Relatos de la Noche

Los Espíritus del Metro Indios Verdes (y otras historias de terror)

41 min
Nov 14, 20255 months ago
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Summary

Relatos de la Noche presents seven supernatural horror stories set in Mexico, including haunted houses in Xochimilco and Iztacalco, paranormal encounters in Mexico City's metro system, and mysterious entities in Yucatán. The episode explores themes of unexplained phenomena, spirits trapped in repetitive patterns, and the blurred line between rational explanation and genuine supernatural occurrences.

Insights
  • Supernatural narratives often gain credibility through mundane details and witness corroboration rather than dramatic spectacle
  • Repeated, predictable paranormal behavior (doors opening at same time, footsteps following patterns) creates psychological unease more effectively than violent hauntings
  • Personal testimony from trusted sources (family members, neighbors) significantly influences belief in paranormal experiences despite lack of physical evidence
  • Urban infrastructure like metro systems and inherited properties serve as vessels for collective trauma and unresolved deaths in Mexican folklore
  • Psychological professionals and skeptics can experience paradigm shifts when confronted with unexplainable phenomena that challenge their worldview
Trends
Growth of podcast-based horror storytelling as a cultural medium for exploring regional folklore and urban legendsIncreasing audience engagement with first-person paranormal narratives that blur fiction and lived experienceNormalization of supernatural beliefs across educational and professional demographics (psychologists, engineers, office workers)Metro systems and public transportation emerging as modern folklore settings replacing traditional haunted housesIntergenerational transmission of paranormal experiences within families as narrative traditionMonetization of horror content through streaming platforms (Amazon Music partnership mentioned)Community-driven content creation where listeners submit personal paranormal accounts to established horror podcasts
Topics
Mexican Urban Folklore and LegendsHaunted Houses and Inherited PropertiesParanormal Activity in Public TransportationSupernatural Entities and Spirit ManifestationsPsychological Impact of Unexplained PhenomenaMetro System Hauntings (Indios Verdes Station)First-Person Paranormal TestimonySkepticism vs. Belief in Supernatural EventsRegional Mexican Folklore (Yucatán)Trauma and Repetitive Supernatural BehaviorProfessional Credibility and Paranormal ExperiencesListener-Submitted Horror StoriesCultural Narratives Around Death and SpiritsSupernatural Warnings and PremonitionsPodcast Community Engagement
Companies
Amazon Music
Podcast Week sponsor; provided platform opportunity for Relatos de la Noche to collaborate with other creators
People
Andrés Martínez
Narrator of first story about haunted ancestral house in Xochimilco following aunt's death
Julio Emanuel Ávila
Submitted account of paranormal activity in purchased home in Iztacalco with deceased previous resident
Paula
Mental health professional who encountered unexplainable paranormal phenomena through patient therapy sessions
Isla
Commuter who witnessed supernatural entity at Indios Verdes metro station and received warning of accident
Abram
Yucatán resident who encountered mysterious entities at ranch near Tizimín
Quotes
"el terror siempre es un buen pretexto para escapar aunque sea por un momento de los problemas de allá afuera"
HostMid-episode introduction
"en la vida hay cosas que uno no puede explicar pero que eso no quiere decir que no sean tan reales como lo que sí podemos ver, tocar"
Isla's fatherIndios Verdes story
"la regularidad, eso fue lo más perturbador, era como si alguien siguiera un guión que nosotros no podíamos ver"
Julio Emanuel ÁvilaLa Casa Quemada story
"no la vimos nunca, no hubo sombras caminando ni apariciones espectrales, pero la regularidad de los eventos fue lo más inquietante"
Julio Emanuel ÁvilaLa Casa Quemada conclusion
"parecía en blanco y negro, y mientras la veía empezó a mover la mano con la que me saludaba, señalando hacia mi lado derecho"
IslaIndios Verdes metro encounter
Full Transcript
