Relatos de la Noche

Las Brujas del Barranco (y otras historias de taxistas, veladores y duendes)

28 min
Nov 11, 20255 months ago
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Summary

Relatos de la Noche presents a collection of supernatural horror stories from Latin America, featuring accounts from taxi drivers, night security guards, and ordinary people who encountered unexplainable phenomena including witches, elemental beings, and malevolent entities in remote locations.

Insights
  • Supernatural folklore serves as a cultural mechanism for processing fear and unexplained phenomena in Latin American communities, particularly among night workers
  • Witness accounts follow consistent narrative patterns across different regions, suggesting shared cultural archetypes rather than isolated incidents
  • Protective rituals and animal guardianship emerge as practical coping mechanisms in communities where supernatural encounters are normalized
  • Night work (taxi driving, security) creates psychological vulnerability to fear-based interpretation of ambiguous sensory experiences
Trends
Growing podcast popularity of regional folklore and paranormal storytelling in Spanish-language mediaNormalization of supernatural narratives within working-class communities as explanatory frameworks for occupational hazardsIncreased documentation and sharing of oral traditions through digital platformsIntersection of urban infrastructure (bridges, ravines, abandoned sites) with supernatural mythologyAnimal behavior reinterpreted through supernatural lens in isolated work environments
Topics
Supernatural folklore and oral traditionsParanormal encounters and unexplained phenomenaNight shift worker experiences and occupational hazardsRegional Mexican and Latin American mythologyProtective rituals and spiritual practicesUrban legends and local hauntingsPsychological effects of isolation and night workAnimal behavior and supernatural interpretationAbandoned infrastructure and haunted locationsCultural transmission of fear narratives
People
Ricardo
Witnessed a deformed aquatic entity in a canal in Ensenada, Baja California while walking home late at night
Eusebio
Encountered a group of witches with misaligned shadows in a hillside neighborhood and experienced supernatural entrap...
Armando
Worked at a truck repair facility in Durango and witnessed supernatural phenomena protected by a stray dog named Miguel
Quotes
"cuando el canal se llena, el mar devuelve algo de lo que se llevó"
Taxi driver (unnamed)Ricardo's story conclusion
"no son malos si uno lo respeta, pero no los mires cuando salen, nunca los mires porque solo se hacen hojar"
GrandmotherZacatecas story
"hay cosas que solo los que manejamos de noche nos toca ver"
Eusebio (taxi driver)Witches story introduction
"a veces eso les pasa a los perros que se enfrentan a un fantasma o a cosas peores, que un perro ciego significa que había al mal los ojos"
Truck facility managerMiguel the dog story
Full Transcript
Cuando llegó la grúa me encontraron todavía bien asustado, y mientras aseguraban mi carro, uno de los chicos se acercó y me dijo, usted tuvo suerte, en esa parte ya van 3 choferes que se desbarranca al dar la vuelta, dicen que ahí se reúnen las brujas, donde antes había una capilla vieja que se a quemó. Muy buenas noches comunidad, gracias por dejarnos llegar ustedes con las siguientes historias y gracias por ser parte de la mejor comunidad de internet. Hoy hay una selección muy variada que va desde espíritus hasta brujas, tuendes, seres elementales que no logramos comprender, hoy hay historias de veladores y taxistas también, lo único que tienen en común es el miedo, el terror y que seguramente aunque tú no creas, aunque prefieras permanecer en la tranquilidad del escepticismo, hay alguien muy cerca, muy muy cerca, con una historia no tan lejana de lo que aquí se contará. Te invitamos a poner atención a tu alrededor, no solo por las historias que hay gente dispuesta a contar, sino porque si escuchas bien en la