Relatos de la Noche

Turno de Medianoche (y otras historias de horror)

32 min
Jan 6, 20263 months ago
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Summary

This episode of 'Relatos de la Noche' features four supernatural horror stories from listeners: a medical student's missing time experience in Mexico City, a nurse's encounter with a contorted patient in a 1991 El Salvador hospital, a woman's accidental summoning of a shadow entity during pandemic isolation, and a father's account of witchcraft-related deaths in a Colombian village.

Insights
  • Supernatural experiences often involve communication attempts (voices calling names) that require active resistance to prevent spiritual attachment or possession
  • Manifestations of supernatural entities escalate in intensity and aggression when initially welcomed or acknowledged by the witness
  • Cultural folklore and family warnings about spiritual practices contain practical protective knowledge passed through generations
  • Collective witnessing of supernatural events (multiple people experiencing the same phenomenon) provides psychological validation for witnesses
  • Isolation, depression, and emotional vulnerability create conditions that attract or enable supernatural manifestations
Trends
Pandemic-era mental health crisis linked to increased supernatural experiences and spiritual vulnerability among young peopleSocial media and podcast platforms enabling normalization of supernatural narratives as coping mechanisms for isolationCross-cultural convergence of supernatural protection practices (not looking back, not responding to calls, naming rituals)Medical professionals reporting unexplained phenomena in healthcare settings despite institutional skepticismIntergenerational transmission of supernatural experiences and protective folklore within families
Topics
Supernatural manifestations and paranormal activityWitchcraft and folk magic practicesMental health and depression during pandemic isolationSpiritual possession and entity attachmentHealthcare worker experiences with unexplained phenomenaCultural folklore and protective ritualsMissing time and temporal anomaliesShadow entities and apparitionsSummoning and invocation through namingFamily trauma and intergenerational hauntingInstitutional skepticism toward supernatural claimsPsychological validation through collective witnessingVulnerability to spiritual attachmentContortion and physical impossibility in supernatural encountersPodcast influence on listener behavior and belief systems
People
Gabriela
21-year-old medical student from Monterrey who experienced missing time and heard supernatural voices while doing lau...
Celi
Nurse in El Salvador who witnessed a contorted patient with an impossible mouth in a 1991 hospital emergency room enc...
Bárbara (Vi)
Woman from Puerto Rico who accidentally summoned a shadow entity by creating an imaginary friend during pandemic depr...
Ramón
Colombian father who witnessed witchcraft-related deaths in his village involving cursed year-end effigies that predi...
Lola
Woman in Colombian village who practiced witchcraft, creating cursed effigies that caused deaths before dying mysteri...
Dom Fausto
Telephone operator in Colombian village whose wife died after he discovered a cursed effigy with her photograph and w...
Quotes
"Y si esté bien o no contestar, nunca respondas ni digas, ya voy con escuchas algo así. Porque dicen que de esa manera les has permiso a los espíritus de entrar a tu mente, a tu cuerpo."
Gabriela's grandfatherEarly in first story
"Jamás hay que darles de la espalda, porque se le pega en uno."
Celi (recalling grandmother's advice)During hospital encounter story
"Ahora más que nunca sé que lo que escuchamos, lo que creemos, lo que hablamos si tiene consecuencias."
Bárbara (Vi)Third story opening
"Nunca fue un hombre cariñozo, pero había nobles en su corazón."
Beta (describing her father Ramón)Fourth story introduction
"Nunca. Y esa respuesta nos confundió mucho."
