Relatos de la Noche

Especial de Historias Paranormales de Militares

51 min
Dec 9, 20256 months ago
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Summary

This special episode of Relatos de la Noche features paranormal stories from Mexican military personnel, including accounts of temporal anomalies, supernatural entities in abandoned towns, and mysterious creatures. The episode combines listener submissions with host narration, exploring unexplained phenomena experienced by soldiers across Mexico's remote regions.

Insights
  • Military personnel encounter paranormal phenomena that institutional authorities systematically suppress through official silence and restricted reporting protocols
  • Temporal distortions and non-linear time appear as recurring elements in military paranormal accounts, suggesting potential pattern in witness testimonies
  • Remote geographic locations (abandoned mining towns, mountain ranges) correlate with increased paranormal activity reports among military units
  • Psychological trauma from unexplained experiences leads to career termination and long-term mental health impacts among affected soldiers
  • Community engagement through listener submissions creates trust-based content model that encourages sharing of previously unreported incidents
Trends
Paranormal storytelling as therapeutic disclosure mechanism for military personnel unable to report incidents through official channelsAudience-driven content curation in podcast format enabling niche paranormal documentation outside traditional media gatekeepingTemporal anomalies and time distortion as emerging theme in contemporary paranormal military accountsInstitutional suppression of paranormal reports creating parallel documentation through civilian podcast platformsCross-generational trauma narratives linking military service to unexplained phenomena and psychological impactRegional folklore integration (Mexican nagual mythology) with contemporary military witness accountsMonetization of paranormal content through book sales and merchandise tied to podcast community engagement
Topics
Military Paranormal EncountersTemporal Anomalies and Time DistortionAbandoned Towns and Ghost VillagesSupernatural Entities and CryptidsMexican Nagual MythologyMilitary Institutional SuppressionPsychological Trauma in Armed ForcesUnexplained DisappearancesRemote Location Paranormal ActivityWitness Testimony DocumentationParanormal Storytelling as TherapyCryptozoological EncountersInstitutional Cover-upsCommunity-Driven Content CreationParanormal Book Publishing
People
Esteban
Military soldier who discovered decomposed bodies in a ravine with temporal anomalies suggesting weeks-old remains de...
Gustavo
Military officer who encountered supernatural entities in abandoned mining town and received orders to suppress incid...
Braulio
Young soldier who detected approaching figure during night watch and accompanied uncle during paranormal encounter in...
Iglesias
Soldier who reported seeing woman in trees and was found dead positioned unnaturally in tree branches 18-20 meters high
Ramiro
Military personnel who witnessed colleague's death and ongoing paranormal encounters with woman entity in forest canopy
Quotes
"todos somos escépticos de acuerdo a nuestras experiencias, que todos vamos creyendo un poco más conforme a lo que vamos viviendo"
HostMid-episode commentary
"no nos querían hacer daño pero tampoco querían que siguieramos ahí, querían que nos fuéramos"
GustavoAbandoned town encounter conclusion
"está en todos, fue lo último que dijo, luego silencio, simple y sencillamente silencio y nada más"
RamiroIglesias final radio transmission
"la bruja y arriba los árboles, la bruja de las copas"
RamiroFinal reflection on supernatural entity
Full Transcript
Morales bajó el volumen de su respiración. Gustavo solo levantó la mano para que nadie se moviera y la figura apareció de a poco, como quien sale a ver si alguien llegó. De solos maturrales, una silueta blanca, delgada, como un reboso que no era reboso sino algo más largo, como una prenda sin costura. Caminaba lento, como envuelve en ella de los pies a la cabeza sin intención de acercarse. Se detuvo frente a la capellita justo donde había un cristo excitado. Volteó hacia ellos, ni rápido ni dramático. Volteó como quien escucha su nombre. Muy buenas noches comunidad, por favor sean bienvenidos y bienvenidas a esta especial de historia de soldados, de militares, de cuerpos castrenses, un tema que les gusta mucho, como lo hicieron ver en una reciente encuesta donde les preguntamos de qué tenía que tratar nuestro siguiente episodio especial. Es