noche quizás alcances a percibir algo, algo que siempre estuvo ahí, pero que no querías escuchar, quizás se astuvo el siguiente protagonista de relatos de la noche. Buenas noches a todos, me llamo Ricardo y soy originario de Ensenada Baja California, lo que voy a contarles me pasó hace poco más de un año, en una de esas noches que nunca se te olvidan por mes que lo intentes y créanme que lo he intentado, a lo mejor contarlo aquí es un paso más en esa dirección y si no lo olvido, al menos en algún momento quiero ya no sentir el mismo miedo, trabajo en un restaurante que abrieron apenas el año pasado sobre la avenida Dolpholopos Mateos, ahí en pleno centro, donde está todo lo turístico, los bares, las tiendas, los cafés, todos esos lugares que se llenan los fines de semana con gente de Tijuana o de San Diego. Era nuestra primera semana abierta y nos había ido sorprendentemente bien, así que el dueño quiso organizar un convivio después del turno, cerramos el local, sacamos unas cervezas y nos quedamos platicando hasta tarde, hablando de lo bien que pintaba todo, cuando me di cuenta y eran que es el as tres de la mañana, yo vi un mas al sur de ahí como a media hora caminando y normalmente tomo taxi, pero esa noche había gastado lo poco que traía, pensé que no pasaba nada que podía caminar tranquilo, si nada no es una ciudad peligrosa si sabes por donde irte, además la noche estaba fresca y acaban de pasar unos días de lluvia, de esas que limpien el aire y dejen el pavimento con ese brillo raro bajo las rámparas, caminé entonces por esa avenida, lo fue Mateos, bajándose a la zona menos transitada y cuando llegué al puente sobre el arroyo, fue cuando escuché el sonido del agua, al principio no le di importancia, pensé que era la corriente fuerte normal por los 7 lluvia, pero conforme me acercaba al puente, me di cuenta de que se escuchaba algo más que eso, el canal que cruce esta parte de la ciudad, que la mayoría de las veces está casi seco, llevaba una muy buena corriente, fuerte, muy fuerte, no lo recordaba así, nunca, el ruido del agua era tan fuerte que tapaba y poco sonido que quedaba lo lejos, me apoyé en la barantilla y me asomé, el reflejo de las luces amarillas en los postes se rompía sobre la corriente, formaba reflejos en el agua que parecía moverse con vida propia, se veía bonito, si mi teléfono no hubiera tenido el 2% de pila quizás te hubiera tomado una foto, pero justo cuando iba a seguir mi camino, algo se movió allá abajo, pensé que era un costal, una bolsa de basura o algún tronco arrastrado desde el mar, pero el bulto se enderezó y entonces lo entendí, no era basura, era algo alguien, una figura delgada, alta, con el cabello negro y largo pegado en la cara, no sabría decir si era hombre o mujer, pero su silueta era demasiado clara, incluso con la poca luz, y lo que meló la sangre fue que iba en dirección contraria a la corriente, el agua se movía hacia el mar por supuesto, pero esa cosa avanzaba hacia el interior, como si nada pudiera detenerla, me quedé paralizado un instante y en ese segundo pasaron por mi cabeza mil cosas, intenté buscarle una explicación lógica, tal vez una persona drogada o alguien que se había metido a nadar, pero cuando levantó la cabeza para verme, ahí supe que no era humana, tenía el rostro completamente deformado, con los ojos donde debería estar la boca, y la boca arriba abierta, como si se estirara hasta el límite de la piel, de esa abertura hasta que saliera una lengua larga, grisaza que se movía lentamente, el cuerpo parece aflotar más que caminar, y sus brazos se agitaban en el agua como si buscara algo, retrocedí y tropezando con la banqueta, y en ese momento la figura empezó a moverse más rápido, no escucha pasos ni chapoteos, pero sentí su presencia acercándose, lo sentí porque empezó a faltar el aire, porque sentía que me era más difícil respirar, salí corriendo del puente sin mirar atrás, corrí hasta llegar a una avenida más grande donde todavía había algunos taxis estacionados, uno de los choferes, un