Relatos de la Noche

Especial de Historias de Traileros y Carreteras

35 min
Dec 16, 20254 months ago
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Summary

A special episode featuring supernatural and paranormal stories from truck drivers and travelers on Mexican highways. The episode includes three main narratives: a father and son's encounter with a possessed girl and her family, a widow's account of her husband's protection through prayer against cartel threats, and a moving truck driver's harrowing escape from supernatural entities in Veracruz.

Insights
  • Spiritual protection and faith narratives are deeply embedded in Mexican trucking culture as coping mechanisms for real violence and supernatural fears
  • The blurred line between cartel violence, supernatural encounters, and psychological trauma creates a unique storytelling tradition among commercial drivers
  • Long-haul trucking in certain Mexican regions carries documented risks of organized crime recruitment, kidnapping, and extortion that drivers normalize through narrative
  • Religious devotion (particularly to San Pedro and Virgin of Guadalupe) functions as both psychological comfort and cultural identity marker for vulnerable workers
  • Isolation on remote highways creates conditions where drivers attribute unexplained phenomena to supernatural causes, reflecting broader safety anxieties
Trends
Normalization of cartel coercion and extortion targeting commercial drivers in Mexican states like TamaulipasGrowing podcast audience of night-shift workers (taxi drivers, truckers, delivery personnel) seeking companionship through audio contentSyncretic religious practices combining Catholic saints with folk spirituality as trauma processing among working-class communitiesDocumented increase in organized crime targeting commercial transport routes in Gulf Coast states (Tamaulipas, Veracruz)Storytelling as occupational coping mechanism for workers in high-risk, isolated professions with limited institutional support
Topics
Cartel extortion and recruitment of commercial driversSupernatural folklore and paranormal encounters on Mexican highwaysReligious faith and spiritual protection practicesOrganized crime violence in Tamaulipas and VeracruzTruck driver safety and occupational hazardsPsychological trauma and narrative processingFolk spirituality and Catholic syncretismNight-shift worker isolation and mental healthHighway robbery and criminal activityFamily protection and spousal support during threatsPrayer and religious devotion as coping mechanismParanormal entities and supernatural beingsLong-haul transportation logistics and routesCommunity storytelling and oral traditionFear and anxiety in isolated work environments
Quotes
"Es una buena noche para contar historias de terror, el ambiente es frío por aquí, desde donde escribimos y se antoja tomar un café, un té, un mate y reunirnos a contar y a escuchar historias."
HostOpening
"Mi papá manejaba un camión de redilas, esos pequeños camioncitos de carga que tienen redilas, rejas o barandales pues delimitando la plataforma de carga."
First storytellerEarly narrative
"Cuando se nos apagó la camioneta, cuando se bajó a ver que pasaba atrás, la niña estaba flotando, la niña estaba como acostada pero parecía que se iba ir volando y el muchacho la detenía con todas sus fuerzas."
First storyteller (recounting father's account)Climax of first story
"Le preguntaron de qué le iba a servir la dignidad una vez estando muerto y ahí se lo hicieron pensar, pero de nuevo los mando al diablo y les dijo que no les tenía miedo."
Terecita (second storyteller)Middle narrative
"Sentí que de alguna forma en ese camino al lado de esa montaña oscura, nadie, nada me veía, como si ahí no me alcanzara la bendición ni me acompañara la virgen de Guadalupe."