por esto que estuvimos reuniendo las historias más escalofriantes sobre este tema que hemos recibido recientemente y algunas también que buscamos entre los archivos y que por fin van a poder ser compartidas con todos ustedes. Así que esperamos que disfruten mucho de este episodio, que estén de buenas, que todo vaya bien y si no, que este es el pretexto para dejar ir por un rato cualquier problema que les quita el sueño. Aquí la única buena razón para no dormir es por el miedo de las historias de esta noche. Ah y por cierto, no se vayan antes de que acabe el episodio porque al finales tenemos a los ganadores de estos primeros 10 libros autografiados y por supuesto, va a haber más sorpresas. Así que apaga ya la luz y deja de llevar, que está comenzando relatos de la noche. Hola comunidad, me llamo Yanetti y tengo un niñido de 5 años. Ya no yo con el papá de mi hijo pero tenemos muy buena relación. El soldado y la última vez que vino a vernos nos contó algo que creo, estigno de relatos de la noche. Verán, estuvieron varios meses destacados en una zona violenta, peligrosa. Todos los 10 estaban alertas desde la primera luz hasta que anochecía y hasta dormidos andaban listos para lo que pudiera suceder. De pronto se hizo un escándalo por una patrulla con la que habían perdido comunicación. No habían reportado nada raro a ellos, ni un enfrentamiento ni presencia de sospechosos, nada. La patrulla solo había avisado la zona en la que entraba y luego nada más, puro silencio. Y de alguna forma el silencio era todavía más preocupante a que hubieran avisado que entraban a una emboscada o algo así. Esa simple desaparición levantó alertas y mandaron a buena parte del personal a buscar la patrulla perdida. Ahí fue cuando pasó lo peor para Esteban, el papá de mi niño, pues en medios de un camino, el pasar por un barranco notaron algo raro, un olor a muerte, a muerte vieja que les llamó la atención. Aunque estaban buscando sus compañeros no podían ignorar lo que notaban, lo que olían, porque ellos ya reconocen cuando la muerte que huele en su mana, y ahí cerca, en ese barranco, definitivamente había cristianos muertos. Era de noche la zona era peligrosa, así que reportaron el hallazgo y que bajarían un par de elementos a revisar mientras los demás montaban guardia en el camino, y uno de los que bajó fue Esteban. Luego luego se dio cuenta de que por ahí había caído un carro, por las ramas rotas de los árboles, pero también se notaba que había sido semanas atrás, porque las ramas rotas habían retoñado. Al bajar lo suficiente notaron que abajo había una camioneta del ejército, y cuando llegaron a ella, encontraron los cuerpos a varios compañeros, ya descompuestos por el tiempo. Ahora bien lo extraño comunidad, lo increíble de esto es que la camioneta y los compañeros eran los mismos que habían desaparecido horas antes, sin embargo tanto el estado de los cadáveres como de la camioneta y sus alrededores evidenciaban que tendrían al menos un par de semanas ahí, al menos. No creyeron lo que veían, ni los superiores cuando llegaron al lugar. Llegó gente de otros rangos, de los que casi nunca veían. Llegaron autoridades civiles muy importantes, llegó un grupo de peritos y forences de la capital, nadie entendía lo que estaba viendo. Y sobre todo, nadie podía hablar de lo sucedido. Y iba a decir la prensa ante una situación como esa, o los familiares de las víctimas. No sé qué le habrán inventado a las pobres familias para darles los restos sin dejarlos verlos, no sé si los incineraron al final y les dieron solo las cenizas o si todo se arregló con dinero, pero los que llegaron primero a la camioneta, a los que vieron todo, les dieron un mes de descanso. Esteban aún no se recupera, no entiende lo que vio, yo no entiendo que el pobre haya envejecido tanto en un par de meses, dice que todo esa raíz de lo que vio. Esa experiencia lo va a marcar para siempre, en sus ojos se nota que vio algo terrible. La siguiente historia querida comunidad, puede ser de las más inquietantes que hemos contado en un buen tiempo, y aunque como todas tiene ese elemento paranormal difícil de creer, que quizás va más allá de fantasmas o brujas, recuerden que todos somos escépticos de acuerdo a nuestras experiencias, que todos vamos creyendo un poco más conforme a lo que vamos viviendo, y si tienen la gran fortuna de seguir siendo escépticos, aprovechenla. Continuamos con este episodio especial de Historias de Militares. Mi tío Gabo fue militar, la historia que les quiero compartir comunidad es una que me contó alguna vez, cuando yo teníamos 11 o 12 años, en ese entonces él y su esposa vivieron en una casita que