señor grande, me vio y se bajó de inmediato al verme tan pálido, me preguntó qué me había pasado, si me habían asaltado o algo así, le conté apenas lo que alcancé a decir, todavía temblando, recuperando el aire, le dije que había visto algo debajo del puente, el taxista me escuchó con calma sin interrumpirme, y cuando terminé me dijo no eres el primero que ve algo ahí, cuando el canal se llena, el mar devuelve algo de lo que se llevó, no supe qué responderle, me afreció un cigarro, dijo que me sentó un momento en el taxi y esperó hasta que me calmé, luego insistió en llevarme a mi casa y no quiso cobrarme, yo ni siquiera fumo pero esa noche solo acepté, y me sirvió al menos para tomar un momento para recuperarme, para que en ese nada no llueve mucho, pero esas pocas veces que nos cae la lluvia, evito pasar por ese puente, me da mucho miedo cuando lleva corriente fuerte el arroyo, siento que si alguna vez vuelvo a ver esa cosa, será en una noche así, siempre que paso por ahí porque tengo que pasar, en carro o de día, cuando me siento seguro, me entra la necesidad de mirar hacia abajo, en lo que pienso es en lo que me dijo el taxista, que por cierto ya no he vuelto a ver, que el mar devuelve lo que nunca debió salir de él. Hola Uriel, te escribo desde Zacatecas, y esto que te voy a contar ocurrió así a varios años, cuando todavía vivía con mis abuelos, en un rancho pequeño en las afueras del municipio de Betagrande, en la casa estaba el pie de un cerro, en una zona donde bundan las minas abandonadas, los túneles que quedaron de los años al auge minero, desde chica mi abuela decía que en esas cuevas vivían los pequeños, los que se enojan si no andan molestando su territorio, yo me reí a claro, pensaba que solo eran historias para que no anduviera solo en los cerros para que no me alejara de la casa, pero una tarde de marzo me dejaron sola, mi abuelo había bajado al pueblo y mi abuela estaba en Misa, no la de domingo a las que me obligaban a ir, una de esas entre semanas a donde solo van las abuelitas, el sol ya se estaba metiendo y yo me puse a barrer el patio de tierra, el aire era frío, desde que levanta polvo y te hace volver a barrer, de todas formas si mi abuela no veía regresar que al menos lo había intentado, me iba a recañar, así que ahí se aquí. Fue entonces cuando empecé a escuchar unos golpecitos secos, metálicos, como si alguien estuviera martillando este abajo del suelo, pensé que podía ser una máquina a lo lejos, el sonido era muy rítmico y quedé así como si alguien trabajara justo bajo mis pies. Me agaché a escucharme a Gour y juraría que vinieran de la parte donde alguna vez hubo una especie de pozo tapado con piedras grandes, me dio curiosidad pero también algo de miedo, así que regresé a la casa y cerré la puerta, paso como media hora y mientras calentaba café en el estufo escuché otro ruido, esta vez era un silbido muy fino, repetitivo, como el canto de un pájaro. Pero no era un pájaro, era una melodía corta, torpe, como si alguien tratara de imitar una canción y no supiera cómo seguirla. Cuando miré por la ventana había algo moviéndose entre los mezquites, eran tres figuras pequeñas del tamaño de un niño, pero con las piernas torcidas y los brazos largos, sus rostros eran borrosos, el escuro que se veían borrosos y aunque estaban lejos sentí que me estaban viendo, uno de ellos sostenía algo que brillaba como una piedra o un pedazo de metal, y entonces lo escuché, el mismo silbido, ahora más cerca, apague el estufo y me quedé quieta, las figuras comenzaron a caminar hacia la casa, lentas, torcidas, casi arrastrando los pies, cerré todas las ventanas y me escondí detrás de la mesa y por un momento creí que se habían ido, pero después escuché un golpe seco en la puerta, y luego otro y otro, hasta que de pronto el sonido cambió, como si alguien arañara la madera desde abajo, no sé cómo pero tomé valor y miré por la rendija abajo para sacarme de dudas nada más, y lo que vi me sigue persiguiendo hasta hoy, lo juro por Dios, una mano