Algo vive en la Ouija (La Ouija que se lleva Almas parte 2)
33 min
•May 9, 202626 days agoSummary
This is part 2 of a supernatural horror narrative about a dangerous Ouija board allegedly containing a malevolent entity from Veracruz, Mexico. The story follows a family's terrifying experience when a girl named Mayra brings the cursed board to a family gathering, leading to possession, mysterious disappearances, and encounters with a supernatural woman in the forest.
Insights
- Supernatural narratives leverage personal testimony and family dynamics to create psychological credibility and emotional investment in listeners
- The episode uses escalating stakes and cliffhangers to drive engagement and social media sharing as a monetization strategy
- Cultural folklore and regional mythology (Veracruz brujo tradition) are weaponized as narrative authenticity markers in horror storytelling
- The blurring of rational skepticism with supernatural events creates cognitive dissonance that enhances listener immersion and fear response
- Audience participation mechanics (social media engagement thresholds determining episode release timing) create parasocial investment in narrative outcomes
Trends
Long-form supernatural narrative podcasts using serialized storytelling to drive repeat listening and social sharingIntegration of audience engagement metrics (likes, shares) as narrative gatekeeping mechanisms for episode releasesExploitation of cultural folklore and regional paranormal traditions as content differentiation in crowded horror podcast marketUse of first-person testimony format to establish false authenticity and listener trust in fictional supernatural narrativesPsychological horror emphasis on ambiguity between rational explanation and supernatural causation as engagement driver
Topics
Ouija board folklore and paranormal object narrativesPossession and demonic entity mythologyMexican regional folklore and Veracruz supernatural traditionsFamily trauma and grief-induced vulnerability to paranormal influencePsychological horror and fear response mechanismsSerialized narrative storytelling in podcast formatAudience engagement gamification in content distributionSupernatural entity manifestation and physical hauntingRitual-based paranormal activation (candles, mirrors, incantations)Forest and wilderness as liminal supernatural spaces
People
Quotes
"Jugar a la huija nunca debe tomarse a la ligera, mucho menos si no conoces el origen de la tabla que estás tocando."
Narrator•Opening
"Lo que vive en esa tabla en realidad está atrapada en ella, lo que está ahí en esa huija es lo más cercano al diablo que puede estar un ser humano."
Katy•Mid-episode revelation
"Una vela frente al espejo es algo que jamás por ningún motivo deben de hacer, ni siquiera para prenderla a la ponga de enfrente."
Narrator•Safety warning
"Esto nos va a costar el alma, de que nos vamos en el infierno si ustedes no arreglan su cagadero."
Katy•Escalation moment
Full Transcript
Jugar a la huija nunca debe tomarse a la ligera, mucho menos si no conoces el origen de la tabla que estás tocando. Puede que como muchas haya sido fabricada simplemente como un juguete pero créeme, nunca sabes por dónde ha pasado, a quién perteneció antes de llegar a ti, a donde estaba destinada a llegar. Escucha con mucha atención la siguiente historia. Hoy comunidad continuamos con la historia de la huija que se come las almas de quienes estén cerca de ella, de quienes atreven a jugarla. Si quieres entender la fin por favor, ve a escuchar el episodio anterior, pero si no lo has hecho no te preocupes, está contada de forma que puedas entenderla también, disfrutarla, pero siempre lo harás más teniendo toda la información que nos ha llevado hasta aquí. Sin más comenzamos pero déjame advertir, esta historia puede provocarte su gestión, miedo, malestar, y si en algún momento sientes que te duere la cabeza al escuchar, esa es tu señal para saber que no debes adentrarte más, esto es relatos de la noche. Mis primas y yo jugamos a la huija toda la noche, estamos en la casa de mis abuelos en Valle de Bravo durante la pandemia, acudimos a mis padres y yo, también Nityormando, su esposa Katy, y mi prima