Relatos Macabros para Días de Muertos
47 min
•Nov 3, 20256 months agoSummary
A special Day of the Dead episode featuring four listener-submitted paranormal stories centered on Mexican traditions and supernatural encounters. The narratives explore themes of improper altar construction, unwanted spiritual visitors, and the consequences of disrespecting Day of the Dead customs.
Insights
- Day of the Dead altar construction requires specific elements (photos, flowers, marigolds) to control which spirits are invited; incomplete altars attract unknown entities
- Paranormal experiences often correlate with cultural practice violations, suggesting belief systems have protective functions beyond superstition
- Pets demonstrate heightened sensitivity to supernatural presences before human perception, serving as early warning systems
- Incomplete rituals create spiritual vulnerabilities; proper execution of traditions acts as a boundary between worlds
- Collective family experiences of paranormal events strengthen belief and prompt behavioral changes in ritual practice
Trends
Growing podcast audience interest in culturally-specific paranormal narratives tied to Mexican traditionsListener engagement through personal story submissions creating community-driven contentParanormal content framed through cultural and spiritual lens rather than purely horror entertainmentDay of the Dead as narrative framework for exploring family trauma and spiritual protection practicesIntergenerational transmission of paranormal experiences and cultural knowledge within families
Topics
Day of the Dead altar construction and spiritual protocolsParanormal entities and unwanted spiritual visitorsMexican cultural traditions and supernatural beliefsSleep paralysis and nocturnal paranormal encountersSpirit communication and boundary-setting practicesPet behavior as paranormal indicatorCemetery visitation and spiritual contaminationIncomplete rituals and spiritual vulnerabilityFamily collective paranormal experiencesMarigolds and flowers as spiritual protectionPhotograph significance in ancestor venerationFood offerings and spirit identificationPsychological impact of paranormal encountersTraditional healing and spiritual cleansingOaxaca and central Mexico paranormal folklore
People
Uriel
Host of the paranormal podcast episode, narrator and curator of listener-submitted stories
Paulina Licona
Listener from Tepoztlán, Morelos who submitted story about Day of the Dead altar incident with cats
Bernardo
33-year-old systems engineer from Mexico City who experienced paranormal encounter with incomplete altar
Fernanda F
Long-time listener who submitted story about family's paranormal encounter with ghostly child
Paola Fabián
Listener who submitted story about bringing paranormal entity home from cemetery on Day of the Dead
Quotes
"no vueltas a ponerles comida si no vas a poner fotos, no se hace eso, si pones comida sin foto sin hombres sin flores, le estás diciendo cualquiera ven y cualquiera puede venir"
Doña Estela•Approximate midpoint of Bernardo's story
"hay muertos que ya no se acuerdan quiénes eran, porque nadie los llama, nadie les pone nada y si les dejas algo lo agarran como animales"
Doña Estela
"ven, ven conmigo, conmigo estarás bien"
Supernatural entity in Paola's dream
"las ofrendas sí son portales para que los espíritus entren pero que uno no puede elegir quién llega, pueden venir los nuestros o pueden llegar otros, no tan buenos"
Unnamed aunt (La Bruja)
"Apaga la luz y déjate llevar, ya estás escuchando relatos de la noche"
Uriel
Full Transcript
La vecina entró, revisó mi casa. Me convenció de que todo estaba bien. Le platiqué lo que había visto y entonces ella le echó un vistazo a mi altar. A mi altar de muertos. Ah, ahí está el problema, me dijo tu altar, la forma en que lo hiciste, atrajo a algo que no son tus muertos. Muy buenas noches y bienvenidos y bienvenidas a un nuevo especial de Día de Muertos. Esta fecha tan especial para nosotros, los mexicanos en la cual nuestros muertos vienen a visitarnos, a comer la comida que hemos preparado para ellos, a revisar cómo vamos, a darnos un abrazo en espíritu. Y es en esta noche rodeados de ellos que traemos para ustedes historias que hablan de esas tradiciones y que nos demuestran que también, también puede ser una fecha sumamente aterradora. Si van a aceptar el portal que se abre en este día, hay que hacerlo con sumo cuidado. Y esta noche descubrirán por qué. Apaga la luz y déjate llevar, ya estás escuchando relatos de la noche. Hola Uriel y equipo de relatos de la noche. Espero que mi historia llegue a tiempo para el especial de Día de Muertos. Soy Paulina Licona de Tepoztlan Morelos y la historia que voy a contarle sucedió hace unos 15 años. En Tepozt el primero de noviembre es una fecha muy bonita. Allá no se costumbra ir al panteón en la noche, pero si a que los niños salgan con una chila cayota tallada con una vela adentro o con calaveras hechas de carrizo a pedir calaverita. Los vecinos abren sus portones y normalmente tienen una canasta llena de dulces o fruta. Como la familia se reúne en la puerta y todos ayudan a dar calaverita