mis papas rentaban, justo atrás de la nuestra, fue por unos meses, una emergencia, en lo que ponían al corriente unas deudas, pero recuerdo bien que yo disfruté mucho ese tiempo porque mi tío se la pasaba poniéndome música, enseñándome bandas y cantantes que yo no conocía, un tiempo en mi vida que formó muchos de los gustos que ahora tengo, y también recuerdo ese tiempo por las historias que él me contaba, era un hombre lleno de anécdotas y entre ellas había alguna secarácter inexplicable, sobre natural. Como les dije al inicio de mi relato él fue militar, y durante esos años lo ocurrieron un par de eventos completamente inexplicables, pero el más impactante solo me lo contó una vez, y después cuando le pedí que repitiera la historia junto a otros de mis primos, él prefirió nacerlo, le costaban narrarla y lo había hecho conmigo en confianza nada más. Esto sucedió en los 80, en una misión que metió a su tropa en la sierra entre los estados mexicanos de Michoacán, Jalisco y Guanajuato, si alguien ve las noticias en México sabrá que ahora esos estados tienen zonas muy peligrosas, con mucho crimen organizado, pero en aquel entonces no era así, no tanto, y su pequeña tropa avanzaba en labores de reconocimiento, buscando un rastro en específico, tenían información de que alguien se escondía en esos lugares donde ya no vivía nadie, donde nadie podía vivir, en la sierra, en lo más inhóspito de la región, avanzaban habiendo dejado medios y atrás los últimos pueblos. Una madrugada le tocó hacer a él la última guardia, despertó para cuidar de la tropa las últimas horas del amanecer, Braulio, el más joven del grupo, que por alguna razón lo admiraba mucho y siempre estaba detrás de él, despertó también aunque no le tocaba a Guardia y decidió acompañarlo, el lugar era tranquilo, el silencio allá arriba era absoluto, dudaban de las pistas que seguían, así que andaban algo desfocupados, siguiendo porque cumplían órdenes, pero no tanto porque creyeran que algo se iban a encontrar, pero como siempre me decía mi teogavo, por algo pasa más cosas, y yo creo que andaban allá arriba por una razón, una que quizás fue más importante a que el original, por la que los habían enviado, eran como las 4, casi las 5, cuando seguía haciendo de noche pero ya no tan oscuro y más azul, cuando desde su puesto de vigía, él y Braulio miraban una pequeña meseta frente a ellos, una que daba hacia pequeños senderos que eventualmente luego de decenas de kilómetros, daban hacia poblados de la zona, allí estaban platicando en voz baja, cuando de pronto Braulio se quedó callado a media sentencia, peló los ojos, se levantó y se asomó hacia la meseta, pero pecho tierra, como si hubiera escuchado algo, mi teogavo hizo exactamente lo mismo, confiando en los instintos y el buen oído del muchacho, sacó su arma y observó con atención, a lo lejos se podía escuchar que alguien se acercaba, alguien que venía cantando, vio con mucha atención, podían escucharlo pero uno lo veían, pero alguien se acercaba, alguien que cantaba muy quitado de la pena y finalmente pudieron verlo, saliendo de entre las ramas que daban al sendero y entrando en la meseta con pasto bajo donde ya podían observarlo con toda claridad, cuando me describió lo siguiente, mi teogavo quiso esconder que se le llenaban los ojos de lágrimas, paró el relato por un momento, respiró y luego me contó lo siguiente, vio a través de la mira de su arma a un hombre que avanzaba bailando, como en una danza infantil, pero lo hace avanzar y además como si todo fuera parte de un bailable de macabro, tenía puesto un disfraz, su ropa era muy holgada y parecía llena de musco, como el que desale a las piedras, como si llevara puesto un zarape, un poncho de musco verde apagado, a pesar de que estaban un par de decenas y metros de distancia, en cuanto ese extraño hombre entró en su campo de visión, trajo consigo una peste humedad que le escalaba las narices, tenía un gorro extraño además, un sombrero que escribe como de vaquero pero aplastado, sucio y con los extremos hacia los lados, en lugar hacia el frente y hacia atrás como siempre se usan, y hubo algo más, ese hombre llevaba una máscara, una máscara de bufón medieval, una máscara que parecía porcelana vieja, sucia con ojos negros, cuando entró en la meseta, cuando se entró varios metros, pudieron ver que alguien venía detrás, un niño siguiendo unos cuantos metros avanzando en el mismo baile extraño, un niño que no debía pasar de los ocho años, y luego otro, y otro, y otro, y otro, y uno más, las seis figuras pequeñas lo seguían bailando distancia en robas que no podían protegerlos del frío de la sierra, mi tío