerré la puerta y ahí fue cuando vi en la pintura, exactamente en la puerta que habían intentado abrir, manitas. Había manitas pintadas, manitas chiquitas como de niño, marcadas, perfectas, como si las hubieran presionado con fuerza. No eran sucias de alodo ni de grasa ni de tierra del camino, estaban pintadas como blancas, con muchas con tiza o pintura escolar, dos bien claritas, dibujadas exactamente como si hubieran intentado abrir. Me quedé mirándolas un rato, ni siquiera supe que hacer, no pude decir nada en el trabajo porque, ¿cómo lo explicas? ¿Cómo dices que viste a un niño en un puente oscuras y que luego alguien o algo te quiso abrir la puerta y dejó sus manos marcadas? Las limpiedas puedes ya en la tarde cuando salí y si se quitaron pero costó, como si hubieran tenido hoy mucho tiempo, como si hubieran estado mucho antes de esa noche. Por ahora ya no he vuelto a pasar tan temprano por el puente, si tengo que llevar a mi esposa al hospital, cuando la dejo me voy al trabajo pero me quedo al lado de la carretera, antes de llegar al puente, ahí me estaciono y me duermo, pero ya no me acerco ese tramo con esta todavía tan oscuro, me da mucho miedo, un miedo terrible volver a verlo. Hola Uriel, Hola comunidad, me llamo Karolín y les quiero contar algo que me pasó, es de esas cosas que si las pienso rápido todavía puedo decir igual y fue coincidencia, pero cuando junto a todas las piezas ya se vuelve más difícil desestimar, yo soy un pueblito de Michoacán, allá viví toda mi vida con mis papás y mis hermanos, nunca me ha habido de casa hasta que me aceptaron en la universidad de Morelia, mis papás estaban muy orgullosos pero también muy nerviosos porque soy la mayor, la primera en la familia que estudia la universidad y la primera que seguiba a la ciudad, ellos sabían que no podían estar pagando una renta muy alta, así que empezamos a buscar una casa que quedara más o menos cerca de la escuela, pero que aguantara después a más rumis para que entre todos pudiéramos pagar, al final encontramos una casita en una calle tranquila, a unas cuadras de una avenida donde pasan cómbies y atienditas, no era céntrica pero tampoco estaba perdida, era una casa vieja de un piso, confachada un poquito descuidada, pero nada extraordinario, por donde me tal, una ventanita a un lado y ya dentro, un pequeño pasillo que llevaba un patio ya a los cuartos, el plan era que yo me quedara los primeros meses sola y ya, y que cuando hiciera mi hija esa confianza a la universidad, pudiera invitarlas a compartir la casa, lo raro para mi desde el principio fue sentir esa casa demasiado silenciosa, en mi pueblo siempre escuchaba perros, gallos, radios, gente platicando todas horas, ahí no, a veces pasaban carros, sí, pero ya en la noche era casi puro eco de mis propios pasos, como si la gente no estuviera despierta tan tarde ahí, la casa tenía tres cuartos, uno daba la calle y ese lo agarré yo porque me encantaba ver a la gente pasar, otro que daba el patio y el tercero que estaba al fondo, junto a un baño que parecía agregado después, con azul lejo distinto, la sala y el comador estaban casi vacíos, con unos sillones viejos que dejaron los últimos enquilinos y una mesa de plástico, yo llevé mi colchón, mi ropero, mis cosas y al principio me emocionaba, y es que era la primera vez que tenía un cuarto, solo mío, sobre todo en otro lugar, quiero aclarar desde allá para que no esperen otra cosa, que yo nunca he visto ni escuchado nada raro directamente, nunca había una sombra, nunca escuchó una voz, nada, todo lo que voy a contar viene de las otras personas que sintieron, escucharon y vieron cosas ahí, y justo eso, el yo no poder ver es lo que me da más miedo, bueno el punto es que las primeras semanas fueron normales, ir a la universidad, regresar a hacer tarea, ir a llamar con mis papás, yo estaba emocionada, pero también me sentía muy sola, mis amigas de la prepa se quedaron en el pueblo y aunque hablábamos no es lo mismo, en una de esas semanas conocí a gerardo, un chavo de la escuela, empezamos a platicar en una clase, luego en la cafetería y un día me dijo que se quería salir al