Third storytellerVeracruz encounter
Full Transcript
A través de un camino muy oscuro, uno que apenas iluminaba mis faros, pero mi instinto me decía que tenía que seguir, llegar lo más pronto posible a la carretera principal, a la civilización. Respire hondo, pero frente a mí en la carretera, una mujer caminaba de espaldas, descalza. La vi apenas a tiempo para frenar y no atropellarla. Me detuve antes de llegar a ella, volteó hacia mí. Es una buena noche para contar historias de terror, el ambiente es frío por aquí, desde donde escribimos y se antoja tomar un café, un té, un mate y reunirnos a contar y a escuchar historias. Agradezco a toda la gente que las ha compartido y sobre todo a quienes van a escuchar los siguientes relatos de chuferes, de conductores, de traileros, historias de la vida al volante, de los encuentros en carreteras que no van a dejar su mente, sobre todo si nos escuchan mientras manejan. Y bueno, si van a escuchar este episodio manejando y de noche, pues es el escenario perfecto que les puedo decir. Este episodio está dedicado a ustedes que va manejando, todos los demás, los que estén en sus casas o vayan en el transporte público, si pueden cerrar los ojos, y dejanse llevar, porque ya están entrando en los siguientes relatos de la noche. Mi papá manejaba un camión de redilas, esos pequeños camioncitos de carga que tienen redilas, rejas o barandales pues delimitando la plataforma de carga. Era de su trabajo pero lo dejaban usarlo los fines de semana para chambas extra, siempre y cuando lo cuidara mucho, y en uno de esos viajes a otro pueblo es donde nos pasó lo siguiente. Fui a un pobladito unos 40 minutos de aquí a llevar unos materiales para una obra en construcción, cargamos unos costales de cemento y unas maderas, como muchas veces yo me le pegué, me gustaba ayudar a mi papá aunque en ese entonces todavía no podía cargar tanto, tenía 12 años. La obra donde dejamos todo estaba vacía pero le habían dado las llaves para dejar adentro la carga, iba a ser una casa muy grande y eso me sorprendió, porque en ese pueblo ya había unas cuantas casitas, no eran ni mil habitantes quizás menos, y casi todos en casitas viejas hechas de forma rudimentaria, y así al final de una calle esta vez acasó ten ciernes, esa construcción que se veía de lejos, de dos pisos con terraza, ahí fuimos a dejar la carga y como les digo que yo no cargaba tanto nos tardamos un buen rato, acabamos por ahí de las ocho, cerramos con candado el cerco y ya bien cansados nos dispusimos a regresar, íbamos contentos mucho porque mi mamá cada que trabajamos en fin de semana nos preparaba algo rico que nos esperara calientito en la casa, nadie valoraba más una comida caliente como quien no ha tenido para comer y esa era mi papá, así que estábamos apurados por volver, aquella que era la más alta del pueblo, de ahí vimos que apenas un par de casitas habían prendido una lucecita y eso que ya estaba oscuro, se miraba bonito de ese ahí, atravesamos el pueblo en unos minutos nada más y antes de llegar a la última salida una señora nos vio y corrió hacia nosotros levantando los brazos, llévanos al siguiente pueblo por favor, le doy todo lo que tengo, se refería a nuestro pueblo a donde íbamos y cuando dijo eso nos enseñó las monedas, la pobre no contaba ni 20 pesos, mi papá le preguntó si todo estaba bien, si necesitaba ayuda y la señora insistió en que les lleváramos al pueblo, que se subían atrás, que no correríamos peligro, mi papá se rió, como iba a crear esa señora que mi papá, un hombre robusto acostumbrado a cargar vultos de cemento, se iba a asustar con ella, se bajó de la camioneta y le preguntó que pasaba, le dijo que sí la llevaría pero quería una explicación, la señora agradeció, le dijo que su hija estaba mala, que tenía que llevarle urgente al pueblo, mi papá le repitió que sí lo haría, que se subieran, la señora entonces hizo una señal y de entre los arbustos salió un muchacho con cara de niño pero enorme, seguro me dí a más de dos metros, yo nunca había visto a alguien tan alto, traía cargando a una muchachita que se veía de mi edad, a pesar de la estatura, los ojos del muchacho me acuerdo bien, eran de inocencia, de miedo, la señora ayudó a subir a la muchacha a la parte de atrás del camión, mi papá se quedó callado, no sé si quería más explicaciones, la señora le dijo que aprovecharan que estaba dormida, que los alejara lo más pronto de ahí mientras pudieran, mi papá le preguntó si estaban en peligro y la señora dijo que