Ramón (refusing to make year-end effigy)Fourth story setup
Full Transcript
La otra enfermera fue a ver de donde venía ese ruido tan extraño. Parecía provenir de una cama, en una zona de los hospital donde sólo había un paciente. No se que vio pero regresó palida, con lágrimas en los ojos. La grima se miedó de terror. La grimas por lo que acababa de ver. Muy buenos noches comunidades, comenzamos el año con historias impactantes, con entes y manifestaciones para algunos difíciles de creer, para otros parte lamentablemente de su experiencia de vida. Si puedes ser eceptico todavía a felicidades, espero que sigas así, que no suceda nada que te obliga a creer en algo que pensabas que no existía, que no sea ser el siguiente protagonista, pero alguien no será de relatos de la noche. Hola relatos a la noche y comunidad. Mi nombre es Gabriela, tengo 21 años y estudio medicina general. Este relato no está en la terradora como muchos de los curíels suele contar, pero para mí que lo vivía en carne propia, fue una de las experiencias más perturbadoras de mi vida. Vivo en Monterrey con hispapaz, pero mis abuelitos viven en la ciudad de México. Hace un tiempo tuve que viajar allá, ya que debí realizar mis servicios sociales y además ayudar a cuidarlos, pues ambos son personas mayores. La que sea mis abuelos es bastante antigua. Ellos se la construyeron cuando se casaron. Es una casa muy peculiar. Un nivel completo está lleno de escaleras. Otro es donde se encuentran las habitaciones y la cocina. En la parte de arriba estaba el cuarto de la bar, y esta detalle es importante para lo que voy a contar a continuación. Un domingo alrededor de la cinco de la tarde subía la sothea a la barropa. Todavía veasol. En ese época a noche silla hasta la siete y media, ocho de la noche. Como no quería distraerme y olvidar la ropa, decidí quedarme ahí esperando que terminar a la lavadora. En eso mis abuelitos me gritaron de este abajo que bajara comer. Vajé, comí con ellos y luego volví a subir a la sothea. Lazar unos 15 minutos con escucha claramente que alguien me llamaba. Vela, vas a por favor. La voz sonó como un su surro, pero no le di mucha importancia bajo novamente. Cuando llegué les pregunté mis abuelitos que necesitaban, pero ambos me dijeron que no me han hablado. Les insistí porque estaba completamente segura de ver escuchada mi apodo. El mismo que ellos siempre usan conmigo. Mi abuelito entonces me dijo algo que hasta el día de hoy me deja pensando. Y si esté bien o no contestar, nunca respondas ni digas, ya voy con escuchas algo así. Porque dicen que de esa manera les has permiso a los espíritus de entrar a tu mente, a tu cuerpo. Intenté no pensar más en eso y volví a subir. Esta vez un poseodífonos para no extraerme. La lavadora terminó pero como la secadora fallaba, subí la ropa para atenderle unos cables que habí en la sothea. Mientras colgaba la ropa con la música puesta, creí escuchar nuevamente la voz de mis abuelos. A lo lejos. Vela. Vela. Vela. La última vez sonó como un grito de auxilio. Me quité los suitífonos de golpe y va a que corriendo. Cuando entre a su habitación, ambos estaban profundamente dormidos. Tranquilos. Como si nada hubiera ocurrido. Apague las luces y volví a subir, tratando de convencerme de que todos estaban mi cabeza. Que quizás me ves sugestionado por lo que me dijo mi abuelita o algo así. Depúselos los suitífonos otra vez y debo admitirlo, les hubí bastante el volumen a la música. Seguí colgando la ropa y cuando ya casi terminaba escuchar algo distinto. Esta vez no venía de afuera. Era una voz dentro de mi cabeza. Un su surro muy claro. Vela. Vela. Vela. Te quiero mostrar algo. La voz repetía una y otra vez cada vez más fuerte, como si me estuviera regañando. Al final de cada frase solta una risita burlona pero aterradora. Intente ignorarla. Vajé, me metí a bañar y después me fíjad dormir. Y... aquí viene lo peor. Me dormí ese domingo alrededor de las ocho del noche. Desperté al de siguiente. Tenía cosas que hacer afuera