Mariela, todavía sufriendo la muerte de su mamá, todavía sufriendo que mi tío se hubiera casado con Katy tan pronto. Al llegar ahí me di cuenta de que llevaron a alguien más, a Mayra, una extraña chica de nuestra edad, sobrina de Katy. Ella llevó consigo una extraña huija, muy muy vieja, diferente a esas comerciales que venden en todos lados. Nos dijo que le había robado, que la tenían su tía y su madre, coleccionistas de lo culto, que había pertenecido a un brujo de las montañas de Veracruz, y que en ella, en la tabla habitaba una bruja. La jugamos y la huija nos habló de muchas cosas, hasta de lo que seguí en la pandemia que en ese momento vivíamos, pero todos de faldiablo cuando Mariela le preguntó si podía hablar con su mamá. Cuando la huija le dijo que antes tenía que dar reentrada, que dejar una vela encendida toda la noche, hasta que se consumiera frente al espejo. Aunque en ese momento nos asustó y decidimos dejar la huija por la paz, amanecimos con una noticia, mi prima no estaba ya en la casa, se había internado en el bosque y en su cuarto había una vela, consumida, justamente frente al espejo. Y lo más raro de todo fue que varios en la familia, incluida yo y incluida mi abuelita, habíamos estado soñando con una mujer horrible, que casi parecía una muerte en vida paseándose por esa casa y en el caso de mi abuela, observándola desde dentro de su cuarto, sentada en su mesedora, viéndola dormir. Mis papás y tíos estaban preocupados por Mariela, pero sospechó que en el fondo pensaban que se había levantado temprano y se había ido a caminar, eso no era algo tan raro, era normal. Parte de lo que disfrutábamos tanto de la casa de mis abuelos era todo el bosque alrededor, la seguridad con la que nos perdíamos en él por horas, además había algo más importante en ese momento, mi abuela, pocos después de contarle a mi mamá que había soñado toda la noche con esa mujer extraña que la veía en su cuarto, se empezó a sentir mal, tenía ganas de vomitar, tenía calor, estaba sudando a chorros. En ese momento como ya se imaginarán, lo que más me conoció es que se tratara de covid, sobre todo porque significaría que nosotros se lo habíamos llevado, y si ahora sabemos que esos síntomas no eran y que duran días sin incubarse en manifestarse después del contacto con una persona con el virus, pero en ese momento estábamos seguros de que la habíamos puesto en peligro, así que mis papás y mi tío Armando prepararon como pudieron una camioneta con bolsas de plástico para llevarla a un doctor que conocían a 40 minutos de ahí, pero cuando se preparaban algo más ocurrió, vimos a Katy aproximarse a la casa por un sendero, venía con mi prima Mariela en Piyama, descalza, todos corrimos hacia ella a preguntarle cómo estaba, a preguntarle qué diablos le había pasado, por qué nos había preocupado así. Katy dijo que la había encontrado a 20 minutos de la casa, a varios kilómetros de ahí, acostada, dormida, en una zona llena de piedras, y no sabía cómo había dejado ahí, y Mariela tampoco parecía saberlo, decía que se sentía bien pero no tenía dolor ni nada raro, sus pies estaban llenos de heridas, pero lo más extraño de todo fue que cuando Katy la encontró no las tenía, sus pies estaban perfectamente sanos, fue al caminar de vuelta que se los lastimó, y entonces cómo diablo llegó ahí, dormida, cómo entró a una zona tan peligrosa sin hacerse el más mínimo daño, sin lastimarse los pies, pero bueno, eso era algo con lo que Lidia harían después, me encargaron mucho a Mariela mientras llevaban a mi abuela el doctor, y me dijeron que Katy se quedaría también con nosotras para cuidar a mi abuelo, que pusiéramos mucha atención en caso de que presentara algún síntoma, cualquier cosa extraña, que les habláramos en cuanto algo pasara. Yo acompañé a Mariela a lavarse las heridas de los pies, y ese fue un momento sumamente extraño a comunidad, porque a pesar de que parecía hablar normal, no sé, la vi una tristeza en ella, en sus ojos, que me recordaba esos primeros días cuando murió su mamá, mi Tiamai, le pregunté si recordaba lo que habíamos jugado, lo que nos había dicho la huija, y me dijo que sí, que lo recordaba todo, que recordaba ir a su cuarto o intentar dormir, Maera le dijo