Gabo, con una ceña silenciosa, le pidió a Braulio que fuera con mucho cuidado de despertar a los demás, observó a cada uno de los niños desde el más pequeño hasta atrás, fue avanzando uno a uno hasta llegar al primero, y luego llevó su mira, de nuevo al bufón, cuando lo hizo, noto que este ya se había detenido, y que observaba directamente hacia él, con una cara que parecía furiosa, y las dos cosas resultaban completamente imposibles, mi tío Gabo estaba entre las ramas con camuflaje sin hacer un solo sonido, era imposible que lo hubiera podido ver, pero era claro que lo hacía, también le parecía imposible ver un semblante de furia en una máscara que él acababa de ver segundos antes, y que no lo tenía, dice que quizás eso es una confusión de la memoria, lo que sí recuerda es una señal de esa cosa que hizo que todos los niños salieran corriendo hacia todos lados, en diferentes direcciones, hacia los arbustos, hacia los barrancos, hacia donde ibanos de regreso, y se acuerda también que contrato de indicación, cuando volvió su vista a esa cosa que ahora corría también hacia los arbustos, disparó, disparó dándole entre la espalda y el hombro, pero aquella cosa siguió corriendo hasta perderse de vista, la tropa en un segundo ya estaba ahí, corriéndose a la meseta, perdiéndose entre los arbustos, entre los barrancos, intentando alcanzar a los niños que se escondían en ese baile macabro, yo hicieron como si hubieran estado esperando una señal para correr e ir tras ellos, aunque la realidad era que apenas unos segundos atrás estaban dormidos, y que corrían detrás de ellos aunque no sabían ni por qué, solo con la intención de ponerlos a salvo, ponerlos a salvo de lo que fuera que fuera eso, y los alcanzaron a todos excepto a uno, al más chico, del bufón ese núvol es mínima señal, aunque lo buscaron por horas, reunieron a los chicos en la meseta y les hicieron cobijas para cubrirse del frío, temblaban con el aire de la sierra, con ese aire helado, los niños no sabían qué estaban haciendo ahí, no tenían idea de cómo habían llegado a este lugar, ni de qué era eso a lo que iban siguiendo, de nada, cuando les preguntaron de dónde eran, de dónde venían, todos dijeron pueblos diferentes, que estaban ahora de distancia a unos de los otros, todos recordaban haberse ido a dormir la noche anterior sin sentir nada extraño, sin experimentar nada raro, todos lloraban de los nervios, intentando entender por qué habían despertado de pronto en medio de la montaña, siendo trapados por soldados entre las ramas, entre los arbustos, un helicóptero llegó por ellos unas horas más tarde y la tropa recibió instrucciones a volver, ellos querían seguir buscando al hombre, al bufón y al niño que faltaba, pero les aseguraron que enviarían helicópteros a seguir peinando la zona, mi teogavo no dejaba de pensar en esa mirada, en lo que sintió cuando esa cosa lo volvió a ver, una mirada que sintió que le atravesaba el pecho y el alma, también pensaban que el disparo, certero, encomentró en la espalda de aquel hombre sin inmutarlo, sin frenarlo en lo más mínimo a pesar del calibre del arma, siempre pensó en aquel pobre niño, el más pequeño del que nadie volvió a saber nada, por esa experiencia y por otras más terreneles pero igual de duras, mi teogavo entendió que no tenía lo que se requería para hacer carrera en el ejército, no era tan duro como se necesitaba, las cosas que pasaban se quedaban con él por mucho tiempo y en cuanto tuvo oportunidad pidió su baja, busco entonces la vida más tranquila que pudo encontrar como comerciante, con un puesto de esos que se ponen en los mercados, en los teanguis que se montan en la calle, cada día en un lugar distinto de la ciudad, y aunque era una profesión que en épocas flacas lo hacía pasar por momentos complicados, como ese que lo llevó a vivir en la casita que alquilaba mis papás, nunca volvió a enfrentarse a los errores, a los horrores que hay ahí afuera, muy cerca de nosotros, o lejos en la sierra, cuento esta historia no porque no había querido antes, sino porque mi tío falleció en octubre, he estado pensando mucho en él y siento que aunque era muy tímido para contar estas experiencias, es una forma de recordarlo, de mantener vivo su recuerdo conmigo y ahora con ustedes, gracias por su atención comunidad. Es momento de un breve respiro comunidad y también momento de invitarles a suscribirse si no lo han hecho a este espacio, un 40% de nuestros escuchas no están suscritos así que no sean de esos, anívanse y volvense parte de la comunidad relatos de la noche. Y por supuesto si ya están de buenas, dejen también un comentario, dejen un pulgar arriba, una calificación