a los niños, también se acostumbra poner una fogata en la calle y preparar ponche de leche o de naranja agria que se ofrece a los papás. Es muy común quedar con primos y amigos para pedir calaverita y después reunirse todos en alguna casa. La nuestra en ese entonces estaba en el barrio de Santo Domingo, en la entrada había un patio y subiendo unos cuantos escalones se llegaba a la casa. Como vivíamos cerca del cerro siempre teníamos gatos para oyentar ratones y bichos y en ese entonces teníamos dos chiquitos que eran hermanos. Lo menciono porque van a ser importantes en esta historia. Al entrar a casa estaba la sala comador, donde mi mamá ponimos tablones con ofrenda. Normalmente hacia pozole, arroz con leche, dulce de camote y mole verde, lo que ellas y eras a parar una porción de la comida para la ofrenda y el resto para la cena. Y como no tenía fotos de todos sus muertos, solía poner velas largas de cera de campeche y en cada uno escribía los nombres de los difuntos a quienes dedicaba la ofrenda. En fin, estoy hablando del primero de noviembre de 2008. Mi mamá había hecho pozole para la familia que llegaría a cenar, pero ese año llegaron más personas de las que esperaba y el pozole separado para la cena se terminó. Preocupada porque todavía había gente sin comer, tomó platos de la ofrenda y sirvió de ahí, tomó pozole y también arroz con leche. Ya avanzada la noche, uno de los gatitos empezó a actuar de manera muy extraña. Subía la casa y bajaba el patio, me oyaba desesperado y arañaba las piernas de quien podía. Yo extrañada decidí subir a ver qué era lo que lo tenía tan inquieto. Cuando llegué a la sala donde estaba la ofrenda, me di cuenta de que el otro gatito se había quedado dorado en uno de los flecos del mantel y se estaba orcando. En su desesperación jalaba más el mantel, enredándose cada vez más. Corrí como pude trate de liberarlo, pero entre más lo intentaba más enredaba, más se ahorcaba. Tuve que agritarla a mis primos para que me trajeran unas tijeras y poder cortar esa parte del mantel. Lo extraño es que aunque ese tipo de manteles se usaban siempre en mi casa, nunca había pasado algo así. Además, no era fácil que un gatito mentiera la cabeza en los espacios entre los nudos. Piensen en los flecos de los rebosos, tienen hueco, sí, pero no tan grandes como para que entre la cabeza de un gato. En cuanto se vio libre el pobre animalito, salió disparado a la sotea y ninguno de los dos gatitos volvió a bajar el resto de la noche. Me exprimos y yo regresamos al patio, todavía sacados de onda por lo que acababa de pasar, pero seguimos comiendo normal y platicando. No habían pasado ni 15 minutos cuando uno de mis tíos gritó. ¡Fuego! ¡Fuego! La ofrenda se estaba quemando. Una de las velas donde mamá había escrito los nombres de los difuntos se había caído y el mantel estaba en llamas. Esta vez hubieron los adultos y lograron apagar el fuego a tiempo. Todos estaban muy asustados por lo que estaba pasando y fue entonces que mi mamá confesó lo que había hecho. Por consejos de una de mis tías, subió nuevamente al altar y se disculpó con los muertos por haber tomado de su comida. Entre todos regresamos lo que pudimos, lo que no nos habíamos comido al altar. Ese noche no volvió a pasar nada más, pero desde entonces en mi casa lo que se coloca en la ofrenda es agrado. Nadie lo toca hasta el día siguiente. Les mando un abrazo comunidad. Me llamo Bernardo, tengo 33 años y soy ingeniero en sistemas. Y si me hubieras preguntado hace cinco años que opinaba de lupan normal, te habría dicho que no creía nada de eso. Yo era el típico que decía, eso tiene una explicación. Es su cuestión. Fue una sombra, fue un ruido del edificio. Ya saben, si ustedes no lo son seguro que conocen a alguien así. Pero también te voy a decir algo. Después de lo que me pasó esa noche de día de muertos en mi apartamento, ya no vuelvo a decir que todo tiene explicación. Yo rentaba un apartamento muy bonito en el centro, aunque desde abril pasado ya no vivo ahí. Era en uno de esos edificios viejos que antes era una sola casa enorme, de las antiguas compatios central, y de las que luego fueron partiendo en cuartos y cuartos hasta que cada quien tenía su mini departamento. Pizos de madera, las puertas de antes que pasan muchísimo, techos muy altos y ventanas grandes que dan a la calle. Era un lugar bonito, la verdad muy bonito. Nada más que también era muy ruidoso y muy viejo, y en la noche todo se escuchaba más. Yo llegué ahí porque estaba barato en ese momento, básicamente. Lo agarré como de emergencia cuando me quedé sin rumis y sin chambalo y sin tiempo, y ahí me quedé. A lugar ese se le habían ido la mayoría de los inquilinos por la pandemia y estaba a la mitad del precio, así que aproveché. Y me terminé acostumbrando, a los camiones pasando, al sonido de tacones cuando subían asesinas, hasta las peleas de la pareja del 2B, que todas las noches se gritaban que ya iban a cortar, pero nunca cortaban. Quiero aclarar esto porque es importante para todo lo que voy a contar. Yo pasé ahí mi primer día de muerto solo, nunca había pasado aún así, siempre lo hacía con mi mamá, porque mi papá murió