que no fuera a hacer nada sin preguntarle, y luego, como si ya no se controlara, como si estuviera soñando, recuerda borrosamente haber salido a buscar una vela, los fósforos, regresar al espejo de su cuarto y decir unas palabras, palabras que no reconocía, pero entre ellas encontró una frase, lo que sea, pero que venga mi mamá. Estamos muy tensas, pero algo rompió nuestra plática, voces, una voz que parecía regañar a otra en silencio, salimos rápidamente para ver desde donde venía y en el salón encontramos a Katia apretando muy feda las niñas a Maera, que lloraba como si fuera una niña, nos volvió a ver, luego conoció a Katia, pingan para camo cosas idiotas, no saben lo que acaban de hacer, no saben lo que trajeron. Katia había descubierto que Maera robó su hija, que la llevó ahí, y que sin ningún permiso la jugó, dijo que esos artículos estaban en su cuarto bajo llave por una razón, porque todos eran peligrosos de una forma u otra, pero lo peor, el objeto más peligroso en esa colección macabra era precisamente esa tabla, esa huija. Luego nos preguntó que tanto no se había dicho Maera sobre ella, le respondí que sabía que la tabla era de un brujo de Veracruz, que él contactaba a una mujer que habitaba en la huija, una bruja que había vivido hace mucho tiempo, y que trató de hacer el bien a la gente del pueblo y de los alrededores. Katia empezó a reír, se empezó a carcajear, empezó a murmurar que éramos unas estúpidas. No tienen idea, no se silla, de la mentira que les digo Maera, mucho bien, lo que vive en esa tabla en realidad está atrapada en ella, lo que está ahí en esa huija es lo más cercano al diablo que puede estar un ser humano. En Veracruz, esa mujer se llevó más almas que el cáncer. Yo no entendía, Maera estaba confundida también, Maera tenía una expresión muy rara que pasaba de la de una niña regañada a una muchacha casi burlándose de lo que escuchaba. Luego Katia la señaló y preguntó, estoy segura que esta muchacha idiota no les compartió el pequeño detalle de que cuando obtuvimos esa huija hace años, ella, Maera, estuvo poseída por la bruja esa, pero eso no se los dijo verdad. ¿Qué? No supe qué responder, no dijimos nada y Katia continuó. Por tres días esta niña no estuvo ahí y algo más estaba en su cuerpo y nos costó sangre y nos costó mucho dinero y nos costó una vida de alguien que queríamos mucho el poder liberarla, pero nada de eso les dijo verdad. Maera se disculpó, dijo que no podía decir algo de lo que nos acordaba, que no podía habernos advertido si ella misma nunca le contaba en esa historia bien y Katia le respondió que era para que no viviera con la culpa de lo que su alma costó, pero en ese momento había algo más urgente, algo que teníamos que resolver cuanto antes, la huija ya no estaba por ningún lado, tampoco la había encontrado Katia junto a Mariela en el bosque, en algún lugar alrededor de la casa o entre los senderos estaba y teníamos que encontrarla cuanto antes. Dijo algo que en ese momento no creí, dijo que ya estaba costando almas, pero si no le encontrabamos a tiempo, sino hacíamos con ese maldito objeto lo que ella nos iba a indicar, nos iba a costar la vida de todos. Y no estoy hablando de esta vida nada más, esta se la de menos, estoy hablando de que esto nos va a costar el alma, de que nos vamos en el infierno si ustedes no arreglan su cagadero. Buscamos por toda la casa, los abuelos no eran religiosos, no había agua bendita, ni crucifijos, ni figuras o estampas religiosas. Katia encontró algo en su maleta para protegernos, pero dijo que tenía que conservarla para proteger la casa de lo que andaba en el bosque. Y así, sin más, nos dijo que fuéramos, que la buscaramos, que no teníamos mucho tiempo y nos advirtió algo, porque la vela frente al espejo siempre es algo peligroso y esto quiero dejarlo muy claro comunidad de relatos a la noche. Una vela frente al espejo es algo que jamás por ningún motivo deben de hacer, ni siquiera para prenderla a la ponga de enfrente, pero dejarla ahí toda la noche, después de que algo específicamente te lo pidió, era peor de lo que imaginábamos. Katia nos dijo que no hiciéramos caso lo que escucháramos en el bosque, a lo que viéramos ahí y que si algo en algún