Les voy a pedir que se den la oportunidad de escuchar. Estamos en una zona muy rica en historias y en leyendas, así que les invito a dejarse llevar a través de estas siete historias de casas embrujadas. Ya están escuchando relatos de la noche. Hola comunidad. Me llamo Andrés Martínez y hace un par de años tuve que regresar a mi sochimilco por algo que no esperaba. La muerte de mi tía Clara. Ella fue la última en vivir en la casa de mis abuelos y cuando falleció, la casa se quedó completamente sola. En una construcción viejita de adobo y tejas, rodeada por un terreno amplio donde alguna vez se sembró. Ahora, lleno de hierbas crecidas, que sólo paraban en un corredor de tierra que rodeaba la casa. No estaba lejos de los canales. No había vuelto desde niño, pero por razones prácticas y para cuidarla decidí quedarme allí mientras encontrábamos y arreglábamos los papeles de la herencia. Pensé que sería solo una o dos noches. Todo siempre estuvo muy en orden, así que no creí que se fuera a llevar más. La primera noche fue extraña. Y no porque pasara nada, sino por el silencio. El tipo de silencio que ya no exista en la ciudad y que aparecía tan extraño de nuevo, tan ajeno. Se escuchaban los grillos, un perro lejano y el viento colándose por las rendijas de las ventanas de madera. Estaba acostado cuando de pronto escuché pasos en el corredor alrededor de la casa. Pasos lentos y medio arrastrados, cansados. Quizás no me lo van a creer, pero eran exactamente como los pasos de metía Clara, con su pierna mala, cuando caminaba en las noches para revisar que todo estuviera en orden. Pensé que era mi imaginación, que estaba sugestionado por volver a un lugar que no pisaba desde así a más de veinte años y nada más. Pero la segunda noche pasó lo mismo. Solo que esta vez, los pasos no se detuvieron al dar la vuelta completa. Esta noche, los pasos se quedaron un momento justo afuera de la ventana de mi cuarto. No me atrevía a moverme, no me atrevía a voltear, no quería comprobar que había alguien ahí. Solo me quedé con la cobija hasta la nariz, escuchando como después de un rato se alejaban. La tercera noche decidí no dormirme. Bueno, quiero pensar que lo decidí. Lo cierto es que de todas formas no iba a poder hacerlo. Apague todas las luces, pero solo me quedé sentado en la sala, recordando, jugando con una linterna pagada en la mano. La casa crujía como siempre. Hasta que escuché, esta vez muy claramente, el chirrido de la puerta trasera abriéndose. No fue un golpe de viento, no fue un animal. Fue el sonido preciso de la traba levantándose y la madera abriéndose lentamente. Corrí con la linterna, encendí todas las luces y no había nada. La puerta estaba cerrada como siempre. Me hice cada rincón, cada ventana y todo estaba intacto. Me quedé un buen rato despierto sin atreverme a pagar las luces. Por la mañana me preparé un café y salí a tomarlo afuera con el sol de la mañana. Ahí, ahí fue cuando vi las huellas, huellas alrededor de la casa. Habían huellas escalsas, marcas de lodo, como si alguien hubiera llegado del canal y hubiera caminado sin limpiarse los pies. Llegaban hasta la puerta de la casa y ahí desaparecían, como si hubiera entrado. No volvía a quedarme otra noche en esa casa. Cada noche ahí las cosas que pasaban subían de intensidad y aunque quería mucho a mi tía, de verdad dudaba que lo que se estaba manifestando, aunque se escuchara como ella, fuera realmente su fantasma. Arreglé lo que tenía que arreglar. Alguien más se terminó quedando con la casa. Yo regresé a mi departamento, a la ciudad, a mis ruidos en la calle permanentes y tal vez mi historia sería más interesante pero no me atrevía a quedarme. Aun así, espero que les haya gustado este pequeño relato. Bien comunidad, a la siguiente historia le hemos titulado La Casa Quemada y nos le envía Julio Emanuel Ávila y dice lo siguiente. Hola comunidad, les quiero contar lo que nos pasó hace un par de años cuando mi pareja y yo decidimos dar uno de los pasos más grandes de nuestra vida, comprar una casa. No éramos ricos ni nada por el estilo, simplemente habíamos ahorrado durante años y cuando por fin vimos que teníamos la oportunidad nos lanzamos. Vivíamos en un departamento pequeñito en la Narvarte, de esos que parecen más grandes en las fotos internet. Era bonito sí pero ya no cabíamos. Ya teníamos en la cabeza la idea de formar una familia y queríamos más espacio, un lugar que pudiéramos arreglar a nuestro gusto, que fuera verdaderamente nuestro. Después de meses buscando encontramos una casita en Iztacalco. No era moderna ni mucho menos lujosa pero tenía algo que nos gustó desde que cruzamos la puerta. Nos habría explicado exactamente qué era, tal vez que olía a casa vieja, a madera, a historias, tal vez olía como la casa donde crecí. Tenía dos cuartos, un pequeño