pequeña, dergada, con unas uñas larguísimas y negras, asumada por el borde inferior de la puerta, moviéndose como si buscará una grieta por donde entrar, grité, corrí, corría el cuarto de mi abuelo y me encerré ahí hasta que escuché su voz afuera ya entrada la noche, no sé por qué ese día se tardó tanto en llegar más de la cuenta, cuando me encontró le conté todo llorando, le pedía que me creyera que no fuera a pegar, que no era un invento para no hacer mis claseres, pero ella no se sorprendió ni se burló, encendí una veladora y dijo en voz baja, te lo dije, no son malos si uno lo respeta, pero no los miras cuando salen, nunca los mires porque solo se hacen hojar, por eso se ponen borrosos, eso pasa cuando se dan cuenta que uno los está viendo, al día siguiente mi abuelo y yo encontramos la tierra revuelta junto al pozo tapado, entre las piedras vimos una moneda vieja en egresidad, con un grabado que ninguno de los dos reconocía, mi abuela le envolvió en un pañuelo y lo aguardó y nunca más la volví a ver, tampoco volvíos a hablar del tema, por más que intento, por más que buscado olvidar cuando estoy despierta, en mis sueños es distinto, hay mucho más seguido de lo que yo quisiera, aunque esté soñando con otra cosa, con algo que no tiene nada que ver, escucho los sonidos, el melodía desafinada y corta viniendo desde debajo de la tierra, comunidad gracias por llegar hasta la mitad de este episodio y recuerden que mi libro ya está disponible en chile y en españa, fue un tiraje pequeñísimo allá, hay pocos ejemplares, siento que se pueden acabar pronto ojalá así que aprovechen para tener esa edición tan especial impresa allá en sus países, es una edición tan tan limitada que ni siquiera yo tengo una copia aún pero me encantará firmarla en algún momento les prometo que voy a estar por allá, no dejen demandarme sus fotos o sus historias de instagram los que ya lo tienen, las estoy guardando con mucho cariño, los enlaces para encontrar su libro están en la descripción de este episodio, recuerden que está en méxico en estados unidos, chile y españa y después de mi comercial de siempre, perdón pero me emociona mucho todavía ahora sí es momento de seguir porque aún hay historias muy muy aterradoras para esta noche, buenas noches uriel esta historia me la contó un taxista de nombre Eusebio cuando trabajaba en huajaca hace algunos años, yo había tomado su taxi a una madrugada en el centro y durante el trayecto cuando vio que yo venía a su noliento me dijo sabe qué hay cosas que solo los que manejamos de noche nos toca ver, le pregunte a que se refería, siempre estaba disponible para una historia y me contó lo siguiente, Eusebio trabajaba casi siempre de noche porque según decía el dinero corre mejor cuando los demás duermen, una madrugada cualquiera como las dos y media dejó un cliente en una colonia en la parte alta de la ciudad una donde las calles son empinadas con casas viejas y cables que cuelgan por todos lados, la noche estaba muy callada no había nadie en las banquetas ni ruido de perros, solo el motor del taxi y el zumbido de los postes, al bajar por una calle sin salida quedaba un barranco se dio cuenta de que había tomado la ruta equivocada, eran de esas que parecen normales al principio pero conforme avanzas te das cuenta que cada vez hay menos casas, menos luz, menos señales de vida que ahí terminan pues, así que intentó dar vuelta en Upero, algo llamó su atención, al lado de la calle muy cerca un grupo de mujeres reunidas junto a una fogata a unos metros del final de la calle, eran cuatro parecían estar de espaldas murmurando algo, se les feía el cabilloso del duelo y largo iluminadas apenas por el fuego y aunque suena muy raro al principio Eusebio pensó que era una reunión de vecinas, tal vez hasta alguna ceremonia fiesta privada pero la hora y lugar le goce todo le parecieron rarísimos, aún así bajó la velocidad más por curiosidad que por otra cosa, los taxistas están acostumbrados a ver de todo, no se asustan nada fácil por eso entiendo que aunque todos quizás