cine, yo acepté obviamente y quedamos un sábado en el centro, fuimos a un cine por el centro histórico, caminamos un rato por las calles empedradas, vimos la función, salimos a tomar algo y la verdad yo la pasé muy bien, no fue una cita así superromántica, pero sí se sentía como que había algo de química, al menos eso pensé yo, ya era algo tarde cuando tomamos el transporte de regreso, él se bajó conigo en la parada cercana a mi casa porque todavía le quedaba caminar un rato más a la suya y me dijo que me acompañaría hasta la puerta, yo se lo agradecí porque aunque la calle no era peligrosa si estaba muy sola es ahora, recuerdo muy bien esa caminata y vamos platicando de cosas x, maestros, tareas, chisme de la facultad, yo sentía que todo iba fluyendo bien, llegamos al portón de la casa y yo pues estaba nerviosa, no sabía si se iba a despedir de mano, de abrazo o que, me detuve frente a la puerta, le di las gracias por acompañarme y volteaba a verlo y ahí vi que su cara había cambiado por completo, volteaba para otros lados, no me sostenía la mirada, no me podía ver a los ojos, le pregunté si todo estaba bien y él respondió que sí pero que tenía que irse, no me abrazó ni nada, se dio la media vuelta y se fue caminando rápido sin voltear, yo me quedé ahí parada un segundo sin entender qué había pasado, quise pensar que tal vez se acordó de algo que se sintió mal, no sé, según yo no había hecho nada, entré a la casa, me metí a mi cuarto, me cambié de dormir con esa sensación rara pero sin imaginar lo que de verdad había sucedido, al día siguiente le mandé mensaje como si nada, le dije que gracias por la salida, que me la había pasado muy bien, vio el mensaje pero no me contestó, pasaron semanas y en la escuela empezó a evitarme, si yo estaba en el grupo se iba con otro, si lo saludaba apenas me respondía, yo empezó a darle mil vueltas al asunto, pensando en qué había dicho o hecho mal, hasta que un día después de una clase salimos casi a mismo tiempo y por primera vez en todo ese tiempo no pudo evitar que quedáramos frente a frente en la puerta del salón, yo respirea donde me le acerqué, oye le dije te hice algo, de verdad si te molestó algo que hice o que dije prefiero que me lo digas y ya, Gerardo se incomodó, miro para todos lados como asegurándose de que nadie estuviera escuchando, después suspiro como resignado, no tú no hiciste nada, dijo, solo no quiero tener problemas, esa frase me cayó todavía peor y es que no la entendía, problemas con quién, le pregunté, se quedó callado unos segundos y al final en voz baja soltó, pues con tu mamá, yo sentí como si me vaciara la cabeza en ese momento, le dije intentando no sonar enojada, Gerardo mi mamá ni siquiera vive en Morelia, ¿qué te pasa? él se rió pero sin humor y me contestó, Carolina crees que estoy inventando cosas, yo las vi, me acuerdo perfecto como clavo esa frase en mi, las vi, ¿a quiénes? me dijo entonces que cuando me llevó, cuando yo estaba despaldas a mi casa, atrás de mí en la ventana pudo ver como una señora peinaba a una niña, yo sentí que algo se me apretó en el pecho cuando me lo dijo, pero no respondí nada y él continuó, pensé que era tu mamá con tu hermana o una tía, no sé, pero no se veían normales, la señora le estaba calando el pelo a la niña muy feo, la niña tenía la cara como, como apretada aguantando el dolor y yo no quería ver mucho la verdad, pero de reojo veía como la señora le daba jalones bien feos, se quedó callado un segundo y luego bajó aún más la voz, de repente las dos dejaron de ver hacia abajo y voltearon juntas a verme a mí, la señora agarró todavía más fuerte el pelo de la niña como si me estuviera presumiendo que lo podía jalar más y con la otra mano se pasó el dedo por el cuello lento como siendo una señal de cortarse la garganta y todo esto sin dejar de verme, no sé cuánto tiempo me quedé callada lo único que tenía a contestarle fue en ese cuarto no había nadie, no había nadie en la casa esa noche, ahí no vivía nadie más que yo, gerardo me miró con una cara que mezclaba miedo, incomodidad y algo de lástima, no pues entonces está peor pero yo no me voy a meter en eso, perdón