si veían a su hija fuera, podían hincharla, sin entender nada mi papá subió a la camioneta, esta se bajó por el peso del muchacho que subió de un brinco y continuamos por el camino, ese camino hacia mi pueblo que era feo, peligroso, así que mi papá iba con cuidado aunque la señora le decía continuamente desde atrás que se apurara, unos kilómetros adelante algo más iba diciendo pero no entendíamos, y sin preguntarse a qué medio cuerpo por la ventana y le pregunté a la señora qué pasaba, me vio con tristeza al darse cuenta de que yo era un niño, me dijo que le pidieran papá acelerar, que le había dado pastillas a su hija pero no quería que despertara, no a la mitad del camino, no en la oscuridad, se lo dije a mi papá pero él dijo que no, que era peligroso ir más rápido, que seguiría así y que le hiciera como pudiera, se escuchó algo horrible atrás, la camioneta se apagó de repente, el motor, el radio, todo, como si se hubiera quedado sin energía, escuchamos atrás al muchacho forcejear con algo, la señora decía cosas llorando, cosas que no distinguíamos pero se escuchaban tristes, como si llorara, y se oía también a un hombre más insultando, alguien más estaba allá atrás con ellos, mi papá se bajó, tomó su cuchillo y me dijo que no me moviera, que pusiera seguro, recuerdo el sonido de la montaña de la sierra, los grillos, la noche, potente, los forcejeos atrás, mi papá dio dos pasos afuera hacia la carga y luego volvió, me dijo que no me moviera, que escuchara lo que escuchara, no me fuera a bajar, asomé por la ventanilla que daba hacia atrás, apenas podía ver entre las redilas, no había ningún hombre gritando, lo que estaba hablando era la niña, el muchacho se le había echado encima como para intentar controlarla, mi papá ya había subido a la caja, ayudaba, no sabía a quién y a cómo pero lo escuchaba batallar también, luego escuchaba a la niña reírse, como si le hicieran cosquillas, ya con su voz y entre llanto y esas risas gritaba, vámonos, vámonos. El radio se prendió, mi papá saltó de la caja y se subió, pálido, muy pálido, y él es moreno pero en ese momento parecía una hoja de papel, parecía que no tuviera nada de sangre en la cara, hecho andar la camioneta y nos dejamos ir camino abajo, le piso, aceleró sin pensar en los hoyos en el camino ni los barrancos al lado, la camioneta solo brincaba y brincaba y atrás veía a la señora sosteniéndose y al muchacho presionando a la niña contra el piso, yo me agarre bien, nunca había tenido tanto miedo en la vida, por lo que vi, por lo que escuché, pero también porque nunca había visto a mi papá manejar así, ni siquiera me contestaba, parecía a ido y dos veces estuvimos a punto de agarrar mal la curva y caer, frenó hasta que íbamos entrando a mi pueblo y la señora gritó que no se detuviera, mi papá gritaba de vuelta preguntando a dónde la llevaba, la señora gritaba nada más que no frenara, que siguiera, yo le dije a mi papá, dice la señora que no te detengas, pero él al entrar paró la camioneta y se abajó, sentí un peso enorme cuando el muchacho bajó de un salto, y hacia mi derecha, la niña sale acorriendo con el muchacho nos pasó intentando agarrarla, alcanzarla, la señora salió corriendo, cogeando detrás de ellos, y mi papá y yo nos quedamos ahí, viendo como se perdían en la noche, no supimos que ocurrió, ese día hay había noche cuando pensaron que estaba dormido, escuché a mi papá llorar, me levanté y pegué el oído en su puerta, él le decía a mi mamá que cuando se nos apagó la camioneta, cuando se bajó a ver que pasaba atrás, la niña estaba flotando, la niña estaba como acostada pero parecía que se iba ir volando y el muchacho la detenía con todas sus fuerzas, dijo que ella era la que estaba hablando como un señor, que le salía una voz horrible desde dentro, saben, después de eso la gente de por aquí le empezó a decir el abuelo a mi papá, y es que precisamente a raíz de esa noche, se le cayó casi todo el pelo en cuestión de semanas, y el que le quedó se le volvió blanco, muy blanco, se veía como un viejito aunque aún no llegaba a los 50, por mi trabajo hace poco me ofrecieron subir aquel poblado, ya hay más casitas, algunas grandes, bonitas, pero dije que no, y es que no he subido desde aquella noche, mi papá menos nunca es super oro que vio, quizás porque nunca volvimos a saber de la señora, del muchacho, ni de aquella niña. Muy buenas noches mi comunidad, me llamo Terecita y les agradezco mucho por acompañarme tanto de los días a los que estoy solita, vieron mis