todo el día y desperté tarde. Pero nunca me gine cuánto. Cuando salí del cuarto mis abuelitos me abrazaron tan fuerte que no entendí por qué. Les pregunté qué pasaba y me dijeron que no me encontraban. Y no entendí a su preocupación hasta que... Hasta que supe que eran martes. Que eran las tres y media de la tarde. Mis abuelitos, mis papás, mis tíos y mis primos estaban completamente preocupados buscando mi por todas partes, preguntando toda la gente por mí. Según ellos yo había desaparecido. No estaba en mi cuarto. No estaba en la casa y por supuesto que tampoco había salido. Simplemente... Simplemente no existí durante un día y medio. Estaba yo creía que solo había dormido. Para ellos yo no estaba en ningún lado. Hasta el día de hoy no sé qué fue lo que pasó realmente. Tal vez fue un fallo en la realidad que solo yo viví. Pero esa voz. Esa voz me hace sentir un escalofrío diferente a cualquier otro miedo que haya sentido antes o después. Quien era? Un mejor dicho. ¿Qué era? Muchas gracias, Uriel. Si es y desbublicar este relato. Buenas noches comunidades. Quiero compartirles una experiencia personal que viví hace muchos años y que hasta el día de hoy sigue siendo uno de los momentos más de verdad más aterradores que recuerdo. Me llamó Celi. Soy enfermer allí. Estú ocurrió en el año 1991 en un hospital del Occidente del Salvador. Prefiere un mencionado departamento exacto por precaución. Era en alrededor de la noche cuando terminé una de mis rondas y bajé al área de emergencias. En uno de las bancas, si una mujer acostada y me acerqué para ver si necesitaba algo. Era una anciana muy delgada con el cabello largo completamente blanco. Sus arrugas indicaban un edad bastante avanzada pero hubo algo que me llamó mucho la atención. Usaba unas sandáreas muy altas, de estalonadas. Un tipo de calzado que no era común en alguien de su edad. Tu ella había una mujer más joven. Le pregunté ella que necesitaba ni me dijo que estaban esperando una radiografía para poder ingresar al anciano. Al escuchar eso me disculpe. Entendí que no podía ser nada por ellas hasta que no las ignaran una cama. Pasaron varias horas. Cerca de la media noche ya en el cambio de turno recibió una llamada del personal pidiendo me apoyo para canalizar una paciente en el área de cirugía. La ciencia área estaba justo frente al sector de medicinas señoras, donde estaba la anciana. Ambos pasillos estaban separados únicamente por un corredor. Los cubículos tenían puertas y paredes de vidrio. En ese momento estamos ahí dos enfermeras más, una persona encargada de la impieza y yo. La estremineva el procedimiento, escuchamos un sonido. No se parecía nada que yo hubiera escuchado antes. Era un ruido cultural, profundo, muy fuerte. Algo parecieron un gruñido pero mucho más grave. Tan claro que todos nos quedamos quietas tratando de identificar de donde venía. Una de las enfermeras salió al pasillo. Desde su visiéndole que el sonido venía del área de medicinas señoras. Camino entonces hacia uno de los cubículos mientras nosotros terminábamos con la paciente. De pronto la vimos salir corriendo, gritando, completamente fuera de sí. Otra compañera fue tras ella para ver qué pasaba y segundo después salió igual corriendo gritando. Lo quedábamos la persona del impiece y yo. Nos miramos sin entender nada. Ella intentó ir sola a revisar pero le dije que esperara que mejor fuéramos juntas, pero una esticia delan tu unos metros llenas de curiosidad. La vientara al cubículo y casi tenmediatos salió gritando igual que las otras y sólo quedaba yo, pero tenía que ver camine despacio hacia allá, así es el cubículo. La puerta estaba abierta, me detuve justo ahí antes de llegar, antes entrar. Lancían esta basentada en la cama doblada completamente sobre sí misma. Su torso está bien clinado hacia delante de una forma humanamente imposible, con el pecho casi en la altura de los pies. Para cualquier persona eso sería casi imposible, pero una sien enferma, simplemente no era posible. Se sujetaba con