hubiéramos salido a toda velocidad de ahí, él se tomó su tiempo, él quería ver, fue entonces cuando una de las mujeres levantó la cabeza y vio que no tenía pelo en la mitad de enfrente, su rostro era pálido y no reflejaba el resplandor del fuego, Eusebio lo recordó muy bien, no tenía cejas y su boca se movía sin emitir ningún sonido pero parecía que les decía algo, las otras mujeres hiéraron al mismo tiempo y lo que él vio después fue suficiente para dejar de trabajar de noche por meses, sus sombras no coincidían con sus cuerpos, mientras ellas se quedaban quietas, las sombras se movían solas retorciéndose, caminando en direcciones distintas como si tuvieran vida propia, Eusebio sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda y metió primera para alejarse, pero justo entonces se escuchó que alguien golpeó el techo del taxi, no había nadie alrededor y el fuego se había encendido al fondo de la calle, volvió a mirar por el espejo y lo que vio lo paralizó, una de las mujeres ya no estaba en el grupo, lo vio venir caminando detrás del taxi lentamente pero con cada paso parecía acercarse mucho más rápido sin mover los pies, aceleró pero el coche no respondía bien, al menos eso es lo que parecía, lo que él percibía, el velocímetro marcaba 40 a 50, pero no avanzaba, parecía estar frente a la misma casa, parecía que estaba atrapado en esa calle, de pronto la radio del taxi se encendió sola, no había música, solo una voz, la voz de un señor como cantando sin instrumentos, sin nada más, solo un hombre que cantaba en un idioma que él sabía que no era español ni inglés, y en medio de ese ruido escuchó voces claras y suaves que le decían, no corras, no te lleves algo de nosotras, vas a regresar, no corras, no te lleves algo de nosotras, vas a regresar, ni siquiera entendió que significaba eso pero las escuchó tan cerca que el miedo fue tanto que Eusebio soltó el volante, ahí se avanzó, su taxi se subió a la banqueta, chocó con un boste y el golpe lo sacó de esa especie de transe, se dio cuenta de que sí había avanzado por la calle, cuando volvió en sí se dio cuenta que todo estaba tan vacío que nadie salió a ver el choque, a lo lejos tampoco vio fuego ni mujeres, nada, pero hasta ahí, aunque estaba lejos en Barranco ya, el olor a fuego apagado le llenaba la nariz, llamó a la grúa, llegó justo antes de que amaneciera, el mecánico que fue por él le dijo algo que todavía lo hace temblar cada vez que lo repite, usted tuvo suerte patrón, en esa colonia llevan tres choferes que se desbarrancan, ahí él da la vuelta, dicen que ahí se juntan brujas, donde antes se ve una capilla vieja que se quemó, con el tiempo Eusebio volvió a trabajar de anoche, pero nunca volvió a dirigirse a esa zona, aunque sean caros, no acepta los viajes que van hasta allá, buenas noches Uriel, soy Armando de Durango y quiero contarte algo que me pasó hace ya varios años cuando trabajaba como veladora en un taller de camiones que estaba las afueras de la ciudad, por la carretera a nombre de Dios, en ese tiempo recién había llegado a vivir con mi hermano y él me consiguió ese trabajito, el lugar era enorme de esos que arreglan camiones pesados, había partes viejas, montones de fierro oxidados y un cuarto pequeño de madera donde dormíamos los guardias, éramos dos anes entonces porque acababa de haber un incidente, por eso se habían ido a los anteriores también, así que llegamos al mismo tiempo a otro muchacho que apenas si tenía sus 68 años y yo, esa primera noche se quedó con nosotros hasta la media noche el encargado, un señor muy serio, de esos que hablan de poco, señor de rancho como muy papá, de hecho no recordaba mucho, nos explicó la rutina, los rondines, las zonas donde teníamos que checar candados y al final nos dijo algo que me pareció raro, si escuchen un perro por la noche pero no lo ven, no salgan, cierren la puerta y llegan se los dormidos nada más, le preguntamos si había algún perro peligroso en el terreno y dijo que no que ninguno, luego dijo que si veíamos uno, definitivamente