caro pero yo no quiero broncas con con lo que sea que esté ahí en tu casa, y se fue y esta vez y supe que ya no iba a volver a hablarme igual, ese día salí de la facultad como un automático, tomé la combi a mi casa, abrí el portón, entré y me quedé parada en la sala habiéndose a mi cuarto, cerré las cortinas de la ventana que da la calle como si con eso pudiera borrar la imagen que me había descrito, poco tiempo después de eso por fin llegaron los rumis que estaba esperando, todos echaban otras carreras que también venían de fuera y necesitaban un lugar donde vivir, una se llama mariana y la otra fer, hasta el día de hoy grandes amigas, al principio todo fue buena onda, cada quien con su cuarto acordamos lo de la renta, los servicios, quien sacaba la basura y esas cosas, yo no les dije nada de lo que me contó gerardo porque honestamente no sabía cómo sacarlo sin sonar loca, además pensaba que si ellas no sentían nada raro, a lo mejor si había alguna explicación para lo que él vio o que simplemente estaba sugestionado, pero no pasó mucho tiempo antes de que el tema saliera solo, una noche estamos las tres en la cocina cenando, era una de esas en las que te quedas platicando mientras lavas los trastes, revisas el celular y que ya se te hizo tarde sin darte cuenta, acaban de pasar los finales y estábamos más relajadas que de costumbre, no sé cómo salió pero terminé contándoles lo de la cita, empecé por lo normal, que había salido con un chavo, que de repente se había puesto raro, que luego me evitó y esas sean caras, se indignaban por mí, ya sabes, luego les dije, pero después habla con él y me dijo por qué salió y se los quiero contar nada más para que me digan si suena muy loco, y entonces les conté tal cual lo que les acabo de contar a ustedes, la señora pinando a la niña, los jalones, la mirada, la ceña en el cuello, cuando terminé las dos se quedaron viéndome con la boca entrafierta, estás bromeando, dijo Mariana, no, le dije, ¿por qué o qué? Fer soltó una risa nerviosa y dijo, caro, esta casa está súper embrujada, nosotros pensamos que tú ya sabías, y ahí sí sentí miedo, no por qué me hubieran dicho embrujada sino por la forma en que lo dijeron, no sonó a chiste, sonó algo que ya habían hablado antes entre ellas, ¿cómo que embrujada, qué han sentido ustedes? les pregunté, Mariana fue la primera que habló, yo no he visto nada pero desde que llegué te puedo decir que casi todas las noches escucho como si una niña llorara, como si viniera del closet, se me hizo un mudo en la garganta al escuchar, le pregunté si hablaba del closet de su cuarto, si y no me vas a creer pero, yo hasta le pongo una silla en la noche, atorando la puerta para que no se abra, sé que parece ridículo pero no puedo dormir sino ator a la puerta así, luego dijo Fer, lo mío fue diferente, una vez me quedé sola porque ustedes se fueron a sus casas el fin de semana, me metí a bañar tarde como a las 11, estaba tranquila con la puerta cerrada, cuando de la nada sentí un golpe bien fuerte en la cara, una cachetada así directa y no con la mano abierta normal sino fuerte, me dejó la cara irviendo, piense que me había pegado con algo pero no había nada, se tocó la mejilla recordarlo, yo lo escuchaba y sentía que me iba haciendo chiquita en la silla, pero nunca vieron a alguien, pregunté, entonces contestó Fer, ¿ver? yo no, pero mis amigas sí, me explicó que un par de veces habían venido amigas suyas y de mariana a hacer tareas sobre películas y que más de una cuando salían a fumar al patio o cuando iban llegando, habían volteado a la ventana de mi cuarto y preguntado cosas como, ya llegó tu rumi, la había asomada en la ventana, ¿quién está contigo? pensé que estaba sola pero había alguien en la ventana y siempre se refería al mismo lugar, a la misma ventana, la que da la calle, la misma donde gerardo había visto a la señora con la niña, Mariana me miró raro y me preguntó si de verdad nunca había escuchado nada y yo solamente negué con la cabeza, les conté que lo más extraño que había sentido era incomodidad con el silencio, sobre todo cuando estaba sola pero nada más, ni llantos, ni golpes, ni