dos nietos a cuidarme en los fines de semana, pero de lunes a viernes ya me quedo sola, y he encontrado a ustedes en sus historias, una ventana a un mundo que no conocía, nunca me gustaron las cosas de terror pero por alguna razón escucho su programa con gran atención, siento que los conozco a cada uno que compartí de una experiencia y así es como finalmente me animé a contar la mía, allá por los 90 a mi gordo, mi esposo que en paz descanse, se llama dejando su trailer, el ya estaba grande, cansado, su enfermedad lo haya debilitado y cada vez así a viajes más cortos, por su su trabajo lo apoyaron y le permitieron hacerlo así, no sé como sean otros lugares pero por acá los maleantes se acercan mucho a los traileros, aunque ellos sean honrados y tengan su trabajo normal y les vaya bien, los quieren contratar casi casi obligados a andarles llevando sus porquerías, a aprovechar sus viajes normales, así se le acercaron a mi gordo, le dijeron que ya varios de sus compañeros lo habían hecho pero ya estaban vistos, así que ahora lo iban a usar a él, como en muchos casos le dijeron que tenían los alternativas, hacerlo y ganarse un buen dinero o decir que no hubiera sufrido las consecuencias y mi gordo, terco y necio así como era, les dijo que hicieran lo que quisieran pero que él no les llevaba nada y así terminó aquello al menos por un tiempo, a la semana lo volvieron a buscar, le volvieron a decir lo mismo que le iban a dar una segunda oportunidad, ahora le iban a pagar menos pero que si volvía a decir que no, simplemente ya no iba a vivir para contarlo, le preguntaron de qué le iba a servir la dignidad una vez estando muerto y ahí se lo hicieron pensar, pero de nuevo los mando al diablo y les dijo que no les tenía miedo, pero eso era una mentira, claro, ahí ya fue cuando me lo contó a mi y me dijo que estaba preocupado, que no creía que fueran amenazas en vano, a partir de entonces ya no salíamos juntos y él siempre salía solo, ya no me dejaba usar su carro, si yo salía para todo mecer con las asesinas hasta la tienda nunca sola, quien sabe de dónde pero hasta se consiguió una pistola, a veces lo veía sumándose por la ventana, cuando escuchaba voces raras en la calle, de gente que no era de aquí, yo lo veía quedarse con la mano en la pistola fajada, listo para sacarla, lo que le hicieron fue torturarlo con el miedo, porque no le dijeron cuando, nada más que iban a ir por él, yo estaba muy mal y se lo comenté a una vecina, muy de bota y nos juntamos para hacer oración, entre amigas con la conocida de una conocida, llegamos a doña mayo, que vino desde lejos a orar con nosotras y a pedir por su protección, me dio unas veladoras rojas para san pedro, les había rezado toda la noche velándolas, me dijo como rezarle para hacer al gordo invisible a sus enemigos y yo empecé a rezar con mucha mucha fe, convencido de que así con oraciones era como yo puede ayudarle, la única forma que me quedaba, y una tarde si lo estaban esperando, dos muchachos apenas mayores de edad y uno viejo experimentado, los tres con armas listos para cumplir la orden, estacionados en la esquina con vista clara para la casa, y recuerdo haber visto ese carro desde temprano, recuerdo que sentí algo raro, pero hice lo que hacia siempre, seguí pidiendo san pedro, que me lo hiciera invisible a los enemigos, habían pasado semanas y mi gordo se estaba descuidando, había dejado de tener miedo, o se había cansado de tenerlo, una de las dos, ese día salió caminando para ir a dejarle rápido una herramienta a su compadre, otro trailero que vivía a la vuelta a dos cuadras, pasó por enfrente del carro de los hicarios, pero no le hicieron nada, luego el gordo pasó de vuelta, con su paso lento y pesado como siempre, sin prisa, de nuevo frente a ellos, avanzó dándoles la espalda, caminando hasta acá, hasta la casa, y llegó sin ninguna novedad, apenas unos minutos después, estamos platicando cerca de la ventana cuando escuchamos el sonido de una patrulla, y luego escándalo, una patrulla había pasado y vivió sospechosos a los hombres en el carro y se acercó, luego luego uno de los muchachos salió corriendo, los otros dos no alcanzaron ni a sacar la pistola, los se tuvieron con varias armas, al muchacho que corrió lo agarraron unas horas después, a ese al que más miedo tenía, fue al que le sacaron todo, era su primer trabajo, mi gordo era la prueba para que se uniera a los otros, a la banda, estuvieron esperando toda la mañana para matar a mi gordo, pero dijo que nunca