patio trasero y una ventana en la sala que dejaba entrar la luz en la tarde de una forma muy bonita. Y creo que por eso nos decidimos rápido, era perfecta para nosotros. Las primeras semanas fueron felices, agotadoras pero felices. Pintamos las paredes, acomodamos muebles que nunca habíamos tenido espacio para usar, fuimos amigos y familiares que nos felicitaban, todo iba muy bien. Pero desde el principio hubo detalles, detalles pequeños pero que empezaron a llamar nuestra atención. La primera semana notamos que sin importar cuantas veces cerraramos la puerta de la recámara, siempre amanecía entreabierta. No de par en par, no completamente abierta. Pero entreabierta, como si alguien lo hubiese abierto para asomarse en la madrugada, como para vernos dormir. Pensamos que tal vez no lo cerrábamos bien o que el marco estaba chueco como pasa con casas viejas. Mi pareja hasta le puso un pequeño seguro por dentro de esos sencillos para evitar que se estuviera abriendo sola, pero no sirvió. Una noche nos despertamos casi al mismo tiempo, como si un ruido suave nos hubiera llamado. Eran las cuatro de la mañana, me acuerdo perfecto porque volteaba a ver el reloj, y ahí estaba la puerta abierta otra vez, en ese mismo ángulo exacto de siempre. No escuchamos pasos ni nada más, solo el silencio de la madrugada. No inquietante pero intentamos no dar la importancia. Pero después, después vino el olor. Un olor a madera quemada que aparecía únicamente en las madrugadas. No era constante ni llenaba toda la casa. Era como si una abriza lo trajera de algún punto específico y luego desapareciera. Los camos por todos lados, la estufa, las instalaciones eléctricas, los muebles viejos, no encontramos nada. Y luego, la ventana. Una ventana del pasillo que siempre cerrábamos con seguro antes de dormir y que sin falta empezó a amanecer abierta. No medio abierta, no estaba rota, amenecía abierta, como si alguien lo hubiera desbloqueado desde adentro. De ella incluso cambiamos el seguro por uno nuevo pensando que el anterior estaba dañado, pero no sirvió de nada. Al principio nos rellemos nerviosos, como hacen muchas personas cuando algo no tiene explicación lógica, pero con el tiempo esa risa se fue apagando. La sensación que empezó a crecer no era de miedo o de película, era más bien esa incomodidad silenciosa que se instale en tu rutina, como si alguien más estuviera ahí, compartiendo la casa con nosotros pero sin mostrarse. Un día hablando con los vecinos notamos algo raro. Cada vez que mencionábamos la casa donde vivíamos cambiaban de tema o simplemente decían, ah sí, la casa de la esquina, pero no decían nada más. No era como esas historias donde te dicen que hay espantan o que nadie dura mucho tiempo en esa casa, simplemente evitaban hablar de ella. Hasta que una vecina mayor, la señora Lupita, me lo dijo en voz baja una tarde, justo afuera de nuestra clasa, platicando los dos cuando mi pareja no estaba, como si algo cambiara en que me lo dijera únicamente a mí. En esa casa hubo un incendio, mi hijo, hace ya muchos años, alcanzaron a pagar casi todo a tiempo pero ahí se murió una señora, dicen que fue la recámara principal, la que da el patio, por eso nadie de por aquí quería comprarla, por eso se tardó tanto en vender. La señora no lo dijo como quien cuenta una leyenda, sino como quien recuerda un hecho sin adornos, sin drama, y después de eso todo tomó un matiz diferente. Cada noche cuando escuchábamos el ligero clic del seguro cediendo o veíamos la puerta abrirse exactamente en la misma hora, no podíamos evitar imaginar que era ella, que algo de esa mujer seguía ahí, repitiendo sus movimientos, reviviendo la misma madrugada en la que perdió la vida. No la vimos nunca, no hubo sombras caminando ni apariciones espectrales, pero la regularidad, eso fue lo más perturbador, era como si alguien siguiera un guión que nosotros no podíamos ver. Una madrugada sin saber por qué, mi pareja despertó de golpe y me dijo, ya viene, y si, nosotros después, la puerta se abrió exactamente igual que siempre. Nos quedamos en silencio sin movernos, el olor a madera quemada llegó como una ráfaga, la ventana del pasillo golpeó con un clac al abrirse y no hubo más. Nunca pensamos en mudarnos, al menos no de inmediato, la casa era nuestra, y de cierta forma sentimos que aprenderíamos a convivir con eso, no era una amenaza, era una presencia, era rutina. Y con el tiempo incluso dejamos de cerrar la puerta de la recámara, de alguna forma era peor despertarnos con ella abriéndose que simplemente dejarla