cuando yo tenía 16 y desde ese entonces era como, no sé, como algo obligatorio. No obligatorio de tienes que hacerlo porque si no se enoja tu mamá, sino obligatorio emocional. Era lo que se hacía en mi casa, mi mamá compraba pan, ponía café, papel picado, velas, las flores y sobre todo las fotos. Mi papá enmarcado, los abuelos de cada lado y también un tío que yo ni conocí pero que también se le recordaba, decía mi mamá. Pero ese año fue pandemia, ya saben, y mi mamá es población de riesgo y estábamos en ese momento en que todos vivíamos traumados todavía, que nadie quería entrar a casa de nadie, que se limpiaba todo con alcohol, que se desinfectaba, que dejar la comida en la puerta era ya como visitar. Y por eso yo le dije que mejor no iba, que le hablaba por videollamada y ya. Entonces como digo, fue mi primer día de muerto solo, por eso yo no estaba pensando en hacer altar, nada, para mí sinceramente, eran lunes más y ya, pero cuando entró la tarde empecé a sentirme raro, no triste triste pero sí como vacío. Supongo que cualquiera que haya pasado su primera fecha importante solo me va a entender, ese tipo de silencio que no te gusta, y dije bueno, voy a poner algo aunque sea simbólico, no lo pensé mucho, no fue una causa de tradición y respeto ni nada así, fue más automático que nada, como cuando haces algo porque lo viste toda tu vida y lo repites. Agarré la mesita baja que tenía con toda la sala, la arrimé a la pared, dejé una servilleta limpia como manté y puse ahí una veladora chiquita que tenía, fui a la cocina, se vio un poquito de café en una taza y calenté unas quesadillas que me habían sobrado de la noche anterior, también agarré un pan dulce que había comprado en la mañana y lo puse todo pero creo que aquí viene lo importante, no puse fotos, yo tenía fotos de mi papá y de mis abuelos pero en el teléfono nada más, en el momento te lo juro, no se me hizo necesario, dije pues ellos saben quiénes son y fue así de tonto, así de simple, fue como esto es para ustedes y ya, pero sin pensar de verdad que alguien iba a venir en serio a visitarme y otra cosa que también puede ser importante es que tampoco puse flores, no había comprado en pasuchil ni nada porque ni siquiera estaba planeado como les dije, era una cosa improvisada, sin el color, sin el olor, nada más la comida, la bebida y la velita prendida, eso fue todo, esa noche me dormí tarde porque me quedé en la computadora, trabajo a distancia y en pandemia trabajábamos más en la madrugada que en el día, entonces yo tenía ese horario horrible de estar despierto hasta las 2, 3 de la mañana y esa vez me acosté como las 2 y media, no cerré la puerta de mi cuarto, nunca lo hacía, era de las delicias de vivir solo y aquí empieza lo raro, yo empecé a soñar y el sueño al principio no parecía pesadilla, era como cuando estás medio dormido pero todavía escuchas la calle a lo lejos, en mi sueño alcanzaba a ver la sala, viéndose la ventana grande que daba la calle y había algo afuera de la ventana, no pegado al vidrio sino un poquito atrás como parado en la banqueta, viéndome desde abajo, algo negro, no negro de color de piel, no negro como cuando ves una persona pero solo ves la silueta y nada más, pero se distingía que era alguien, alguien alto como encorvado, como colgado hacia adelante y en mi sueño yo sentía que esa cosa estaba viéndose adentro, no hacia mi, hacia el altar, no sé que parece muy específico pero quiero dejarlo claro, no era alguien intentando meterse a robar, no era una sombra casual, era algo viendo el altar, como un niño que se asoma la mesa en una fiesta para ver que hay de comer, y luego en el sueño esa cosa dio unos pasos muy lentos hacia la ventana pero en lugar de quedarse ahí era como si de alguna forma ya hubiera estado dentro, como que la siguiente imagen ya lo ponía dentro del departamento en un paso y luego gachado frente al altar, hagas zapado con el cuerpo como doblado, como si las piernas no le funcionaran bien y estuviera así en cuatro puntos pero tampoco completamente en cuatro patas, como alguien que no sabe si es un mano o animal, esa postura tan extraña es lo que más recuerdo y ahí fue cuando empecé a oír otra cosa, yo estaba soñando pero escuché un sonido real, como algo húmedo, algo comiendo, no masticando como una persona normal sino como cuando un perro mete la cara al plato y nada más escuchas el haka, ese ruido desesperado que no respira, que solo está tragando, ese ruido y ahí desperté. No abrir los ojos inmediato, fue como cuando despiertas y no sabes todavía dónde estás, pero seguí escuchando el sonido y en ese momento mi cerebro hizo la conexión, ese ruido no estaba en mi sueño, ese ruido se había metido a él, ese ruido estaba en la sala, yo seguía acostado unos segundos y moverme, lo escuchaba clarito, era alguien tragando, no comiendo normal, tragando como si tuviera mucha hambre, como si llevar a día sin comer le hubieran dejado un plato en el suelo, lo primero que pensé y esto es muy lógico en un edificio viejo del centro fue, se metió alguien y me enojé, no me asusté, me enojé porque pensé que era alguien del mismo edificio que se había metido a robar