no era suyo, nos pareció raro pero casi lo olvidamos hasta nuestra tercera noche ahí, cuando como el estrés, cuando el frío empezó a sentirse más fuerte, escuchamos algo caminando afuera de la caseta, luego escuchamos un sonido como de perro pausado y un ladrido de esos que no parecen de aviso sino de cansancio, después pasos, se escuchaba como si un perro muy grande olfateara junto a la puerta, nos miramos sin decir nada, hasta entonces recordamos lo que el jefe había dicho, así que cerramos bien y nos hicimos los dormidos, el ruido duró un rato, poco y luego se fue y aunque era solo un perro, algo en el tono de ese sonido tenía algo muy raro, como si hubiera tristeza más que agresión, al día siguiente cuando amaneció, poco antes de salir, vimos pasar un perro callejero por enfrente del taller, muy flaco, se le veían marcado las costillas con el poco pelo que tenía lleno de polvo, cuando le quise hablar para darle de comer el burrito que me había quedado, me miró con miedo y sale ocurriendo, como si su única información de los humanos fueran patadas y pedradas para alejarse, hay muchos perros que se los conocen de nosotros, me dio lástima y le dejé un poco de comida, llegó el encargado y al verlo dijo, no ni creen que es el que escucharon anoche, pero si este se acerca, déjenlo quedarse y luego casi sin mirarnos agregó, a lo mejor este les va a enseñar por qué no hay que hacerle caso lo que anda rondando por aquí, y el perrito se quedó, primero se acercó a la puerta y luego se animó a entrar, pudo más el hambre que el miedo, le pusimos Miguel para que nos cuidara según nosotros, como el arcángel pues, de día dormía bajo un trailer y de noche lo dejamos entrar porque el frío calaba y el pobre no tenía pelo que lo defendiera, y ahí se echaba frente a la puerta, como si de verdad entendiera su trabajo, como si él nos cuidara a nosotros, una madrugada cuando el viento soplaba muy fuerte se volvió a escuchar el mismo sonido, algo como un perro ya fuera, no era Miguel, era el otro, era un sonido grave, pesado, resonando por todo el patio, Miguel se levantó enseguida, erizó el humo y se plantó frente a la puerta, temblaba de miedo pero no se movía de enfrente de nosotros, de pronto se escuchó como algo grande caía sobre el techo, las láminas se simbraron, Miguel empezó a gruñir tan bajo que parecía casi estar rezando, y nosotros ni respirábamos, justo encima de nosotros se escuchó como algo caminaba despacio, casi arrastrando las patas, se escuchó toda la noche, el encargado llegó al amanecer y nos encontró pálidos, con el café frío todavía en la mesa, solo dijo, no les pasó algo más nada más porque este perro no los dejó solos, si no a lo mejor hubieran visto lo que hacen los ruidos, y esa no fue la última vez que lo escuchamos, para nada, esas visitas se volvieron constantes, pero cada noche que aquello volvía, Miguel hacia lo mismo, se levantaba, miraba hacia la puerta y se quedaba gruñendo, como anunciando que no iba a dejar pasar a nadie, hasta que un día cuando llegué a trabajar, Miguel estaba distinto, ya no veía bien, chocaba con las cosas, uno de los mecánicos me dio ventón para llevarlo al veterinario, y ahí nos dijeron que se había quedado ciego, cuando lo regresa el taller, el encargado, mi jefe, nos dijo que a veces eso les pasa a los perros que se enfrentan a un fantasma o a cosas peores, que un perro ciego significa que había al mal los ojos, que significa también que éste se fue, y aunque yo no le creí mucho, la verdad es que desde ese día nunca más escuchó nada en el techo, ni en el patio, ni en los alrededores, y trabajé dos años más ahí, cuando dejé ese trabajo me llevé a Miguel conmigo, ni siquiera pregunté, lo subí al carro y nos fuimos a la casa, aquí vivía tranquilo conmigo hasta que se murió, y no se si era por costumbre por algo más, pero cada noche el Miguel antes de dormir se ponía enfrente de la puerta de la casa, ese era su lugar, ahí le encontramos a un sormidito el día que se murió, hasta su último respiro intentó protegernos