fuerza de la barra metálica de la cama, sus rasos estaban arqueados, sus ojos completamente blancos mirándose al frente. No lo peor comunidad, huyl, lo peor era su boca, no sabría como llamarlo de otra forma, no pareció una boca de humano, era simplemente un hueco negro grande redondo que ocupaba casi toda la parte inferior del rostro, de ahí, de ahí provenía ese sonido horrible. Me quedé como congelada, no pude entrar, sentí como las lágrimas comenzaron a caer sin poder controlarlas, sin sentir siquiera que había empezado a llorar. Quise resar, pedir ayuda, pero mi mente estaba completamente en blanco, no podía recordar ninguna oración, no podía pensar en nada. Se cuanto tiempo estuve ahí nada más mirándola, hasta que de pronto, recordé algo que me abuela a medicía cuando era niña, que cuando uno se enfrenta a cosas malas, a espantos obrugas, jamás hay que darles de la espalda, porque se le pega en uno. No sé por qué recordé eso, pero el padre no estruó, pero eso fue suficiente, como se caminara hacia atrás, sin dejar de mirarla, sin darle la espalda esa figura contorsionada que se llémitiendo ser ruidos pantoso. Cuando logré alejarme lo suficiente y salió de mi campo de visión, me di la vuelta y corría hasta la estación de enfermería. Estaba temblando, llorando, sin poder controlarme. Ahí estaban las otras enfermeras, de rodillas, resando, llorando de miedo igual que yo. Una de ellas había logrado avisarle un médico de turno. Él llegó como listo con nosotros, preguntando que estaba pasando y por qué tanto escándalo. No pude explicarle bien, sólo le dije que fue a haber al anciane del área de medicina señoras y lindique la cama, y el doctor fue y regresó a los pocos minutos. Dijo que no había visto nada fuera de lo normal. Se veía tranquilo, incluso fastidiado. Nos preguntó la hora. Le dijimos que era la media noche entre el jueves y el viernes. Una risa breve comentó casi en broma que ya sabíamos lo que se decían en esos pueblos, que ahí abundaban las rujas, las historias de la cuales, cosas que la gente de por ahí cuenta, en los que la gente de por ahí cree. Lo dijo evidentemente sin tomar su el en serio, como para hacernos ver lo ridículo de nuestro miedo. La anciana resultó ser la misma que llave a visturas antes en emergencias, la de las andales altas. Días más tarde supe que la trasladara a una otra hospital, y un tiempo después me enteré de que había fallecido. Nunca volvimos a hablar de eso durante los termos. Fue algo que quisimos enterrar. Yo pasé semana sin poder dormir, necesité mi edicación para conciliar el sueño. Años después pregunté por separado 12 mis compañeras si recordaban aquella noche. Ambas se negaron rotundamente hablar del tema. La verdad se poco pude hablar con la tercera persona, con la única con la que no lo había intentado. Ella solo me dijo que sí, que lo que vimos esa noche fue real, que mis recuerdos eran reales. Y ya. Y aunque han pasado ya muchos años, lo que todavía recuerdo perfectamente bien es ese horrible sonido. No se parecía nada humano, a nada que yo ya he escuchado antes. Y que espero no volver a escuchar. Gracias comunidad por seguir aquí, por iniciar este año de relatos con nosotros. Antes de continuarles recuerdo suscribirse es muy importante para nosotros que si te gusta este contenido te vuelvas así parte de esta comunidad, de esta familia. Suscríbete es completamente gratis. Y ya si te gustó mucho episodio nos ayuda a comentándolo, dándole pulgar arriba o una carificación de cinco estrellas o lo que sea con lo que puedas demostrar que te gustó en tu plataforma favorita. Continuamos con más historias esta noche. Muy buenas noches comunidad. Hace tiempo he pensado en mandar este relato, pero particularmente todo comenzó gracias a uno de sus episodios en Spotify titulado. No escuches relato será noche. Cuando lo escuché decidí contar esta historia. Sí es que le puedo llamar así. No estoy segura si es lo adecuado pues he tenido algunos problemas o obstáculos al tratar de escribir esto, pero