comida o que se yo, porque además pandemia, o sea ya traíamos el miedo de que cualquiera podía traer el bicho, sabes y yo no quería ni siquiera acercarme a alguien desconocido, mi cuarto estaba casi oscuro, nada más entraba un poquito de luz naranja de la calle por la ventana del pasillo, esa luz de los focos viejos que hay afuera, yo no prendí la luz de la recámara porque pensé si la prendo lo voy a asustar, iba a correr y capaz me brinca o algo y yo no soy pelonero, no iba a pelear con nadie a las tres de la mañana, lo que hice fue levantarme despacio y caminar hacia la puerta de mi cuarto y aquí sí sentí miedo, no miedo de fantasma, miedo físico, porque cuando tomé la manija sentí que me temblaba la mano y pensé si hay alguien ahí, que tal si trae algo, un cuchillo, una baja, que voy a hacer, pero ya estaba ahí y el ruido seguía, tragando, tragando como animal, abrí la puerta de mi cuarto muy despacito, lo justo para asomar medio cuerpo y me quedé parado ahí, todavía adentro sin salir al pasillo, no prendí ninguna luz, nada más dejé que entrar a la luz que venía de afuera por la ventana grande de la sala y lo vi, yo sé lo que vi, estaba frente a altar, frente a mi altar improvisado, que ni era altar ni nada y estaba agachado, como encogido sobre sí mismo, con la espalda como jorobada, con las piernas dobladas raro, casi al revés, como si no supiera bien cómo acomodarse, tenía las manos sobre la mesa baja y estaba metiéndose la comida a la boca, no agarrando con los dedos y llevándose a la boca, no metiéndose la como empujándola, como embarrándose las quesadillas en la cara, y digo cara pero la verdad es que no puedo decir que lo que vi tenía una cara normal, le vi la forma de la cabeza así, le vi una oreja medio colgando y la piel, es así le recuerdo, la piel se veía mal, como pellejos, como carne que ya no está bien pegada, como cuando ves pollo hervido y se empieza a abrir en fibras, perdón por la imagen pero es lo único que se parece, se escuchaba claramente que respiraba por la boca como una persona enferma, una respiración fea con silbido y cada tanto hacía un ruido bajito, como un gruñido de molestia, no de amenaza más como desesperación, yo me quedé congelado, ahí sí me dio miedo y miedos de verdad pero no era una persona normal y tampoco era un animal, no había manera de que lo fuera, literalmente sentado frente a la mesa con las manos sobre ella con postura humana, eso es lo que más miedo me dio, la postura casi humana y entonces sin que yo hiciera ruido, esa cosa paró de comer, se quedó quieta como si se hubiera dado cuenta que la veía y muy, muy despacio levantó la cabeza, yo no sé cómo explicarte los ojos, no tenían brillo, no parecía mojos normales con pupil y reflejo, eran blancos por completo, como leche, como cataratas, pero abiertos por un momento directo hacia mí, yo ahí sí hice ruido, me salió el aire como un ah, así chiquito pero se escuchó en todo el departamento y en cuanto se escuchó eso se paró de golpe pero de una forma que no es normal, no como cuando tú te paras apoyando manos en rodillas para agarrar fuerza, no, fue como un brinco, como un tirón, como si su cuerpo no pesara y se movió, y cuando digo se movió, no me refiero a que corrió hacia mí, se movió hacia el pasillo que daba la cocina, como si supiera perfectamente dónde estaba la salida del departamento, pero al mismo tiempo parecía que no caminaba bien, se iba como delado, como arrastrando un pie, como si le colgará algo, yo me eché atrás incentivamente, cerré la puerta de mi cuarto y ahí se puse el seguro, y ahí ahora sí, me entró el terror que te tumba porque pensé eso está en mi casa y va a intentar meterse al cuarto, y fue cuando agarré el celular y marqué primero la administración del edificio, no marqué al 911, marqué con la señora de la entrada que vive en el primer piso, la que nos cobra la renta y todo eso, se llama doña Estela y pues tenía tanto miedo que a ella le hablé, a ella le hablé a las tres y cacho de la mañana para que fuera, imagínense, hablarle a una viejita para que te defienda, tardó en contestar obviamente pero le dije, hay alguien adentro, hay alguien aquí por favor suba con su esposo, y el escuro nunca había estado tan al borde de llorar como en ese momento porque yo seguí escuchando los ruidos, pero ya no eran ruidos o algo comiendo, eran como golpecitos en la cocina, como si algo tocara las paredes buscando por donde salir, a los dos minutos escuché pasos en el pasillo del edificio y golpecé mi puerta, pero golpecé gente normal, me pidieron que abriera y fui a abrir corriendo, entraron doña Estela y su esposo con una lámpara de mano de esas viejas grandotas y un revolver más viejo aún y también salió el vecino de al lado que en ese entonces era un señor mayor, ya grande que casi no dormía nada, que siempre estaba despierto fumando en el balcón, los tres entraron a mi sala conmigo y aquí viene lo que siempre me preguntan cuando cuento esto, ¿qué encontraron? nada, no encontramos nada, prendimos todas las luces, revisamos la sala, la cocina, el baño, nada y yo les juro que esa cosa tuvo que haber salido por la cocina porque hacia mi cuarto no