momento parecía como un fantasma, corriéramos para alejarnos lo más fuerte que pudiéramos, porque sería algo completamente real. Si tienen suerte, dijo, lo que se salió, lo que anda aquí es un espíritu cualquiera, pero si es ella la que vino, ya no hay mucho que hacer. Me puse mi chamarra hacia frío, había algo de niebla, parecía que en cualquier momento de nuevo podría volver a llover, Maire estaba rara, casi emocionada por lo que estábamos a punto de buscar, como si fuera un juego, una aventura, y Mariela, mi pobre prima seguía con esa mirada triste, la misma de cuando murió su mamá. Katia nos dijo una última cosa, que cuando escucháramos el zumbido de moscas, había algo maligno cerca. Me acerqué el pasillo que daba el cuarto del abuelo y le grité, no respondió, me acerqué unos pasos más para decirle que íbamos a caminar en el bosque, que íbamos a buscar algo que habíamos perdido, de nuevo no respondió, aunque su puerta estaba abierta. Decidí dejarlo así en caso de que estuviera dormido, le dije que lo amaba mucho y me fui hacia la entrada de la casa donde me esperaban Maire y Mariela. Afuera la niebla aravaja, no se veía mucho de ese sendero por el que estábamos a punto de entrar. Teníamos unas horas para volver, en lo que regresaban mis padres y mi tío Armando, y con suerte mi abuela también. Esperábamos que solo hubiera sido un susto de la edad y no algo grave, caminamos por el sendero, por el que desde niñas, desde que solo en una casa de visita si no la habían comprado mis abuelos, nos perdíamos por horas Mariela y yo. Cuando pasamos por ese lugar en donde las había encontrado haciendo algo raro cuando llegué, les pregunté si ni vamos a ir a buscar ahí. Las dos se voltearon a ver y me dijeron que no, que no había nada que buscar, así que continuamos. Creo que fue un kilómetro después, alejándonos no solo de nuestra casa, sino de cualquier atiz o de civilización, cuando el sendero ya se dividía. Ahí llegó nuestro primer y más importante dilema, nos separábamos o seguíamos juntas. Y es que si bien uno de esos caminos llegaba hasta la zona rocosa donde ven encontrado Mariela, hasta donde caminó dormida, no sabíamos que tanto había vacado dormida. Además, Katia habría visto si la huija estaba cerca de ella y no había encontrado nada. Maire dijo que ella buscaría hasta llegar a las piedras, que nos trasiguieramos por el otro camino, por esa zona de sendero menos explorada, con la vegetación metiéndose en el camino. Sería más fácil que ya siguiera sin perderse y encontrar a la zona que habían mencionado, donde estaba Mariela por la mañana, donde había pasado la noche. Así que nosotros seguimos por ese camino por el que la verdad yo no recordaba haber ido antes. Es difícil describirlo, era hermoso, estaba tupido de vegetación, de pinos y árboles cubiertos de musco y enredaderas. Si no hubiera estado muerta de miedo, les hubiera dicho que parecía el escenario de un cuento. Caminamos por un buen tiempo, yo creo que una media hora más cuando llegamos a otra división. El sendero se partía en dos en una piedra con forma de pirámide. Mariela y yo hablamos sobre la posibilidad de que se hubiera alejado tanto, parece imposible, pero… pero y si no lo era, y si la huija estaba tan solo unos metros más… Por eso decidimos continuar, dijimos que al menos diez minutos más adelante, sin salirnos del sendero, y así, así al menos sabríamos si podíamos descartar esos caminos. Escuchaba el viento soplar entre los árboles, y recuerdo pocas cosas tan aterradoras en mi vida como eso, me sentía completamente sola. Caminé, caminé y caminé sin entender bien que estaba haciendo ahí. Al estar tan lejos empecé a sentir lo absurdo de la situación, de verdad estaba buscando una huija, de verdad creería que se llevaba almas, que en la noche cuando jugamos, los pasos que se escucharon afuera de la habitación eran algo paranormal, y no uno de nuestros padres revisando que ya nos hubiéramos dormido. Me sentí estúpida, ¿cómo le va a creer en eso? Mis abuelos, mis papás, todos me habían educado para no creer en supersticiones, en creencias tontas que buscan inventarle una explicación a los fenómenos que no entendemos. Empecé a reírme, Dios, eso lo que estaba viviendo