de 5 estrellas, esa es la mejor forma de ayudarnos, de saber que vamos por buen camino y que les gustan los episodios. Antes de continuar, déjenme decirles que si están buscando un regalo de navidad económico pero significativo, aún pueden encontrar en algunas librerías mi libro relatos de la noche. Es muy sencillo de leer, aunque son cuentos, está escrito de forma parecida al lenguaje de este podcast, directa, fácil, aunque se lo den a alguien que no lea mucho, se lo va a echar muy fácil, van a ver y según me han dicho lo va a disfrutar. Es un buen primer libro para que alguien inicia en la lectura y luego siga con más cuentos de terror o con clásicos de la literatura, no sé, así empecé yo precisamente a leer con libros de cuentos de terror y finalmente me convirtí en un lector en pedernido. Y bueno, si no lo puedes buscar en librerías, voy a dejarles los enlaces en la descripción, recuerden que está disponible en México, Estados Unidos, España y Chile. Y después de mi mención de siempre, ahora sí, continuamos que aún queden muchos relatos esta noche. Me llamo José Armando, soy profesor de español o no escuela rural y ya les compartiré alguna de las historias que los niños han escrito en ejercicios, relatos y leyendas de sus familias. Por acá hay poco que hacer, uno es maestro, militar o narco, no tenemos más oportunidades porque ya no se siembra. Mi primo Gustavo soldado, como su tío y como su abuelo, él no suele exagerar, habla siempre como si las cosas fueran instrucciones, reportes o listas por cumplir. Parte de su formación militar, de familia, por el lado de su mamá, por eso cuando empezamos a hablar de lo que pasó en la sierra aquella madrugada, su voz se sintió diferente a como habla siempre, no impostada ni firme, nomás cansada, como si lo que había ya no quisiera ni recordarlo, pero tampoco pudiera sacárselo de la cabeza. La orden de patrullaje llegó simple, revisar el perímetro de la zona donde se habían dado reportes desde días antes, de movimientos extraños en los que solía ser un cacerío. Era un pueblo minero abandonado, un puñado de casas a medio caer desde hace décadas, techos delamina doblados por el viento y una capilla tan pequeña que apareció en la bodega. No quedaron nadie ahí desde hace muchos años, demasiado. Los rumores sobre lo que causó el bandón no variaban según quién lo contara, qué grupos para militares, disputas, desapariciones y otros relatos que ya no eran rumores sino advertencias. Lo cierto es que no fue por el cierre de la mina que formó el pueblo, porque esa tenía un par de décadas más de haber cerrado por completo y el pueblo había quedado ahí. El convoy que iba era pequeño, solo dos camionetas, llegaron de madrugada porque el comandante decía que de día no se escuchaba nada, que el sol engaña. En la noche en cambio se filtre el sonido verdadero de los lugares, el que queda entre ramas y techos. Gustavo nunca había estado en esa sierra, pero las montañas se sentían como pesadas, enormes, quietas, como si no quisieran compañía, como si no les gustara que nadie se paseara por ahí, caminaron primero el camino de tierra y nada, una llanta vieja por allá, una silla rota, una bicicleta sin llantas junto a un árbol, y haciéndose parte de él, el tipo de abandono que no se siente reciente sino muy viejo ya, como si al lugar también se le hubiera olvidado que alguien vivió ahí alguna vez. A las 3.40, él y Morales, un cabo delgado pero hablador hasta por los codos, se adelantaron unos metros, no buscaban nada en específico, solo protocolar, mirar ventanas, revisar puertas, apuntarle al ámparas sin entrar. Al llegar a la última casa del camino, una pared entera había cedido, dejando ver el interior, el ámpar apenas alcanzaba iluminar un muro con estampas religiosas descoloridas, y un gato flaco cruzó la sala sin apuro, quien sabe cuánto tiempo ha habido ahí, quien sabe de dónde había venido, todo estaba quieto, tanto que comenzaba a considerar replegar unidad y marcar perímetro cuando, sin aviso, las radios sonaron a todo volumen. No eran vos esclaras, tampoco estática, era como un intento de palabra cortado, Gustavo dijo que lo primero que pensaron fue que era otra tropa llegando, pero nada en el sonido tenía cadencia humana, aún así respondieron y nadie contestó, no fue hasta que escucharon el primer sonido afuera que entendieron que no estaban solos, fue algo parecido a una canción pero sí melodía, como un tarareo bajo hecho para sí mismo, no venía de frente sino de los árboles, era una sola voz, pero no sabían si era de mujer, de hombre, de anciana, de joven, no se pudo identificar, Orales bajo el volumen de su respiración, Gustavo