abierta desde el principio, como ella quería. No se si era un alma penando, no se si era solo una energía atrapada en la repetición de su última noche, lo único que sé es que esa casa nunca estuvo sola, nunca estuvo realmente vacía y que cada madrugada a la misma hora algo en ella todavía se mueve, como si siguiera intentando que esta vez todo termine diferente. Gracias por escuchar mi historia. Comunidad, esto que acaban de escuchar, es nuestra participación en la semana del podcast de Amazon Music, a quienes agradecemos mucho por la oportunidad que nos hicieron de haber convivido con varios varios de ustedes y esperamos que se repita el año que viene. Ahora sí pasamos al episodio de esta noche. Muy buenas noches Comunidad, es un gusto poder estar con ustedes esta noche y de verdad espero encontrarles bien, de buen humor y si ese no es el caso que se pierdan un poquito en las siguientes historias, recuerden que el terror siempre es un buen pretexto para escapar aunque sea por un momento de los problemas de allá afuera. Tenemos historias muy distintas entre sí el día de hoy, así que creo que hay un poco para todos y estoy seguro que este será uno de esos episodios que se quedará con ustedes al terminar. Quizás hacen sus sueños, apaguen la luz y dejense llevar, ya comienzan relatos de la noche. Hola soy Paula, no solo escribir este tipo de cosas pero hace unos meses se empasó algo que todavía no logro entender del todo, soy psicólogo y confieso que escucho relatos de la noche pero solo para relajarme, nunca he sido creyente de lo paranormal, pero esta experiencia no sabría explicarla de otro modo, todo empezó con un paciente, un niño de 7 años llamado Kain, sus padres lo habían llevado a terapia porque tenía problemas para asocializar, era reservado, callado, ya veces parecía vivir en su propio mundo, pero cada vez le costaba más, cada vez era más serio, los pocos amigos que tenía los había perdido, durante las primeras semanas apenas hablaba, se sentaba, dibujaba algo y si le hacía una pregunta me respondía con una palabra o dos, pero poco a poco fuimos avanzando, logró contarme sobre sus escuela, sus compañeros, sus juguetes y aunque sus padres decían que en casa seguía siendo callado, conmigo empezó a soltarse, un día cuando se acercó a despedirse como hacía después de cada terapia, me dijo algo que me pareció muy tierno, sin imaginar lo que vendría después, no puedo dormir, me dijo bajito, le pregunté si tenía pesadillas o si escuchaba ruidos en la noche, no contestó, solo no puedo dormir y no me gusta porque siempre estoy cansado, le prometí que trabajaríamos en eso la siguiente semana, que íbamos a hacer algunos ejercicios para que pudiera descansar mejor y rendir más en la escuela, me acuerdo que se fue feliz despidiéndose con una sonrisa y casi estoy segura que fue la primera vez que lo vi sonreír, me animo mucho, esa noche llegué a casa de buenas y me metí a bañar, le dije a mi esposo que había sido un buen día, que encargaramos algo rico para cenar y viéramos una película y él se puso en eso mientras yo tomaba una larga ducha para relajarme, entre el ruido del agua escuché que alguien tocó el timbre, allá afuera, en la reja del jardín, luego escuché la voz de mi esposo saludar a lo lejos, buenas noches, hubo una pausa, si buenas noches, volvió a decirlo como si hablara con alguien que no le contestaba, no pensé nada raro ni me preocupé, seguí bañándome, cuando salí le pregunté quién era, una señora me dijo, que señora no se venía vestido raro, casi como si fuera una catrina, con un vestido rojo y un sombrero rojo también, como si fuera una fiesta de disfraz, le pregunté si le había dicho si quería algo o si dejó algún recado, y me dijo que no, que solo se quedó para un momento como si esperara algo, y luego simplemente se fue, yo no le di nada de importancia, creo que solo me reí, porque de hecho mi esposo me lo contó sonriendo, un rato después llegó a la cena que habíamos pedido y nos olvidamos del asunto, exactamente una semana más tarde volví a ver a Caín, entró callado, distinto, se sentó frente a mí con los hombros encogidos, le pregunté cómo se había sentido, si había podido dormir mejor, y me dijo, ella no me deja, se enojo mucho, le pedí que me explicara, pensé que se refería a su mamá pero no, la señora dijo, la señora que vive en las paredes, está enojada, dijo que le escuchaba hablarle todas las noches, que lo despertaba para pedirle que salieran a jugar al patio, según él ella se metía por una grieta en la pared, y a veces escondía