sería una gran historia para mis amigas de la escuela, ¿cómo se iban a reír de mí? Algo, un sonido me sacó de mis pensamientos, por un momento había dejado de tener miedo, había comprendido lo absurda de la situación, pero ahora estaba segura de haber escuchado algo, una voz entre los árboles, lejos pero no lo suficiente como para no aterrarme. Lo escuché de nuevo, ahí estaba, había alguien ahí, una voz como de mujer que parecía estar lastimada, pensé que no me iba a perdonar si alguien necesitaba ayuda y yo lo ignoraba pensando que era un fantasma, así que grité al aire y pregunté, ¿Hola? ¿Anda alguien ahí? El quejido se detuvo de repente al escucharme, me desesperé, estaba segura de que había alguien ahí y no podía ser mi prima, los que a mí no se habían alejado muchísimo, estábamos bastante lejos, si ello o yo gritaba no nos íbamos a escuchar. Intenté poner atención a mi alrededor, no me era desconocido, a pesar de que estaba rodada de árboles sentía que de alguna forma ya había estado ahí, y había estado siguiendo un llanto entre los árboles, claro era como un de yabú, seguí buscando, le pregunté si estaba bien, que hablará más para saber dónde estaba, para buscarla, que la iba a encontrar, no sabía con quién estaba a punto de encontrarme pero seguía buscando, unos metros más adelante, cuando ya se acababa el camino, cuando empezaba a buscar entre los árboles mientras quitaba las ramas con las manos, vi algo, a unos metros, entre los árboles, ahí, comunidad, agachada en coquillas, como comiendo lodo con las manos, vi una figura que reconocía, una mujer con un vestido viejo con sus manos feas, era simplemente esa mujer horrible que había visto mis sueños, me congelé por un momento, no sabía qué hacer, pero entonces de espaldas a mí se levantó y empezó a caminar así, de espaldas pero muy rápido hacia mí, corriendo, me di la media vuelta y regresé al camino, me caí como en una maldita película de terror, me caí cuando quise correr sentía las piernas torpes como si estuviera una pesadilla que era completamente real, corrí, recordé las clases de educación física de la secundaria, corría levantando las rodillas, moviendo rápido los brazos, soy muy mala para todo lo físico, soy pésima para correr, pero en ese momento estaba asegurada de que de eso dependía mi vida, quizás más, empecé a gritar, amarguela, amarra, gritaba que venía detrás de mí, que me iba siguiendo, grité hasta que no tuve aire y sólo podía seguir corriendo, no podía ver nada, mis piernas empezaban a entumecer, sentía que no podía correr más y sentía que algo estaba corriendo detrás de mí, cada vez más cerca, podía sentir sus manos tratando de tocar mi espalda. Antes de continuar comunidad, voy a pedirles que respiran y que se queden al final de este episodio pues, aunque esta historia es larga, el cuando termine va a depender única y exclusivamente de ustedes, llegan hasta el final, compartan en sus redes cómo está viviendo esta historia y por ahora continuamos. Escuché voces a lo lejos y entre los árboles pude ver dos figuras caminando con prisa hacia mí, Maher y Mariela, en ese momento no sé de donde saqué fuerza pero caminé hasta llegar a ellas y ahí me desvanecí, no podía respirar, no podía moverme, tarde un segundo en recordar que algo venía detrás de mí y me levanté sobresaltada pero las dos me abrazaban preguntándome que había visto, les dije que una mujer, se las describí, les dije que era la mujer de mis sueños, la mujer con la que también había soñado mi abuela. Mahera dijo que no, que seguramente era la sugestión, que eso no podía ser cierto, que ella sabía que no podía ser real, que todo estaba en nuestra mente, que no podíamos dejarnos llevar, que eso era lo que quería, comencemos a que estaba ahí entre nosotros, pero que no era cierto, que no era posible. Un quejido espantoso lleno entonces todo a nuestro alrededor, todo el bosque, escuchamos a los pájaros volar como vuelan con miedo después de un disparo, las tres lo escuchamos, los pájaros lo escucharon, algo se venía acercando desde ese sendero por el que chequeé, yo ya no podía correr, casi ni caminar pero entre las dos me ayudaron, Mahera dijo que no podíamos atenernos, que aunque fuera arrastrándonos