lo vieron salir, que se quedaron ahí esperando, atentos a la casa, a la ventana, a la puerta, pero no salió, y eso fue lo raro comunidad, porque les juro que si lo hizo, que les pasó por delante, y ahí entendí que aquella oración, no solamente era sentido figurado, que san pedro me lo hizo invisible por un momento a sus enemigos, y estoy segura de que eso le salvó la vida, mi gordo murió muchos años después en 2010, una vida tranquila, sobre todo sus últimos años, cuando dejó de manejar, siguió yendo al almacén con sus compañeros, yo creo que los muchachos nuevos se aprendieron mucho, sobre todo que la dignidad no tiene precio, y ahora le pido a san pedro todavía, por todos ellos, los que llegaron después de él a trabajar los camiones, porque manejen con cuidado, porque no sean visibles a la gente mala, y hoy como sé que mucha gente te escucha manejando, como escuchaban antes el radio, hoy si me dan permiso les pediré por todos ustedes también, muchas gracias por escuchar mi historia, aunque no sea de fantasmas, ni de miedo como lo hace más. Comunidad creo que esta anterior historia está muy ligada a la que sigue, no solo porque nos habla de sucesos a conductores, a camioneros, a una carretera, sino porque nos habla de un santo en particular, de san pedro, como escucharon la historia anterior también tiene un elemento paranormal, un elemento de fe si quieren llamarlo así, por ello estoy totalmente convencido de que valió la pena contarse, aún cuando ustedes alguien ahí afuera no creen en ello. Recuerdan el eseticismo selectivo del creesable, hay gente que creen fantasmas o embrujas, pero ve de risa creer en santos, y hay gente que creen opuesto, aquí respetamos todas las creencias porque todas son parte de una experiencia personal, de la vida de cada persona, de sus circunstancias, pero bueno ya no los distraigo con más reflexiones, es hora de volver a la carretera. De una forma o de otra siempre he trabajado al volante, he manejado de todo, desde taxis, camioneros, repartidores, hasta montacargas, pero ahora voy a tener que contarles un breve periodo de mi vida cuando manejé un camioncito de mudanzas, nunca fue mi trabajo principal, pero manejaba mientras trabajaba en un taxi por la noche también, mi papá estaba enfermo y mis hermanos y yo trabajamos todo lo que podíamos para ayudar, por eso por la necesidad termine aceptando un viaje largo de mudanza de reinoza tamolipas a Cuatzacuacos Veracruz, tamolipas y veracruz son estados colindantes en el golfo de México, pero quien nos conoce sabe que estas dos ciudades están en los extremos más lejanos de ambos, así que este recorrido se convirtió en un camino de más de 20 horas por carreteras y poblados que me advirtieron, podían ser bastante peligrosos. Debo aclarar que estoy hablando de un tiempo en el que tamolipas no era lo que es ahora, un lugar donde es difícil transitar con seguridad por las carreteras, por cualquiera, en aquel entonces los puntos peligrosos eran pocos y conocidos, pero aun así fui con mi abuela antes de salir para que me echara su bendición, yo no creía en nada pero siempre supe que algo bueno iba conmigo cuando me decía que la virgen de Guadalupe me acompañaba, así que cada que iba a ser algo importante, un nuevo trabajo o algo que se sentía riesgoso como ese viaje, pasaba antes con ella para llevarme su bendición, así que pasé por ahí, luego por el camión de mi amigo, de mi jefe, que ya estaba cargado y salí rumbo a la carretera, listo para llegar el día siguiente a mi destino por la tarde, como se había programado, el reto no solo era llevar el camión cargado de muebles hasta Cuatacualcos, sino que nunca había llegado hasta allá, de Veracruz apenas conocí a una playita que estaba entrando al estado y ya, y ahora tenía que atravesarlo completito, les estoy hablando de un tiempo donde no llevábamos mapas en el teléfono, así que tenía que poner atención a todos los señalamientos y no perderme o iba a terminar en quien sabe qué pueblo, y entonces sí, desviándome podía meterme en problemas, yo iba una hora detrás el primer camión de mudanza, el que llevaba mi amigo y dueño del negocio, él llevaba a dos cargadores, yo manejaba solo, pero llegaría justo a tiempo para que descargaran también este, al menos ese era el plan, mi amigo siempre fue chambeador pero lamentablemente en todos sus emprendimientos, siempre busca como ahorrarse unos pesos, en este caso mandándome el camino a mi solo, me acuerdo muy bien lo gusto que iba a las primeras horas