aquí vamos. Soy originaria de pueblo a capital y los escuchos de tres años. Me llamó Bárbara pero me dicen vi. Mi papá descubrió el canal y solía reproducir tus historias para dormir cuando vive a con él. Después de que mis padres se separaron dejé de oír un tiempo los relatos, pues mi mano lo veía bien. Debido que tengo un hermano pequeño y como saben, dicen que escuchar estas cosas abre portales y que son los más indefensos o los que corran peligro. Ahora más que nunca sé que lo que escuchamos, lo que creemos, lo que hablamos si tiene consecuencias. Ahora quiero hablar de lo que yo misma provoqué por así decirlo. He llegado a creer que es mi culpa y justo por eso quiero que desierta manera, este relato sirva como precaución para esas cosas que hacemos de manera inconsciente, que pueden atraer algo, lo que no es este plano. Todo comienza durante los primeros meses de pandemia. Yo he uno de mis peores momentos y creo que no solo mío sino de mucho de los que escuchamos este canal. Curzaba mi última año de secundaria, sin embargo había que ir en una profunda depresión. Me la pasaba encerrada en mi habitación. Nunca fui de salir pero en esos momentos el encierro me afectó de una forma terrible. Por eso fue que esto empezó de manera inocente. Por eso diría que como una manera tonta de sobrevivir, de pasar el tiempo, desde que tengo memoria tenido dificultad para ser amigos y en pandemia era incluso peor por el aislamiento. Me alejé de las pocas personas que se habían acercado a mí. Así que empecé a hacer algo. Creé un amigo, una persona con quien hablar, aquí en contarle cómo me sentíamos alta, como si estuviera ahí conmigo. Eso fue un comentario a la aire, como broma. Luego empecé a hablar y hablar menos con él, con lo que imaginaba, un hombre de mediana edad que me escuchaba, que siempre estaba ahí. Termine por buscar regresar a mi habitación cuando quería desagarme, solo para poder hablar con él entre comillas, para decirle cómo sentía, lo que me hizo enojar, lo que me ponía triste. Cuando ya sentía esa necesidad, le puse un hombre. Un hombre muy particular, que llego a mi cabeza como si alguien me lo hubiera dicho, un hombre que no voy a repetir aquí, y ahí comunidad ocurrió algo. Desde la primera vez que lo dije en voz alta, que lo llamé así. Empezó con un comentario que me hicieron, cuando me preguntaron en la casa extrañada o si había alguien en la habitación, o si estaba en mi de llamada o algo. Dije que no. Quisé explicar que estaba hablando sola, pero me interrumpieron. No se trataba de mí hablando sola. Eso ya se habían acostumbrado, ya se habían dado cuenta. Me escuchaban constantemente. No. Lo distinto fue que esta vez alguien me estaba respondiendo. No claramente que alguien me contestaba. A partir de entonces pequeñas cosas comenzaron a suceder. Parecía que había un fantasma en casa. Algo que nunca, nunca antes se había manifestado. La puerta de mi habitación se abría constantemente. Las cosas cambiaban de lugar. Empezaron a decir que se escuchaba que alguien andaba ahí cuando yo no estaba, pero al revisar no había nadie. Lo peor fue cuando les dije que no se preocuparan. Que era él y dije su nombre. Y digo que fue lo peor porque empezaron a referirse a él así. A partir de entonces lo comenzamos a ver como una sombra. Algo que estaba siempre presente cerca de mí. Aunque solo podía haberlo de reojo en los reflejos o al despertar en los cualidades de la noche. Siempre. Siempre ahí. Por un momento simplemente traté de convivir con esta sombra como si fuese una simple manifestación de mi inicial. Seguía hablando con ella casi agradeciendo su existencia. Lo sé, vas a un artonto pero estando en un mal momento de tu vida. Con depresión. Cualquier conexión parecía... Amigable. Positiva. Esto fue hasta que la pandemia disminuyó y poco a poco volvía a reno dar mis actividades. Mi vida ciertamente comenzó a mejorar lentamente. Comencia a salir de nuevo y me olvidé de él. Pero entonces comenzó a manifestarse con cierta... Agresividad. Empecé