vino, pero la puerta de salida del pasillo estaba cerrada por dentro con seguro y las ventanas estaban cerradas porque hacia frío, entonces según ellos ahí no había nadie y si en ese momento ya te empiezas a sentir un poco loco, te empiezas a imaginar que en realidad no viste nada, que solo estaba en tu mente, yo estaba temblando, me sudaban las manos y el vecino, el señor grande, me dijo pues que viste y ahí le expliqué todo, todo se lo describí, bueno no como te lo estoy contando a ti con tanto detalle ahora, pero si les dije que parecía una persona que estaba tragando la comida del altar, que la piel estaba fea, que me volví a ver con unos ojos blancos y cuando dije eso que me vio con los ojos blancos, doñestela nada más se me quedó viendo, no se burló, no me dijo ay mijito estás loco ni nada, se me quedó viendo muy seria y fue ella la que me preguntó, pusiste fotos en el altar y yo le dije que no, le dije que pues que pensé que no importaba y ella me dijo algo que me dejó helado, así con toda calma como si estuviera explicándome algo que cualquier niño debería saber, no vuelvas a ponerles comida si no vas a poner fotos, no se hace eso, si pones comida sin foto sin hombres sin flores, le estás diciendo cualquiera ven y cualquiera puede venir, el que esté más cerca, el que todavía se acuerde de que quiere comer y muchas veces no es tu gente la que llega, a veces son los otros, yo pensé que estaba hablando como en sentido figurado ya sabes otro espíritu otro muertito o algo así, pero ya sigo explicándome, hay muertos que ya no se acuerdan quiénes eran, porque nadie los llama, nadie les pone nada y si les dejas algo lo agarran como animales como si se los fueran a quitar, cuando dijo como animales me dio un vuelco en el estómago porque fue exactamente en la manera en que eso estaba comiendo lo que dejé igualito, ella me dijo que el altar no es nada más para poner comida, que la flor de sempasúchiles también para que no se meten los que no son, que nos acerquen y que la foto es para eso mismo, para que vengan los tuyos, así dijo los tuyos y que si no pones fotografía, dejas la puerta abierta para cualquiera que esté pasando y esa frase cualquiera que esté pasando, no la voy a olvidar, nos quedamos como uno arsentados ahí platicando en la sala con las luces prendidas y yo lo la decí, seguía como en shock, doñistele a mí su café en mi propia cafetera, su esposo fue y bajó por un manojo de flores que traía secas a otro altar que tenían ellos abajo, flor de sempasúchiles ya medio marchitas y me las puso ahí junto a la taza y el plato, como si eso sirviera de algo esa misma noche, yo no dije nada, estaba callado, nada más escuchando y antes de irse ella me dijo mañana sacás esa comida y limpias bien y el próximo año si lo vas a hacer lo haces bien, si no lo hagas, yo le dije que sí y cumplí, el siguiente día de muertos fui a ver a mi mamá ya cuando se pudo y desde ese año cada vez que pongo altar siempre pongo las fotos, las fotos es lo primero, mi papá al centro, mis abuelos a los lados, ya está mi tío que no conocí y flores, aunque sea una flor chiquita que compré afuera en el metro pero siempre pongo flores, siempre, nunca dejo el plato solo, nunca más. Gracias por llegar a este punto del episodio, si lo han hecho es momento de verificar que ya esté suscrito que seas miembro de la comunidad y que jamás te pierdas de una nueva entrega de relatos a la noche, antes de continuar con la segunda mitad de este especial de día de muertos les recuerdo que mi libro ya está disponible en chile y en españa, estamos muy muy contentos por eso porque aunque son tiradas pequeñas son pocos ejemplares, es un gusto enorme que por allá también puedan llevar a casa un pedacito de relatos a la noche, un pedacito de méxico, si ya lo encontraron sigan me etiquetando por favor para compartirlo con toda la comunidad, en la descripción les dejo los enlaces para que lo encuentren, aún hay en méxico aunque me dicen ya casi no quedan en librerías, si lo encuentran pues tuvieron suerte y si no también hay un enlace para los que quedan en línea. Continuamos con este episodio especial y además de abrazar a toda la gente mexicana por aquí y en estados unidos que estén celebrando el día de muertos, les invito a todos los que nos escuchan sin importar su nacionalidad, sus costumbres, a dedicarle hoy un ratito a recordar a sus muertos, a entregarse la nostalgia, a recordar lo bonito, a mandarles un abrazo y un beso donde quiera que estén, a charlar con ellos si es necesario, aunque regularmente no lo hagan hoy, dense la oportunidad de creer, sigue escuchando relatos de la noche. Hola comunidad, mi nombre es Fernanda F, desde hace mucho tiempo he querido compartir algunas historias con ustedes porque no sé qué tiene mi familia pero hemos tenido bastantes encuentros con lo paranormal, aunque esta historia específico no es nuestra, decidí omitir los nombres por si los verdaderos protagonistas del relato llegan a escucharla algún día, más adelante les compartiré los sucesos que nos han pasado a nosotros, pero ojalá por ahora que disfruten de esta historia. Hace unos 20 años en una reunión de día de