de camino, lo bonito que fue ver a lo tardesero en la carretera, escuchando música, no más pensando, la verdad es que por ahí va pensando en lo bueno que era yo solo, soy muy serio, se me hace difícil hacer plática con gente que no conozco, así que iba disfrutando del camino, de ir en silencio, no más escuchando mi música y el motor del camión, ya era de noche cuando salí de Tamolipas, cuando me di cuenta de que nunca había manejado tan lejos en mi vida, todo estaba muy oscuro por allá, los pocos pueblos por los que pasaba se veían solitarios, en tinieblas, como si no viera nadie, llegué una parte con un carril pintado, con rayas, parecía que ya no podía avanzar, que si seguía me iba a meter en sentido contrario, así que tomé una deseación, ahora entiendo que eso fue un error, que debía haber seguido derecho, que fue una confusión, que me salí de la carretera por un momento de duda, de distracción, una decisión en el último segundo, pero es que estaba muy oscuro, las luces del camión iluminaban muy poco del camino, y no entendía, me di cuenta cuando era demasiado tarde, cuando la deseación que tomé me llevó un camino de un solo carril que se alejaba de la carretera y que tampoco parecía llevarme un pueblo, no me llevaba a ningún lado, solo había oscuridad y no encontraba donde darme la vuelta, era demasiado peligroso intentar una vuelta en U y incluso se hubiera tenido espacio para dar macha atrás, así que avance esperando encontrar un lugar para volver pero no había ninguno, avance, avance y avance hasta que vi unas luces adelante, unas casitas, pensé que seguro ahí encontraría el camino para volver a la carretera, para continuar hacia el sur, recuerdo que me detuve al lado del camino en cuanto encontré un lugar para salir de ese pequeño carril, intenté revisar el mapa sin tener idea de dónde estaba todavía y ahí sentí algo, sentí algo por primera vez en mi vida, o más bien si pienso bien para intentar explicarlo, fue lo contrario, algo que dejé de sentir, algo que me faltaba, la bendición de mi abuelita, ahí no la sentía, estaba solo, lejos de todo, sentí que de alguna forma en ese camino al lado de esa montaña oscura, nadie, nada me veía, como si ahí no me alcanzara la bendición ni me acompañara la virgen de Guadalupe, por eso cuando unas luces aprendieron unos 40 metros adelante, cuando una persona se asomó de la ventana de una de las casitas, sentí que me tenía que ir de ahí, sentí que estaba lejos del mundo, aceleré a como podía el camión, que no era mucho, un poco más en frente para encontrar donde dar vuelta, ya el llegar a las casitas y un camino que parecía volver hacia la carretera principal y lo tomé, la persona que se asomaba por la ventana de la casita hizo una señal y gritó algo que no alcancé escuchar, pero yo salí acelerando de ahí, por suerte pude agarrar velocidad para dejar atrás esas casitas en segundos y ya estaba de nuevo en un camino oscuro, uno que apenas iluminaba mis faros, pero mi instinto me decía que manejaba ya de vuelta la seguridad, a la carretera, a la civilización, respire hondo pero frente a mí en la carretera se me apareció una mujer caminando de espaldas, descalza, la había apenas a tiempo para frenar y no atropellarla, y en cuanto me detuve, alguien me saltó al lado de la puerta, dentro de la oscuridad, alguien lo hizo también del mismo modo del lado del copiloto, dos hombres me bajaron en un segundo y entendí de que trataba todo, maldita sea, me estaban robando, justo lo que me habían advertido, de lo que me había hablado tanto mi amigo, no te desfíe eso en cualquier desviación en el lugar equivocado, en el pueblo equivocado, a esas horas nos quedamos sin carga, y si te pones fiera no la cuentas, tanto me lo dijo y fue lo primero que hice, y si tanto fue mi suerte que me salí de la carretera en uno de esos pueblos equivocados, quizás en el peor, lo único que hice fue cooperar, más valiera que no pusiera resistencia, que dejara que se llevara lo que fuera para que no hicieran daño, así que bajé con las manos arriba y me empujaron hacia un lado del camino, hacia la montaña, cuando me llevaban hacia allá volteaba el camión, pero luego recibí otro empujón, y noté que nadie se subía en él, que no habría la caja, que no sacaba nada, y a mí, a mí esos dos tipos, la mujer de la carretera y otro más que no sé de donde salió, me empujaban y me jaleoneaban hacia la maleza, y me hacían subir hacia la oscuridad, pulteé una vez más, y antes de recibir un golpe en la cara pude ver el