a manacer con algunos rasguños, morretones y hubo una vez en la que sentí que alguien me empujó en la regadera. Pero no había nadie más en la casa. Me empujaron cuando tenía los ojos arrados como si me hubieran querido acercar. Mi mamá dijo ver en varias ocasiones una sombra. Una sombra que corries desde mi cama para esconderse de vagos de la mesa. En una ocasión mientras hablaba con mi novio de sentonces por mensajes, esperando su respuesta a mi teléfono de fanegros. Y ahí, en el reflejo, pude ver algo detrás de mí, algo como asumándose casi pegado al techo. Me quedé viéndolo, esperando que desaparecieron enfocar mi vista como siempre, pero esta vez no lo hizo. Seguía ahí, incluso cuando le clave la mirada y de pronto simplemente se escondió, como se hubiera notado que lo vi. Pero la primera vez que se quedó ahí, como aceptando ser observado. Esta historia comunidad no terminó ahí. No terminó. Han pasado cinco años en que esa presencia ha estado conmigo. A veces muy muy cerca, a veces algo siente, pero siempre ahí. Sí, sé que fue mi culpa que yo misma lo traje, pero estaba en un momento de debilidad, en uno de los peores de mi vida. No soy buena redactando, Uriel, pero quería contar como un momento de soledad me ha hecho cargar con esta cosa, esta cosa que incluso otros han visto. Pero sólo a los que les he dicho su nombre, por eso no voy a contarlo aquí. Pero saben, al menos, el hecho de que más personas vayan visto, me hace saber que gracias a Dios no estoy loca. Al menos eso tengo mi favor. Gracias por su atención a mi historia. Y nunca, nunca dejen esas puertas abiertas. No saben quién entrará. Hola, Uriel. Mi nombre es Beta y hace algunos días mientras rellenaba mi muñeco de neobiejo, estaba escuchando tus historias. De mediato, recordé esta experiencia que nos contó mi papá cuando éramos pequeñas. Fue demasiado impactante para mí y espero que les guste. Esto es mi historia, me la contó mi padre. Su nombre era Ramón y los hechos sucedieron en un pueblo del departamento de Rizaral de En Colombia. Mi padre siempre tenía una historia para contar. Él fue un hombre demasiado mayor para tener hijas tan pequeñas. A pesar de que era nuestro padre, tenía ya el alma de un viejo con mucho camino recorrido y miles de experiencias que recolectó lo largo de sus años. Cuando tenía 16 años falsificó un documento que decía que era mayor de edad, pero ahí se acumbatía la guerra de Corea del Norte entre 1953. Ahí empezó su aventura de vida. Dic nada, veré escrito un libro. Nunca fue un hombre cariñozo, pero había nobles en su corazón. Afesar de ser muy duro y estricto con mi hermano y conmigo, amaba compartir tiempo con nosotros los fines de semana. Veíamos películas alquiladas en VHS de alguna tienda de barrio. Juegábamos juegos de mesa o hacíamos lo que más me gustaba. Escuchar sus historias. Él se sentaba en el sofá de la sala y nosotros nos sentábamos en el piso, mirándolo con atención. Completamente inmerses en sus relatos. Y a veces nos contaba experiencia de guerra. Otras, historias que hoy siendo adulta, creo que eran pura fantasía. Pero cuando éramos niñas, todo lo creíamos. Mis favoritas siempre fueron espara normales. Las que me dejaban sin aliento y me proclaban tanto miedo que algunas noches confieso que mujer acama por muertre verme a ir sola al baño. Una noche a víspera se anó nuevo, como de costumbre, nos sentamos a jugar con un papá. Yo le pregunté porque nunca hacíamos un muñeco de año viejo, una tradición muy antiguo en Colombia. Consisten a ser un muñeco relleno de acerrino ropa vieja, representando el año que termine y todas sus experiencias negativas. Justo antes de la media noche del 31 de diciembre, se rellena con polvora. Se pasea por el pueblo y finalmente se quema para purificar el pasado. Para dar paso a la buena suerte y nuevas oportunidades. El papá respondió con un rotundo y seco. Nunca. Y esa respuesta nos confundió mucho. No veíamos ningún motivo para enacerlo. Al ver nuestro rostro descontento, nos