debajo de la cama cuando llegaban sus papás, le pregunté a su mamá sobre eso, pensando que tal vez había visto una película o está usando su imaginación, la señora me dijo que ya conocía su historia, que desde el año pasado Caín hablaba de una amiga que vivía en las paredes, me dijo que pensaron que era solo una etapa, una amiga imaginaria, cuando le pregunté a Caín cómo era su amiga, le dijo que era una señora de vestido y sombrero rojo, le dijo que podía dibujarla para mí, pero le pedí que no lo hiciera, le dije que no era necesario, y es que como se imaginarán cuando me dijo cómo se veía, me dio un escalofrío de solo imaginarla, no sé si fue coincidencia pero en ese momento me quedé sin palabras, recordé a la mujer que había tocado mi puerta la semana anterior, la imagen que me describía el niño era la misma que me había contado mi esposo, tratando de mantenerla calma le pregunté a Caín más detalles, y el solo dijo a mí no me da miedo, pero a veces me dice que la acompañe, que afuera está más bonito, y después me preguntó, pero verdad que ella no te puede hacer nada a ti? esa pregunta me sacó de balance, intenté disimular, cambiar de tema pero me costó trabajo continuar la sesión, dos semanas después los padres dejaron de llevarlo, dijeron que había tenido problemas económicos y que lo retomarían más adelante, y no supe más de hechos, a veces pienso en él, en como justo cuando empezó a hablar, cuando parecía estar mejorando todo, todo se detuvo de repente, no sé si la mujer del vestido rojo fue una coincidencia, o si de verdad había algo muy raro ahí, pero me quedó el miedo, por más irreal que yo sé que es, por más absurdo que suena, y cada vez que escucho que tocan a la puerta en la noche, espero que sea cualquier cosa, menos ella. Me llamo Isla, vivo en San Pedro, Shalustok, en Ekatepec, y trabajo en un oficín en el centro de la Ciudad de México, llevo años haciendo el mismo recorrido todos los días, salgo de mi casa cuando todo había sido oscuro, tomo la cumbia hasta Indios Verdes y de ahí el metro, entre semana mi vida es eso, el ruido del tráfico, el olor a gasolina, a grasa quemándose, la fileta eterna para subir al transporte, la multitud que parece despertar todo al mismo tiempo, quienes viajamos así sabemos que el metro es otra ciudad, una que empieza a moverse antes del amanecer, hay gente que ya va a mediodormida, otros desayunando de pie, otros con la cabeza recargada en el vidrio tratando de recuperar unos minutos de sueño, yo solo quedarme callada con los otifonos puestos, escuchando música o algún podcast para ser más llevader el trayecto tan largo, esa mañana fue igual que todas, al menos empezó igual, así a frío, un frío raro, seco, como si fuera más temprano de lo que era, a veces en esas horas uno siente que el aire del norte baja por el cerro y se mete hasta los huesos, literal, se sienten los huesos, no crean que lo digo por decir, yo llevaba una bufena de las manos adentro del abrigo, ya estaba parada cerca del borde del andén, esperando el convoy, el lugar estaba lleno, apenas que vio en el mamás, había gente tan apretada que apenas podía mover los brazos, pero siempre pongo atención a algunas personas, para no sentir que solo somos una masa, a mi lado una señora con un canasto lleno de tamales, creo, se iba abriendo paso pidiendo permiso, detrás de mí un grupo de jóvenes platicaba a medio de dormidos, enfrente un señor intentaba leer un periódico de la tarde de ayer, de esos concrímenes en la portada, todo normal, pero vi algo más, a varios metros de mí, no sabría decirte como me di cuenta porque con tanta gente uno no distingue nada, pero de pronto mis ojos se fijaron en una figura que sobresalía entre todos, era una mujer muy alta, de espaldas a mí, inmóvil, me di a, no sé, más o un metro noventa, casi dos metros, era imposible en notarla, el cabello le caía bajo un velo por la espalda, se alcanzaba a ver completamente el asio y oscuro, y usaba un vestido muy largo, de esos que ya casi no se ven, como los que usan las personas mayores o de otro tiempo, y lo más raro es que no se movía, mientras todos daban pequeños pasos o giraban para abrirse espacio, ella estaba firme como una estatua, como si todos la ignoraran, le sacaran la vuelta sin tocarla, se empujaban entre ellos pero a ella no, parecía no ser real de lo quieta que estaba, al principio pensé que tal vez se sentía mal o que estaba distraída, pero luego noté algo que me dio miedo, la gente parecía pasar demasiado cerca a ella, rosándola, ella no reaccionaba, ni