camión de mudanza solo, con las luces encendidas en medio del camino, me di cuenta de que no me habían detenido para robarme, que por alguna razón me estaban haciendo subir a la montaña, me estaban llevando a mí, recuerdo que tenía mucho miedo, que lo único que podía hacer era seguir caminando, me empujaban y me decían cosas raras, no les entendía y todo solía muy feo, horrible, parecían gente salvajes del oscuro, parecía que me iban gruñendo, cerré los ojos, porque era lo mismo, porque con los ojos abiertos tampoco podía ver nada del oscuro que estaba, pensé en mi abuela, intenté sentirla cerca, intenté sentir su bendición, creer, tener fe, esa de la que ella tanto me hablaba, y en ese momento me pregunté si sería peor mi destino si seguía caminando, o si intentaba luchar, escapar y me hacían daño, me convencí de que si subía, fuera cual fuera la razón, no iba a volver, me convencí de que tenía que luchar por escapar, al menos intentarlo, abrí los ojos, empujé uno de los hombres y cayó entre las ramas, sin ver patíe y lancé golpes, le pegue al otro, le pegue a la mujer, sentí que golpeé algo pequeño que intentaba morderme, que parecía un niño, y luego empecé a correr hacia la nada, hacia abajo, de vuelta al camión, dejé ir las piernas, caí y me levanté, no veía nada más que la luz del camión a lo lejos, y corría hacia él con todas mis fuerzas, seguí aprendido, lo habían dejado así, me subí y pise al acelerador a fondo, pero el pobre motor apenas se avanzaba, de todas formas no me detuve, y si les puedo confesar algo, si se me hubiera atravesado a alguien, no hubiera frenado, ya no, sentía que mi vida dependía de ello, de volver a la carretera principal, y cuando finalmente llegué, cuando finalmente lo hice, empecé a llorar, respiré, sentí que estaba casi a salvo, pero de todas formas continué manejando por sobre límite de velocidad, sobre todo para el pobre camión que ahí si noté que empezaba a cascabalear, no era el de mejor estado mecánico, apenas iba a llegar al destino, pero en ese momento lo que menos me importaba era echarme el motor, a pesar del ruido del motor forzando se creí escuchar algo, algo que me hizo volver la vista hacia el cerro, hacia la oscuridad de la montaña de la que acababa de escapar, ahí, ahí fue la primera vez en mi vida que vi una bruja, y con bruja me refiero a las bolas de fuego esas que vuelan cerca de los árboles, no tengo idea de que sean, pero si les llaman, y esa que yo viera muy clara, y volaba rápido paralela a mí, pero allá arriba en el cerro, a veces acercándose un poco más a la carretera, de pronto se alejaba, hasta que se esfumó de repente, y ya no me detuve, no me detuve ni por un momento hasta que terminé alcanzando mis compañeros llegando a Veracruz puerto, y eso con todo el tiempo que había perdido, me vieron sorprendidos, me preguntaron qué había pasado, por qué me veía así, y les conté todo, tal cual, hasta con la bola de fuego volando, siguiendome, me dijo uno de los cargadores, que era Veracruzano precisamente, que no me habían querido robar la carga, que iban por mí, que me llevaban para entregarme a algo en la montaña, que tenía suerte de haber sobrevivido, porque lo que está ahí arriba no solo se come tu cuerpo, sino el alma, que esa zona estaba llena de brujas, pero no como las que uno escucha cuando se habla de Veracruz, de Catamaco, brujas diferentes, seres del bosque que tienen ciclos ahí, yo sentí que estaba exagerando, y él siempre fue así, exagerado y medio cuentero, pero me dio mucho miedo a lo que me dijo, pensar en la posibilidad de que tuviera al menos algo de real, imaginarlo cerca que estuve de un destino tan espantoso, de alguna forma siento por más que me digan que tuve suerte, que me salvó la bendición de mi abuelita, y ahora cargo siempre con una medallita de zambanito que me dio, la traigo atada en mi tobillo izquierdo, no me le quito para nada, y sobre todo, siempre, siempre, repito en la misma oración a San Pedro, para que me cuide a mí y a mi familia, no sé si es casualidad, no sé si ya no he estado en lugares llenos de maldad, pero hasta ahora nunca he vuelto a sentir que esté en un lugar donde no me alcance su bendición, y los cuidados de la virgen y de sus santos, muchas gracias por escuchar comunidad, gracias por dejarnos acompañarles, sobre todo si van manejando, sobre todo si no se escuchan, desde una oscura carretera, abran bien los ojos, lo único seguro es que uno de ustedes será el siguiente protagonista de relatos de la noche.