pero teníamos que seguir, y lo hicimos, les juro que no sé de dónde saqué fuerza, que les tilas gracias para que me soltarán y empezamos a caminar, casi correr, Mahera repetía que eso era suficiente, que no se podía acercar más mientras no nos detuvieramos, mientras no volteáramos atrás, cuando nos acercamos a la casa que a ti estaba esperando no cerca de la puerta, estaba fumando, nunca la había visto fumar, al acercarnos empezó a negar con la cabeza y cuando llegamos nos dijo que no podía creer que no hubiéramos encontrado nada, le dijimos que andaba una mujer en el bosque que venía siguiendonos y dijo que sí, que le alcanzaba a ver, luego nos pidió que volteáramos, nos señaló hacia un árbol grande cerca del camino, ahí se metió, detrás, miren, alcanzan a ver, se está somando, yo, yo no podía ver nada, pero fui la primera en entrar a la casa, me quedé en la puerta porque ya se llena ahí afuera hablando de quien sabe que, luego voltearon a ver y se acercaron, entraron, cerraron la puerta detrás, le pregunté a cati que era eso, quien era ella, me dijo que no sabía, que no podría decirme lo bien, que a lo mejor era una pobre loca que vivía por ahí cerca o alguien perdido en el bosque, me dejó hablando sola, se fue a ver cómo seguía mi abuelo que continuaba preguntando por mi abuelita, pero aún no se comunicaban, le dije a maría a la que cati estaba loca, pero maera dijo que ya sabía por qué lo decía, dicen que cuando me pasó eso que me pasó, yo no parecía yo, yo no hablaba como yo, que me veía diferente, quizás eso se refiera, no, dijo, se hizo de noche, empecé a avisar, seguimos asumadas a la ventana, veíamos por los árboles, ahí creo que pude verla, se veía el vestido claro de la mujer caminando entre los árboles, apareciendo y desapareciendo detrás de ellos, en algún momento maera sacó una lampara con la que quería iluminarla pero la detuvimos y se la logramos quitar, sonó mi teléfono, era mi mamá, hija, este, tienes que decirle algo a tu prima, venla preparando por favor, todo el está mal, está muy mal y no sabemos por qué, se vino diciendo cosas todo el camino, venía alucinando y todavía está así y sus signos, sus signos ya están mal, tienes que estar preparado ok? le pregunté a mi mamá de qué estaba hablando, que cómo era posible, por la mañana mi abuelo estaba bien, no sé, no sé mi hija, no sé tu papá ya va para allá con ustedes, ya debe estar por llegar, va a hablar con tu abuelito y se lo va a traer para acá, pero por favor tuve preparando tu prima, pero que nadie más entere por favor, que nadie más entere ok? colguei busque mi prima, le dije que me acompañara el ático a mi cuarto por algo, a donde era mi cuarto por algo, cuando subimos le conté que me abuelo estaba mal pero pareció no afectarle, solo preguntó si ya había muerto, me dije que no, pero teníamos que estar preparadas para lo que fuera, la tristeza que le había visto antes de salir al bosque había desaparecido y yo, yo ya no entendía nada, está allá afuera, me dijo mi prima asomándose por la ventana del ático, mire yo también, tenía razón, la mujer estaba ahí entre los árboles, pero en un claro desde donde se dejaba ver con claridad, parecía que veía directamente hacia nosotros, y les juro que sus pies no estaban tocando el suelo, yo ya no tenía duda de que eso que veíamos no era absolutamente nada que se pudiera explicar, a pesar de la niebla, a pesar de la oscuridad pudíamos verla muy bien, bajamos corriendo parecía la cati para que la viera, para decirle dónde estaba pero cuando fuimos a la ventana ya no estaba ahí, no se veía nada allá afuera, lo único que vimos fue algo peor, por el camino estrecho de tierra que llegaba a la casa, las luces de un coche, del coche de mi papá detenido, algo había ocurrido, estaba lejos pero tenía que ir hacia él, tenía que verlo, tenía que correr por la oscuridad, por el bosque pero tenía que llegar a él, esta historia finalizará el próximo jueves, a menos que lleguemos a 30.000 pulgares arriba en este episodio en youtube antes del domingo, en cuyo caso el final, el final lo conoceremos, ese domingo en la noche, depende de ustedes comunidad, en el episodio final le haremos una buena y una mala noticia respecto a esta huija.