un movimiento, ni intento por equilibrarse, nada, me quedé viéndola, tratando de entender si era una persona o si yo estaba viendo mal por la luz o por el sueño, entonces giró un poco la cabeza en mi dirección, apenas unos centímetros, como para poner su oído hacia mí, suficiente para que yo sintiera que me había escuchado, pero a mí por qué, se dirán si todo estaba lleno de gente, pero sentí que se había dado cuenta de mi presencia o de que yo le había notado, no lo sé, fue una sensación rarísima pero la sentí conectada conmigo, como cuando alguien te observa desde lejos y no sabes cómo pero lo sabes, sentí una escalofrío y bajé la vista enseguida, con miedo de que volteara a verme o de verle la cara y fingí que estaba buscando algo en mi bolsa, en ese momento se escuchó el rugido del combo y acercándose por el túnel, la gente empezó a abretarse más, a empujar, a moverse como un solo cuerpo, yo trataba de concentrarme en eso, en avanzar poco a poco, cuando la sensación regresó, esa sensación de que alguien me miraba, pero no sé hacia atrás donde estaba la mujer, los sentidas de mi izquierda, volteé y ahora ahí estaba, la misma mujer, pero en el otro extremo del andén, ahora justo frente a mí, por un segundo pensé que debía estar confundida, que era otra persona pero no, era la misma, la misma altura, el mismo abrigo, el mismo velo, solo que ahora me miraba directamente y sonreía, una sonrisa pequeña, contenida, que se fue haciendo más grande conforme me miraba, luego levantó la mano, despacio y me saludó, una mano muy delgada, pálida, casi huesuda, yo no supe qué hacer, no pensé nada, se lo juro, y aún así por reflejo le devolví el saludo, no sé por qué lo hice, supongo que pensé que si le respondía dejaría de hacerlo, dejaría de mirarme pero no, esa sonrisa se volvió más amplia, más feliz de que yo la viera, y entonces empecé a notar que había algo raro en ella, como si no encajar en el resto del lugar, la luz blanca horrible de la estación rebotaba en la pared, en la gente, en el piso, pero no en ella, era como si estuviera fuera de foco, como si alguien hubiera bajado la saturación de su imagen, parecía en blanco y negro, y mientras la veía empezó a mover la mano con la que me saludaba, señalando hacia mi lado derecho, hacia la orilla del andén, lo hacía riéndose pero sin sonido, una carcajada muda, yo seguí la dirección de su mano y miré hacia allá, apenas lo hice escuchar los gritos, un golpe seco como de cuerpo contra metal, el rechinar de los frenos, el leco del túnel, alguien se había caído a las vías, o la habían empujado o se había ventado, no lo supe en ese momento, la multitud empezó a gritar, hacer señas al conductor del metro para que frenara, un muchacho se lanzó sin pensarlo para ayudar a la señora que estaba atendida sobre las vías, alcancé a ver como el convoy frenó unos metros de ellos, las luces parpadearon, el aire se llenó del hora freno quemada y de los gritos de la gente, la señora y abajo gritaba de dolor, tenía la pierna completamente torcida y la sangre se extendía por el suelo de las vías, algunos intentaban ayudar, otros solo miraban paralizados, y yo entre todo ese caos regresé la vista a la mujer del velo pero ya no estaba allí, no recuerdo bien cómo salí de la estación, solo que caminé sin detenerme con las manos heladas y las piernas temblando, afuera sí ya más frío que nunca, reviste cuánto dinero traía, por suerte me alcanzó para buscar un taxi y cuando me subí no hablé en todo el camino, el chofer solo me miró por el retrovisor y me dijo que me veía pálida, que si estaba bien, le dije que sí, y claro que mentía, pero no tenía ganas de contar lo que había visto, todo el día en el trabajo estuve distraída pensando en esa mujer, no en la que se cayó, sino en la otra, en la mujer del velo, en cómo me había mirado, en la carcajada muda, en el momento exacto en que señaló hacia la orilla justo antes de que alguien cayera, no quise contárselo a nadie, quién me va a creer, todos me iban a decir que había sido la impresión o que mi mente mezclo las cosas con el susto, pero el día siguiente cuando regresé a Inyos Verdes, sentí otra vez ese frío en el aire y ya que me subí al metro, miré hacia afuera sin querer, hacia el andén, entre la multitud por un segundo me pareció verla, alta, inmóvil, con ese mismo velo sobre su cara lo suficientemente transparente para ver su sonrisa, cerré los ojos, respire a hondo y cuando los abrí ya habíamos avanzado, ya no estaba, o tal vez nunca estuvo, a veces pienso que esa mujer no estaba