cachetadas, ni gente en la ventana, nada, pues que bueno la verdad dijo Fer igual y no eres sensible, pero eso no significa que no esté pasando y esa frase se me quedó grabada, porque ese es justo el problema, hasta el día de hoy yo no puedo decir, vi esto, me pasó tal cosa dentro de esa casa, pero ya no puedo caminar por el pasillo en la noche sin imaginar el clóset de Mariana con la silla torando la puerta o el baño donde alguien le dio una cachetada a Fer sin que hubiera nadie en casa o mi propia ventana donde según otros siempre se aparece alguien, siempre, evidentemente yo nunca he visto la señora aprenando a la niña, ni he escuchado su llanto, ni me han tocado, pero sí sé que hay algo ahí, porque demasiada gente ha visto y sentido cosas muy específicas como para que todo sea una coincidencia y lo peor no es ver algo, lo peor al menos para mí es saber que si hay algo en esa casa yo jamás voy a saber en qué momento está aún metro de mí, en qué momento me está intentando hablar al oído y yo ni enterada, solo quería compartirlo con ustedes, tal vez alguien en la comunidad haya vivido algo parecido, casas donde todos ven cosas menos el que vive ahí y eso aunque suene raro da un miedo diferente, porque no sabes si eres el más afortunado o el más expuesto, me encantaría saber cómo empezar a ver. Gracias por continuar por aquí comunidad, recuerden recuerden por favor que se pueden ganar 5 libros autografiados comentando aquí en youtube desde donde escuchan relatos y si nos escuchan en podcast etiquetándonos en una historia en instagram mostrando desde qué plataforma nos están escuchando, el siguiente episodio vamos a anunciar a los ganadores, suscríbanse a este espacio si aún no lo hacen, vúlvanse parte de esta familia, si están escuchando esta parte del episodio no hay ninguna razón para que no estén suscritos y no vuelvan a perderse uno solo, créanme que viene lo mejor que estamos preparando muchas sorpresas historias que de verdad se van a convertir en sus favoritas, hoy nos quedó una más, una historia que precisamente le dan nombre a este episodio, continuamos. Hola buenas noches comunidad, mi nombre es Julio y aunque llevo poquito escuchando los quiero contar algo que mi familia nunca se olvidó, no me pasó a mí sino mis papás, pero ellos me lo contaron tantas veces que pareciera que yo también estuve ahí, cuando ellos se mudaron a la ciudad hace muchos años, les tocó vivir como se podía, casas con piso de tierra, humedad por todos lados y agujeros en las paredes que dejaban entrar el frío en la noche, nunca se quejaron porque fue lo primero que pudieron pagar, pero sí la pasaron muy mal al inicio, después de eso alguien les ofrecio quedarse en otra casa cerca de esa misma zona, no era bonita y lo raro no era la pintura descascarada ni los vidros viejos, ni que pareciera un taller por las ventanas tan altas que no dejaban ver hacia afuera, lo más raro era lo alto del techo, la dueña les advirtió al entregarles la llave que se quedaran en el primer piso, que no subieran, que no había nada arriba y eso claro les llamó la atención porque sí había una escalera, vieja de cemento sin barandal, pero ahí estaba entre la cocina y la sala sin llegar a nada, oscura, arriba terminaba una puerta metálica cerrada con candado y se notaba que no se habría desde hace mucho tiempo porque estaba cubierta de polvo, de larañas y marcas de óxido como de agua que se escurrió desde adentro, y desde la primera noche os señales lo que estaban a punto de vivir y eso era más allá del frío tan terrible que hacía, verán mi mamá se quedó sola y mi papá regresó a las tres de la mañana de su trabajo, cuenta que él se bajó de la combi como si nada y caminó las seis cuadras oscuras hasta la casa, cuando entró encontró mi mamá sentada en la orilla de la cama, temblando, llorando de miedo, ella apenas pudo decirle que había alguien arriba, susurraba como con miedo de que le escucharan y dijo que estaba segura que era una persona que algo estuvo caminando dando vueltas, mi papá trató de tranquilizarla, le dijo que se burran las láminas moviéndose por el viento, pero ella insistió en que