muertos que tuvo mi hermano con su grupo de clases de inglés organizaron una fogata para contar historias, cada quien compartía sus experiencias pero hubo una en particular una muchacha que se mostró muy nervioso al hablar, estaba junto a su hermano, les dijo no sé si nos vayan a creer pero lo contamos porque nos recomendaron que no nos quedemos con esto dentro, así empezó su historia, le ocurrió a toda la familia, a los padres y a los hijos, todo ocurrió en Zapotitlán, Cláhuac, un pueblito que todavía conserva muchas costumbres, una de ellas es la misa de resurrección o misa de gallo que se hace en semana santa a medianoche, justo cuando se abre la gloria, la misa terminó como a la una de la mañana, la familia llevaba consigo un frasco con agua bendita que el padre les había dado, se apresuraron a regresar a casa, el trayecto no era largo, debían pasar por la calle del mercado, bajar unas cuadras y tomar la avenida Cláhuac, no tardarían más de 10 minutos, pero al incorporarse a la avenida, vieron a una niña caminando sola por la orilla, cabellolasio largo de vestido blanco, la mamá se preocupó al notar que a pocos metros avionaba a ese taxi con varios hombres y le dijo a su esposo, oye mira la niña vasolita, no se le habrá salido a sus papás, no lo sé, pero va directo a la base, le respondió, hay que llevarla a su casa mejor, si no no voy a estar tranquila, andale data vuelta mi amor, el papá se dio la vuelta lo más rápido que pudo, pasaron apenas unos segundos y la niña ya estaba mucho más lejos, la alcanzaron, se tuvieron frente a ella y la niña dejó de caminar, mi hija, ya es muy tarde para que ande sola, ¿dónde vives? preguntó la mamá, la niña con la cabeza gachada alzó la mano y señaló hacia la calle del mercado, ven hija suerte te llevamos nosotros, le dijo, desde que se acercaron el perrito de la familia, ella comenzó a ladrar sin parar, muy desesperado, como si tuviera miedo y a la vez estuviera listo para atacar, los hijos atrás abrieron la puerta para que la niña subiera, la hija tuvo que sujetar al perro porque no dejaba de intentar lanzarse a la niña, durante el camino la niña no decía una sola palabra, cuando le preguntaban hacia donde, solo levantaba la mano señalando, emitiendo un murmullo, como si pidiera que siguieran adelante, pasaron cinco minutos, la mamá seguía alterada, nerviosa sobre todo por los ladritos del perro, y le dijo, a ver ven hija porque este perro te va a morder, no sé qué le pasa, él no es así, el papá se orilló para que la niña pasara el asiento delantero, la madre se recorrió para hacerle espacio y el perro no se calmaba, diez minutos después cuando le preguntaron si se acercaban ya a donde iba, la niña solo seguía levantando el dedito señalándose adelante, pero estaban al punto de llegar al canal, una zona peligrosa oscura, y ahí el papá decidió detenerse, oye hija falta mucho para llegar, la niña apenas movía la cabeza negando, es que ya no podamos seguir adelante, te vamos a tener que dejar aquí, le dijo él, la niña volvió a negar con la cabeza, el perro la adraba con desesperación, los hijos empezaron a sentirse muy nerviosos, la mamá se giró para abrir la puerta y la niña la volvió a ver, ahí cuando se descubrió la cara, vio lo que describe como un rostro gris, con los ojos negros sin brillo, la piel seca como si estuviera muerta, como si llevaran consigo un cadáver, el carro se llenó de gritos, el perro se lanzó contra ella y la niña no se movía, la mamá tomó el bote de agua bendita y lo roció hacia ella y fue en ese momento cuando la niña ríéndose se salió del coche, cuando vio vuelta en huya celero, la niña ya no estaba, ya no se veía por el retrovisor, solo se escuchaban muchos perros ladrando lo lejos, el trayecto de regreso que normalmente tomaba 10 minutos lo hicieron en 5, llorando, gritando, rezando, con los padres intentando calmar a los niños aunque ellos mismos iban muertos de miedo como nunca antes, cuando llegaron a casa casi se bañaron con agua bendita, rezaron juntos y durmieron todos en la misma cama, hasta el perro, la familia pasó meses sin dormir bien, con el mismo miedo en el rostro cuando recordaban lo que les pasó, tiempo después cuando se atrevieron a compartir la historia como les recomendó un psicólogo que fueron a ver todos juntos, un conocido les dijo que hace unos 30 años una niña viajaba en combi con su abuelo, la bajaron en el carril de alta velocidad, al abrir la puerta saltó y un camión atropelló muriendo al instante, es un caso muy conocido entre los vecinos viejos del lugar porque muchos pudieron verla, ahí en el camino, todas las horas que tardaron en ir a recogerla, todas las horas que el abuelo lloró junto a su cuerpo, la familia cree que es la misma niña que vieron, la del camino, aunque poca gente la ha visto realmente, muchos dicen que al pasar cerca del deportivo donde la vieron, los columpios se mueven solos, aunque no haya el más mínimo viento. Hola comunidad, soy paola fabian, llevo varios años escuchando el programa y debo decir que soy muy fan del trabajo de Uriel, me gusta mucho la manera en la que le da vida a nuestros relatos, la historia que voy a contar me sucedió