saludando, que estaba tal vez atuirtiéndome de algo o esperando que yo me acercara un poco más al borde del andén, esa noche me atreví a contarlo, llegué a casa más tarde en un normal, cansada con frío, no comí nada en todo el día pero solo quería llegar a dormir y sin embargo cuando abrí la puerta había mi papá sentado en la cocina comiendo algo rápido antes de irse a trabajar, que así nunca coincidimos a esa hora, el trabaja de noche y cuando yo llego normalmente ya se fue, me sorprendió verlo ahí con la chamarra puesta y la lonché a un lado, me saludo como siempre tranquilo preguntando cómo me había ido, no sé por qué pero sentí la necesidad de contarle lo que me había pasado el día anterior, le dije todo, desde que vi esa mujer alta en la multitud hasta como la vi un segundo después muy lejos saludándome, señalando justo antes de que alguien cayera a las vías, mi papá se quedó en silencio todo el tiempo, no me interrumpió, no se ríe ni me preguntó si estaba segura, solo me escuchó, cuando termine se recargó en la silla y me dijo que no me sustara, que supiera que en la vida hay cosas que uno no puede explicar pero que eso no quería decir que no sean tan reales como lo que sí podemos ver, tocar, yo pensé que lo decía para calmarme pero luego me contó algo, algo que le había visto hace mucho tiempo, fue en 2007 me dijo, también en Indios Verdes, él salía de su trabajo cerca del centro histórico y tenía que correr para alcanzar el último tren, iba cansado con sueño y apenas logró meter salvagón, cuando llegó en Dios Verdes según su reloj ya era media noche, la estación se veía prácticamente vacía, iba purado porque tenía que alcanzar la combi para regresar a Catpec mientras más tarde más peligroso, pero justo cuando bajó al andén, vio tres personas paradas cerca del borde, una señora con bolsas de mandado, un joven y un policía, los tres estaban mirándose el túnel, él también se detuvo con curiosidad porque no entendía que estaban viendo, les preguntó qué pasó, el muchacho joven le contestó que una loca, una mujer muy rara vestida como de antes, se había ventado a las vías, pero que no cayó normal de golpe, sino despacito, como flotando, dijo que él y la señora la vieron bajar despacio hasta quedar paradas sobre los rieles y que después caminó hacia la oscuridad del túnel, mi papá no le creyó, pensó que era una broma o que había visto mal o algo, pero el policía también se veía nervioso, decía que no quería acercarse a revisar, que si fuera una persona ya habrían escuchado los pasos o los gritos de cuando se aventó, quien sabe qué tanto lesían por radio, un radio tan corriente que no se entendía nada, mi papá se quedó un momento ahí con ellos y no vio nada, no escuchó nada, solo silencio, pensó en quedarse pero la curiosidad no le ganó al cansancio, así que les dijo buenas noches y siguió su camino corriéndose a la salida, cuando ya estaba por salir volteó por reflejo hacia el andén contrario, el que estaba completamente vacío y ahí estaba una mujer parada junto a la pared en el límite del andén, quieta viéndolo, dice que levantó la mano saludándolo y que él juraría que esa mano no era normal, que eran puros huesos, me dijo como una calavera, siguió corriendo sin mirar atrás, llegó a la casa finalmente temblando pero no se animó a contárselo a mi mamá, al día siguiente en la estación del metro escuchó unos señores haciendo fila platicando sobre que alguien se había lanzado las vías la noche anterior justo frente al último tren, mi papá pensaba que había tomado el último viaje pero entonces sí venía a otro más y se preguntaba quién se había aventado, pensó en las señores de las bolsas, en el joven, en la mujer del otro andén, en esas manos de calavera, ella se aventó o o ella tenía algo que ver, me dijo que si por él fuera no hubiera vuelto a tomar esa línea, que le dio miedo los primeros días sobre todo cuando regresaba tarde pero que después uno se acostumbra y que eso me iba a pasar a mí también, cabe decir comunidad que conozco bien la historia de la mujer sonriente del metro pero ésta no es ella, no coincida con la descripción ni con la estación donde se aparece, esto es otra cosa, este es un espectro que sé que habita la estación Indios Verdes gracias por continuar por aquí comunidad y un saludo a toda la gente que usa el metro en especial la estación Indios Verdes, antes de pasar la siguiente historia les pido que se suscriban si no lo han hecho que chequen que sus suscripciones te activa, que sus notificaciones estén activadas para que sean los