solo levantó la mano para que nadie se moviera y vieron como la figura apareció de a poco, como quien sale a ver si alguien llegó, pese a los matorrales, una silueta blanca, delgada, con un reboso que no era reboso, sino algo más largo, como una prenda sin costura, caminaba lento, como envuelta en ella de los pies a la cabeza, sin intención de acercarse, se detuvo frente a la capillita justo donde había un cristo exilado, voltó hacia ellos, no rápido ni dramático, voltó como quien escucha su nombre, la cara estaba cubierta, no sabían con qué, no una máscara, no un velo pero tampoco era piel descubierta, era algo intermedio, demasiado pálido pero que alcanzaba a ocultar su rostro, sus facciones, mi primo Gustavo dijo que lo más raro no fue la figura, sino que nadie dio la orden de apuntar armas y aún así todos lo hicieron, como si el cuerpo hubiera decidido solo, ninguna instrucción, ningún grito de mando, la figura levantó la cabeza hacia la nada, hacia la montaña y detrás de esa acción el bosque respondió, el viento se escuchó moviendo las ramas, las más pesadas, los radios volvieron a sonar, esta vez nitido, retírense, no era voz de nadie conocido, ningún hombre, ninguna clave, solo la orden, Morales juró después que la voz era femenina, Gustavo dijo que era imposible saberlo, lo único en lo que coincidieron fue en que no había estática, en que fue nítida, demasiado, al apuntar de nuevo hacia la silueta ya no estaba sola, a su lado entre arbustos y piedras, había otras dos figuras, uno de los reclutas quiso hablar, preguntar algo pero no suele sonido, la garganta simplemente no obedeció, mi primo aseguró que no era miedo, que era otra cosa, más profundo como si no le saliera ni la voz, una de las figuras levantó el brazo como despidiéndose o bendiciendo o despachándolos y entonces sí el bosque habló, era como si la misma montaña respirara, fuerte, hondo una sola vez, como si se sacudiera todo el terreno los árboles y después silencio, se reflegaron sin correr porque correr habría sido admitir que no comprendían lo que vieron, subieron a las camionetas, nadie habló, mi primo solo dijo no nos querían hacer daño pero tampoco querían que siguieramos ahí, querían que nos fuéramos, a la mañana siguiente el reporte se archivo con un código que nadie explicó, algo que significa sin contacto hostil, sin evidencia física, sin baja, lo común lo que se firma cuando no se quiere escribir lo cierto, mi primo gustavo cree que ese pueblo no se abandonó solo, que simplemente esa sierra, lo que la habita todavía, ya no quiere más huéspedes. Comunidad seguimos por aquí, gracias por continuar escuchando, la historia anterior y la que sigue me parece que van en una misma línea porque nos hablan de pueblos fantasmas y de esos tenemos muchos en México y Latinoamérica, por distintos motivos que si vemos bien en el fondo y igual y no son tan diferentes, aprovechamos para pedirte que si tu o tu familia proviene de un pueblo que ya no existe, busques en la memoria por historias de ese lugar, te hará, les hará bien recordarlo y además cada que yo al menos paso por un lugar así me lleno de curiosidad por verlo en otras épocas lleno de vida, lleno de gente y que mejor que poder hacer eso a través de sus historias, pero bueno por ahora seguimos con más relatos. Mi hermano soldado somos cuates, es decir que nacimos del mismo embarazo aunque no somos femelos, de todas formas aunque no seamos idénticos como imaginarán tenemos una conexión muy especial, de hecho esta experiencia que soy a punto de compartirles de alguna forma yo la sentí, incluso antes de que él me la contara, sentí ese miedo, esa desolación de lo que ocurrió aquella noche, mi hermano también escucha relatos de la noche pero me pidió que yo escribiera esta historia y lo haré respetando todo lo que me contó, así que va para ti carnal. Lo que voy a contar sucedió en Oaxaca en febrero de 2020, un destacamento lanzó una llamada de auxilio desde un pueblo fantasma, un poblado de unas cuantas casas que hacía llamas de un año que no era habitado por nadie, eran una zona algo asediada por grupos paramilitares, los que hicieron que se fuera huyendo toda la gente, la compañía de mi hermano respondió el llamado, era de madrugada y encontraron a los miembros del destacamento enserrados en una de las casas, con barricadas y verdaderamente aterrados, en serio muertos de miedo, me dice que encontraron a hombres valientes de esos que se enfrentan a la muerte sin pensarlo para cumplir órdenes, asustados como niños, temblando, agradeciendo a Dios cuando vieron que llegaron los compañeros, todos estaban asustados y solo uno de ellos