dijo que desde su infancia nunca había querido regresar a su pueblo en la vida. Y entonces comenzó a contarnos por qué. Él tendió unos 9 años con diva de camino a la tienda a comprar mechas para las velas que luminaban las noches de su pueblo. En ese tiempo el electricidad era un luco que solo se tenía algunas horas del día. Era un pueblo pequeño, donde todos se conocían. Que dongenaro que arreglaba los sombreros, que la señora ya que línque hacia repas en la esquina del único parque. La iglesia más concurrida a los domingos que el farde a Dom Pedro usado por la noche. En todo el pueblo había un solo teléfono ubicado en la tienda de Dom Fausto. Un hombre de unos 55 años de cabello blanco, vigó te poblado y sombrero paisa tradicional. Trabajaba sin descanso. Mi padre no recuerda haber visto satienda cerrada, excepto el día en el que tuvo que enterrar a su esposa. Dom Fausto conocía todos los habitantes del pueblo. No por chestmoso sino porque era el dueño de la única lina telefónica en kilómetros a la redonda. También hija que para comunicarse la gente debía hablar muy fuerte. El pueblo era tranquilo, siempre igual. Hasta que un día llegó Lola. Lola era una mujer delgada de unos 25 años. Siempre vestida de negro con un velozcuro cubriendo su cabeza. Chegaba en el camión que pasaba una vez por semana. Camina valento observándolo todo, con unos ojos tan negros y profundos que apenas se les feía lo blanco. Laba miedo y curiosidad al mismo tiempo. Cada si no se le veía en el pueblo, salvo los amigos en iglesia. No había con nadie siempre caminaba mirando al suelo. Una mañana caminó la escuela, mi padre viaó a Dom Fausto salir de la casa de Lola. Lo saludó con siempre pero Dom Fausto no respondió. Camina valento sin expresión, como si no conocía el camino de regreso. Este momento Dom Fausto ya no volvió a hacer el mismo. Su desposo enfermo de forma inexplicable bajó de peso rápidamente y terminó hospitalizada en la ciudad. Los médicos no encontraban la causa. El 16 de diciembre comenzaron a aparecer los muñecos año viejo en el pueblo. Sin embargo, uno de ellos llamó la atención. Estaba sentado en una banca del parque central, sin dueño, sin detrero. Si tardó a notar que se parecía demasiado a Dom Fausto, el sombrero y el bigote, vamos hasta la mirada vacía. Todos le decían que su muñeco era el mejor y Dom Fausto un entendía de que hablaban, hasta que fue al parque y lo vio. Con el nojo se burró que son el asulio y lo llevó al vasulero municipal. Como la mañana siguiente, el muñeco volvió a aparecer en la misma banca intacto. Curioso Dom Fausto lo llevó esta vez a su tienda, pero la manecer, el muñeco estaba sentado frente a su puerta. Se había movido solo. No amaneció donde lo dejó. Eso estaba muy claro. Esta noche decidió quemarlo. Ya la serlo, algo explotó dentro de él. Lo revisó y tenía restos como desapo. Al impiar aquella hermovera el relleno encontró un frasco, un frasco que contenía tierra negra, una fotografía de su esposa. Café ellos y un papel con un texto que después enseñaron vecino, coincidió en que era un nave María escrito al revés. De tal ayasgo, por supuesto que asumió que se trataba de un chizo, de una broquería. De un mediatur ocurrió a llamar al hospital. Era en la 11-25 de la noche y una enfermera le informó que su esposa había fallecido 10 minutos atrás. Tal vez hubiese quemado sobre geriantes, su esposa se habría salvado. Tal vez el que marla fue lo que finalmente lo provocó. Nadie sabe realmente. Mi padre recordaba que cada año apareció muñeco similar con el rostro de alguna persona del pueblo y que siempre tía después esa persona o alguien muy cercana María. Dios más tarde encontraron la lola muerta en su casa. Tenía semana es muerta pero no olía nada. Se dice que ayer un frasco es con sapos, serpientes, ve las negres y rojas por toda la casa, lo que confirmó que ahí se practicaba broquería. Y a partir de su muerte no aparecieron esos extraños y tallados muñecos era año viejo. Nunca más. Mi padre nunca quiso ser uno.