primeros en llegar y no se pierdan ningún episodio, recuerden seguirnos también en nuestras redes sociales sobre todo instagram y tiktok donde estamos como arroba rdln oficial y como nombre tenemos relatos de la noche nada más porque hay muchas cuentas piratas como también aquí en youtube tantas que nos toma tiempo poder reportarlas todas pero llegaremos por lo pronto no dejen de seguir las oficiales y recuerden que en la descripción están todos los enlaces que necesitan para ser parte de la comunidad, continuamos hola buenas noches uril me gustaría que contaras mi historia, sólo te pido que cambies los nombres de las personas porque aún me llevo con ellos, mi nombre déjalo soy abram soy de yucatán de un pueblito del oriente cerca de la ciudad de tizimín conocida como la ciudad de los reyes hace unas semanas en mi pueblo llovió con una fuerza extraña el cielo se veía como a punto de caerse esa tarde como de costumbre planeábamos ir al rancho mis amigos julio animateo siempre me acompañan aquel viernes después de llegar a universidad al morce y los llame eran las cuatro de la tarde cuando salimos rumbo al rancho llevamos un rifle y una lámpara vieja el ariolía tierra mojada pero había algo más un olor agrio como de animal muerto al llegar metimos los animalitos al corral le hicimos agua y alimento y pasamos al área de las abejas el zumbido era débil apagado como si hasta los insectos sintieran que algo no estaba bien el tiempo se nos fue rápido y antes de darnos cuenta del cielo y era una mancha gris sin forma en yucatán oscurece temprano pero esa noche pareció caer de golpe apresuramos el regreso julian llevaba los dos animalitos que casamos a camino dos conejos y una chachalaca mateo cargaba un deshub y el rifle caminamos rápido pero algo nos inquietaba el silencio nos escuchaban grillos ranas viento de alguna manera sólo escuchábamos nuestros propios pasos a unos dos kilómetros del pueblo hasta el basurero justo cuando íbamos llegando vimos algo dos hombras negras y móviles bajo el árbol grande que marca la entrada no tenían forma clara no parecían gente ni animales nada sólo estaban ahí quetecitos como si nos esperaran ya vieron eso dijo mateo bajito no se mueven pensamos que tal vez eran los que cuidan el basurero así que seguimos caminando y cuando pasamos algo cerca saludamos buenas noches hubo un largo momento de silencio hasta que una voz ronca contestó noche y una segunda voz idéntica repiteó noche sonó como un eco pero raro como un mal hecho no se movían para nada no se veía que respiraran parecían dos estatuas que sólo estaban ahí intenté romper la atención bueno yo y esta semana no otra vez la voz ronca respondió si y la otra repite igual con la misma entonación si se puso la piel como fría feo y entonces la voz ronca dijo algo que todavía recuerdo con escalofríos si quieren pasan a tomar un atolito salado y el otro sin demora repiteó lo mismo pasan a tomar un atolito salado julian me di en broma dijo que sí pero mateo y yo lo detuvimos y entonces la primera de las figuras habló otra vez aquí cerquita está nuestra casita y el otro repiteó palabra por palabra no nos movíamos cuando tuvimos el aliento de pronto lo lejos apareció la luz temblorosa de una bicicleta era un señor que venía cargando leña sin aviso empezó a gritar en malla insultando maldiciendo gritando con raya como si quisieras pantarnos las dos figuras comenzaron a brincar pero no como personas sino como si sus cuerpos no tuvieran huesos saltaron retorciéndose hasta perderse entre los árboles el basurero el viejo se acercó y nos gritó no les hablen no son personas nos contó que eran a luches pero no los buenos que ellos no cuidaban los montes que esos estaban ahí para perder gente que si hubiéramos aceptado lo que nos daban no lo hubiéramos contado nos aconsejó no volver al rancho por unos días nosotros no y mientras hablaba mateo quiso levantar el sub la trampa que había dejado tirada pero ya no estaba sólo había un hueco humedón a tierra como si algo se lo hubiera llevado arrastrando seguimos caminando con el señor agradecido se escuchando sus historias pero justo al llegar a la entrada del pueblo en una calle muy oscura la luz de su bicicleta parpadeo se apagó y de repente ya no supimos para dónde se fue sólo quedó el olor de la leña que llevaba flotando en el aire esa noche los crillos volvieron a cantar volví al rancho pero ya no me quedó después de la tardecer y cuando paso por el basurero de noche evito voltear hacia allá gracias por leer mi historia un saludo desde yucatán