no podía hacer algo así, que se escuchaban claramente los pasos, lo eran y no pasos rápidos, pasos lentos como con paciencia, dejándose escuchar, dándole a vuelta una y otra y otra vez, mi papá salió a ver pero desde abajo no se distingía nada, solo se había el techo altísimo y negro, no había escaleras afuera ni cómo subirse ni accesos desde el primer piso y afuera tampoco había escaleras ni bardas cercanas ni casas pegadas, a 60 metros a la redonda no había nada, las siguientes noches fueron iguales, mi papá se hacia fuerte pero mi mamá casi no dormía, siempre tenía que esperar solas hasta entrada la madrugada que llegaba mi papá, los pasos volvían y lo peor fue cuando ya no eran solo pasos, a veces escuchaba como un arrastre, como algo pesado moviéndose y una noche risas, risas que no temían esconderse al igual que los pasos, lo que sé que estaba arriba quería que la notaran y mi papá finalmente se hartó, un jueves a las 2 y media de la mañana, cuando los pasos sonaron otra vez justo cuando él iba llegando subió las escaleras, golpeó la puerta de metal con todas sus fuerzas, los risas se callaron, los pasos también, luego bajo y se quedó escuchando desde el primer piso sin respirar, no se escuchó nada más en toda la madrugada ni un roce ni un peso moviéndose, al día siguiente pidió herramientas en la obra donde trabajaba, esa noche cuando volvió a sonar algo allá arriba subió nuevamente, forzó el candado con un martillo y un desarmador, la puerta se abrió y lo que vio fue nada, un cuarto vacío en medio de la sotea, sin techo, sin ventana, sin nada, totalmente en obra negra, sin señales de alguien ahí y sin señales de como alguien pudo haberse subido, pero mi mamá no se tranquilizó, al contrario siguió estresada, pero al menos pasaron las noches sin ruidos, por primera vez pudieron dormir de corrido, sin embargo un sábado después de visitar a unos amigos ya muy tarde, cuando iban caminándose a la casa la vieron, por primera vez la vieron, mi papá dice que primero pensó que era un vulto, un costal, algo olvidado que parecía salir del techo, pero no, era una cara desde el techo asomada por el borde, la cara de una señora muy vieja con el cabello blanco mirándose abajo, hacia ellos, cuando se dieron cuenta de que ella los estaba viendo, la viejita se escondió hacia atrás, como si se arrastraron o se deslizaran rápida por el techo, y esa noche, esa noche no quisieron entrar, no se atrevieron a dar un paso más hacia su casa, se regresaron sin voltar, llegaron a la carretera y tomaron un taxi, volvieron a casa de sus amigos y les pidieron quedarse esa noche, por suerte aceptaron, al día siguiente fueron a hablar con la dueña y preguntarle que había ahí arriba, que quién o qué vivía en ese techo, le dijeron que forzaron la puerta, que subieron al techo y lo que vieron ahí, la señora se enojó, primero le escritó por haber abierto a la puerta que específicamente les había prohibido, luego les dijo que debían irse lo antes posible, sin más explicación, y ellos aceptaron sin discutir, solo querían sacar sus cosas y se irían, cuando ya llevaban lo poco que tenían y caminaban contra abajo rumbo a la carretera, unos niños de la zona pasaron y les preguntaron, ustedes vivían en la casa de la bruja? mi papá dice que trató de no escuchar eso, pero los niños siguieron, la bruja vive en el techo, a veces asoma, a veces da saltos grandes para que eran otros techos y se llave gatitos o perros, por eso le tiran piedras para que no se acerque, para que no nos haga nada, no dijeron más, no preguntaron más, se fueron a seguir jugando, muchos años después yo conocí la historia por las pláticas de mis padres, los dos la contaban por separado y muy diferente, mi mamá nunca quería contarla, te lastimaba mucho el recuerdo, mi papá la hacía más emocionante, más entretenida, pero los dos la contaban con los mismos detalles, tal cual, hoy mi mamá ya no está y desde entonces como que mi papá dejó de contarla, pero de vez en cuando la recuerda, en un solo comentario para describirla, para describir ese momento de su vida, esa memoria, se refiere a ella como la casa de la bruja en el techo,