hace algunos años, para ser exacta todo inició el 12 de noviembre de 2019, estaba listando para salir cuando mi mamá me pidió que la acompañara al pantión a visitar a nuestros familiares, yo accedí y la condición de mi mamá fue que me tapara muy bien la cabeza pues acababa de bañarme y me dijo que me podía entrar aire, llegamos al pantión y en cuanto baje del carro me empezó a doler la cabeza, era un dolor horrible en las hienes, en cuanto se lo dije mi mamá me regañó pues ya me había advertido que me tapara bien, me dio una mascada para cubrirme y en cuanto lo hice el dolor desapareció, no tuve ninguna otra molestia en todo el rato que estuvimos ahí y ese día todo transcurrió normal hasta la noche y es que desde esa misma noche empecé a tener pesadillas, debo decir que desde que tengo memoria nunca he podido dormir boca arriba porque siempre sueño feo, por eso mi posición para dormir siempre ha sido de lado en posición fatal, la primera noche soñé que mi familia y a mí no susaltaban de forma violenta, me desperté agitada y muy espantada pero no le di importancia, me volví a dormir y por la mañana se lo platiqué a mi mamá, la segunda noche soñé que tenía un accidente automovilístico en el que solo iba yo manejando, cabe mencionar que yo no tengo coche ni siquiera manejo, la tercera noche fue una de las peores, estaba en un lugar oscuro y al fondo había algo en el piso como un bulto, a mi izquierda había alguien o algo pero era grande como una sombra completamente negra, me señaló hacia el bulto como si me pidiera que fuera a ver qué era y así lo hice, me acerqué y vi que en el piso había una mujer tirada con el cabello cubriéndole la cara, me agaché para apartárselo y me di cuenta de qué era yo, yo misma con el rostro lleno de sangre, verme ahí tirada ha sido una de las peores sensaciones que he tenido, aunque sé qué fue un sueño se sintió demasiado real, a la mañana siguiente se lo conté a mi mamá, me dijo que no le diera tanta importancia pero eso no me tranquilizó, esa noche ya no quería dormir porque temía volver a soñar algo peor, los sueños estaban volviendo cada vez más intensos y la pesadilla de esa noche fue la gota que derramó el vaso, soñé que estaba costada en una cama de piedra, era el atardecer cuando tres mujeres acercaron a mí, venían de mi lado izquierdo, una de ellas se inclinó y con la voz más dulce y tierna que he escuchado me habló, ven, ven conmigo, conmigo estarás bien, esa voz, esa maldita voz, aún la recuerdo a la perfección, era una voz que te daba calma, que te hacía sentir segura, la mujer se ya hablando de forma dulce cuando de pronto otra voz me habló pero esta vez el lado derecho, no te vayas, no te vayas con ella, quédate conmigo, me gritaba desesperada, recuerdo perfectamente como me pedía que no me fuera, la voz angelical seguía hablándome mientras me tomaba de la mano, la otra me gritaba que no le hiciera caso, no sé cómo reaccioné pero quité mi mano de la de aquella mujer y le grité que no estaba lista, ella se enfureció y junto con las otras dos se fueron volando hacia arriba, hacia el cielo, ya sé que pensarán que mi sueño fue exagerado, muy loco, pero cuando desperté, agitada y espantada, lo único que pensaba era que no quería morirme, esa mañana llorando le dije mamá que no me quería morir, estaba completamente espantada, ella me dijo que me llevaría con una señora de esas que curan espantos pero que tendríamos que esperar al sábado, llevaba cinco noches con pesadillas, cinco noches sufriendo cuando debería estar descansando y esa noche, esa maldita noche fue la peor de mi vida, aún no sé si fue real o si fue una pesadilla más, voy a describir como era mi cuarto, era pequeño, solo que había una cama individual con unos 50 centímetros de espacio a los lados, muy largo como un rectángulo, no tenía ventanas y era extremadamente oscuro, estaba en la parte baja de la casa donde antes había un patio, mi cámara de fierro alta y debajo guardaba una caja de plástico con zapatos que ya no usaba, eran entre las tres 15 las 340 de la madrugada, dormí en posición fetal cuando sentí el cuerpo muy pesado, sentí que alguien estaba encima de mí y debajo de mi cama se oía algo moviéndose, alguien estaba empujando la caja que tenía ya abajo de un lado a otro, se escuchaban risas, risas como de niños, cuando pude notar que era lo que estaba encima de mí, vi a una mujer de cabello largo en negro con los ojos completamente oscuros, sonreía con un aliento espantoso, mostrándome los dientes podridos, yo en mi paralisis lloraba intentaba gritar pero no podía, lo que estaba encima de mí me agarraba la cara con esas manos asquerosas, uñas largas y sucias, me acariciaba mientras se burlaba, luego se llevó el dedo índice a la boca en señal de que me callara, fue lo único que pude escuchar, mientras lo que estuviera debajo de la cama seguía moviendo la caja, comunidad sé que esto no me lo van a creer pero el real, recordarlo me hace volver a sentir su mano sobre mi cara, su peso sobre mí, yo gritaba pedía ayuda, le gritaba a mi mamá pero su cuarto estaba en el segundo piso y yo dormía abajo, nadie me escuchó, cuando por fin pude moverme sentí un