logro explicar que es lo que pasaba, por qué estaban allí escondidos, que fue lo que había vivido aquella noche, el cabo les explicó que estaban realizando un patrullaje en la zona, tenía ya tiempo abandonado ese pueblo pero dieron una vuelta para verificar que no tuvieran nadie escondido por ahí, osaqueando lo que quedó en las casas, ahí les llamó la atención a un perro flaco que se acercó a ellos sin miedo, como esperando agua, algo de comer o una caricia en la cabeza, lo que fuera, les dio lástima, cuando la gente se va la mitad de la noche para salvar su vida, la de sus hijos, a veces los animales quedan atrás y era obvio que si ahí había otros perros que se habían quedado, él era el único que sobrevivía y quién sabe cómo porque era evidente que tenía semanas sin comer, le dieron algo para que se comiera, pensando que no iba sobrevivir la noche, sacaron lo que traían para darle de comer, pero sabían que no iba sobrevivir la noche, así que decidieron quedarse un rato con él, acariciarlo, no podían jugar con el pobre perro porque no tenía energías pero no querían dejar que muriera solo, le dieron agua también pero era tarde, parecía que los estaba esperando porque en cuanto caminaron con él, siguiendolo a lo que parecía haber sido su casa, el pobre se echó en la entrada a dormir y ya nos despertó, el soldado dijo que él tenía un perro que extrañaba y que no pudo dejar de verlo en el lugar de ese pobre animal abandonado, pensó en lo mucho que le dolería que el suyo muriera así, así que decidieron enterrarlo, ahí en lo que fue su casa y al hacer esto al hacer el hoyo y enterrarlo le dio la noche, cuando echaron la última palada de tierra sobre él, de la nada todo sintieron algo, digamosle corazonada pero sintieron el peligro cerca, fue tan claro que tomaron sus armas aunque no hayan visto nada aún, formaron una posición de defensa casi sin pensarlo y entonces escucharon como de la oscuridad de una casa abandonada frente a ellos, algo se parecía aproximar, de detrás de unas maderas viejas vieron que algo se sumaba, lo primero que pensaron es que se trataba de otro perro abandonado, por las orejas y los ojos brillantes pero luego mostró su cabeza por completo y era claro que no se trataba de un perro, el tamaño, el color, las orejas, se trataba de un coyote, un coyote enorme asomado, acechando, le gritaron y no reaccionó, alguien tomó una piedra que lanzó y pegó justo en una madera a unos centímetros el rostro del animal pero no se inmutó en lo más mínimo, no se movió en absoluto y eso le se incomodó, que no se asustara, los coyotes generalmente reúyen el contacto con los humanos y ante la más mínima amenaza corren, pero este no, al contrario se puso de pie, se dejó ver, fue entonces que se dieron cuenta que eso no era ya un coyote, era algo más, era algo que se paró haciendo espatas como un humano y era alto, muy alto, sin embargo la cabeza, los brazos, era obvio que no era una persona, que era una bestia, pero algo que ellos jamás habían visto antes, algo que no podían entender, hubo disparos al aire, el ser de nuevo permaneció quieto sin mutarse, ellos se entendieron que si no temía los disparos era porque no iban a provocar mucho en él uno de los soldados gritó groserías, otro comenzó a rezar, sin pensarlo mucho retrocedieron y se refogieron en la casa donde viene enterrado al perro, escucharon movimiento junto a la puerta, unos de ellos se dio cuenta de que esa cosa ya fuera quería desenterrar al perro y disparó, no sabía para qué quería ese cuerpo, pero no iba a dejar que lo usaran para algo malo o que se lo comiera o lo que fuera para lo que quería desenterrarlo, después del tiro lo vieron a lejarse a través de una ventana, correr hacia las casas abandonadas de nuevo, en ese momento aún no querían enviar ninguna llamada de auxilio, no les había parecido correcto, decían que creían que era una situación que podían controlar solos, pero lo cierto es que le estaba a vergüenza y minutos más tarde escucharon gritos, gritos de varios hombres, como contestándose de un lado del pueblo a otro entre las casas, comunicándose entre sí, eran gritos en mixteco, una lengua que reconocían bien, perdió de vista la calle de tierra frente a ellos por un instante y fue suficiente para que cuando se dieran cuenta observaran que estaban rodeados, había coyotes, sentados como si fueran un animal normal, pero con tamaños que no correspondían con los animales de la zona, pudieron ver varios de ellos sentados en diferentes puntos alrededor de la casa, no respondían a las groserías que gritaban ellos, ni a los tiros al aire, tampoco se iban por las oraciones que hicieron 12 los