sueño muy pesado, no podía abrir los ojos y al cerrarlos ella seguía ahí, esa mujer seguía en mis sueños pero al final pude dormir, la mañana siguiente le conté todo a mi mamá, tal vez seguía sin creerme pero yo le suplicaba que me ayudara, ese día una prima fue de visitar a casa, cuando todos estábamos en el comedor ella se quedó en la sala tomándose fotos, en una de ellas apareció algo que no se lo la sangre, claramente se veía una niña atrás de ella, no una silueta, no una transparencia, una niña, una niña que nadie sabía quién era o qué hacía ahí, no había ninguna niña en ese entonces en la casa y solo así mi mamá me creyó, al día siguiente me llevó con la señora que nos recomendaron, cuando llegamos le conté todo, desde el día en que fuimos al panteón, ella me dijo que me había llevado algo, algo que no era nada bueno, que era algo que me estaba robando la energía y provocando pesadillas, al ver la foto de mi prima me aseguró que había que sacar a ese ente de la casa, que ella era demasiado fuerte y que no descansaría hasta llevarme con él, la señora me dio una serie de baños con plantas y resos los cuales voy a escribir pero puedes omitirse si lo desea Suriel para no dar instrucciones que la gente pudiera seguir sin saber para qué son, solo así poco a poco terminaron mis pesadillas, las primeras noches todavía soñaba feo, incluso tuve una parálisis más pero al menos esa mujer, ese ente ya no estaba y han pasado más cosas paranormales después de ese episodio, pero ninguna tan fuerte como aquella vez que sin querer, me traje algo del panteón el día de muertos, muchas gracias por leerme. Hola Uriel y comunidad de relatos de la noche, hoy te envió esta historia en memoria de mi gran compañera de vida, mi perrita London, que falleció hace ya cinco meses, me encantaría mortalizar esta historia y poder escucharla en tu voz cada que la nostalgia me invada, además de que creo que es perfecta para contarse en esta época del año, hoy que London ya no está aquí, puedo decirte que en toda su vida jamás ladró por la noche, no importa que todos los perros de afuera estuvieran en tremenda plática, una vez que ella se metía a la cama dormía, pero un 12 de noviembre eso fue distinto, ocurrió en Oaxaca, debo decirte que amo el día de muertos y con tanta inspiración estando allá, decidí poner mi ofrenda sin imaginar lo que sucedería después y todo empezó con un sueño, el lugar donde vivía cuando pasó esto era pequeño, el cuarto tenía una ventana hecha de vidrio traslúcido como esos cubos que se usan en los tragaluses, esa ventana daba la cocina, seguida de la cocina estaba el comedor y enseguida la sala, ahí en la sala fue donde puse la ofrenda, en el sueño yo estaba acostada y despertaba porque se oían mucho ruidos, voces, como si afuera de mi cuarto hubiera una fiesta, cosa que no podía hacer, pero dada las fechas se me cruzó por la mente que quizás teníamos visitas del más allá, me quedé en la cama escuchando, pasaba los minutos entre voces y sombras y aunque no sentía miedo sí estaba impresionada, eso cambió cuando alguien atravesó la puerta, ya no era alguien conforme humana, era una sombra alargada como si llevara una túnica parada justo frente a la puerta, frente a mí, como intrigada, en ese momento sí sentí miedo pero seguí quieta sin moverme, solo observando, de pronto la sombra empezó a caminar hacia la cama, recuerdo perfectamente que en el sueño mi perrita estaba acostada a la altura de mis rodillas, las sombras se detuvo a los pies de la cama y seguía avanzando hacia nosotras, cuando estaba a punto de llegar hasta donde estaba London por reflejo moví mi brazo para jalarla, para apartarla de ella y justo cuando mi mano estaba por tocarla me desperté de golpe, mi perra estaba ladrando furiosa y lo más extraño es que todo estaba igual que en mi sueño, la posición, mi brazo sobre ella y London mirando exactamente hacia donde, en el sueño, se encontraba esa sombra, estaba completamente erizada y ladraba furiosa, como pocas veces se le había acerlo, me pidió bajarla de la cama y salió corriendo como si persiguiera algo, al llegar a la cocina se estuvo en seco, como si alguien lo hubiera asustado y desde ahí siguió ladrando hacia la ofrenda, yo me quedé parado a su lado tratando de entender lo que pasaba, era como si mis sueños hubiera conectado con la realidad, mi tía mala que todos llamamos la bruja porque algo tiene de eso, siempre dice que las ofrendas sí son portales para que los espíritus entren pero que uno no puede elegir quién llega, pueden venirlos nuestros o pueden llegar otros, no tan buenos, después de esa experiencia yo nunca volvió a poner una frente en casa, me daba miedo volver a vivir algo así, pero este año me animé, la volveré a poner, con la esperanza y la añoranza de que entre todos los que regresen también venga mi pequeña London, sin importar lo que pueda pasar, Uriel si puedes mandale un saludo mi querida hermana que jamás se pierde tus relatos igual que yo, ella sabrá perfectamente quién es, pronto te enviaré más historias un poco más tenemosas, pero quería compartirte ésta en esta fecha, que tengan un lindo día de muertos, buenas noches.