soldados desde dentro pidiendo su protección a Dios, al contrario, esto último les provocó risas, risas que venían de esa fuera, que se escuchaban como de llenas, risas que luego se juntaron con palabras que no entendían, pero que sin duda se burlaban de su miedo, por un momento un silencio total, silencio allá afuera, parece que se habían ido por fin, que tendrían una oportunidad para salir de ahí, correr hasta su camioneta en las afueras del pueblo, pero también hubo duda, porque aunque nadie quería expresarlo, nadie quería decirlo en voz alta, sabían que estaban en tierra de anaguales, era bien sabido que por la zona había muchos, pero claro, nadie creía en ellos, uno no creía hasta que ya no le queda más remedio, eso discutían cuando uno de los soldados se escuchó algo, algo junto a la pared se acercó, convencido desde que algo rosaba con la ventana, pero no era eso, cuando lo umbró con su lámpar, vio una mano que entraba entre los tablones de la puerta, no una pata, no la agarra de un animal, una mano muy larga con dedos helgados, cubierta de pelo, negra, pero con uñas humanas, y la mano buscaba el pestillo para abrir, hubo disparos, hubo llamadas por radio, la llamada desesperada a la que acudió mi hermano, la que llevó a encontrar los muertos de miedo, y quizás nadie hubiera creído este relato si no fuera porque mientras lo rescataban, mientras escuchaban esta historia, decenas de soldados fueron testigos de como aullidos lo rodeaban desde la oscuridad, como dejándoles ver que todo lo que se contaba en verdad había pasado, mi hermano llegó solo para ser testigo de ese relato, del miedo que vivieron pero fue suficiente para asustarse, para comprender que algo muy raro andaba cerca, y bueno, por una experiencia con mi abuelo, los dos hemos creído en cuales desde muy pequeños, es algo en lo que creemos y respetamos, y fue por eso que ese momento de tensión, que además a él le recordó tantas cosas de nuestra niñez, ese momento yo también pude sentirlo a cientos de kilómetros de distancia en otra ciudad, sentí el miedo que vivió mi hermano aquella noche, y yo sé, yo entiendo que los naguales son para muchas personas solo fantasía, folklore, leyendas, pero pongan atención por favor a los aullidos en la noche, sobre todo si están solos en medio de un pueblo con poca gente o peor aún, si los escuchan en el bosque, nunca saben que es lo que está allá afuera. Mi nombre es Ramiro, comunidad, me da mucho gusto saludarles, ya enví alguna vez un relato de mi infancia pero no ha salido todavía, y ahora voy a intentar con este, estuve destacado en el norte, por la zona más o menos cercana de madera chihuahua, en mi primer año en el ejército, había entrado y lo digo sin pena porque no me quedaban los caminos, no puedo decir más de las ubicaciones exactas claro, pero menciona ese lugar para que más o menos se ubiquen, mi mamá murió cuando yo tenía 15, mi papá ni para que mencionarlo, y la única persona que me quedaba era mi abuela, la mamá de mi mamá, allá era un pueblito de sonora, en el nistarme como les digo no fue un acto heroico ni patriótico, como pasa con muchos de mis compañeros, fue hambre y necesidad, pero ella, mi abuelita, mi segunda mamá, me abrazó como si hubiera elegido la gloria, mi problema, el que oculté de los exámenes fue el oído derecho, un accidente cuando era niño, una infección mal curada por un animal, una infección mal curada que me dio por un animal, un insecto que se me metió o algo así, el caso es que escucho poco por ese lado, que así nada, y en entrenamiento eso fue un infierno, aprendí a dormir con el oído bueno hacia la tropa, a girar la cabeza lo justo, a fingir que escuchaba órdenes completas, un soldado que no oyes un problema y yo no podía permitirme hacerlo, fue en ese primer año en la novetada silenciosa de las noches sin luz, cuando conocí iglesias, joven delgado, que les digo comunidad, un muchacho escuálido, no pasaba de los veinte, su mamá había muerto también y él fue creado por su abuela igual que yo, así que conectamos desde la primera plática que tuvimos, nos hicimos cercanos no por afinidad sino por necesidad, éramos dos huérfanos tratando de ser familia y dentro, en ese destacamento la guardia nocturna se hacía donde uno, turnos largos a veces inútiles, bueno la mayoría de las veces la verdad, porque muy rara vez hay movimientos sospechosos o de grupos armados, pero era peor confiarse, a iglesias le tocó la guardia dos noches seguidas y fue la segunda de estas cuando empezó a reportar lo raro, no pido apoyo, no dio ninguna clave anunciando peligro, solo habló bajito por el radio y dijo, está arriba, ¿quién soldado? la mujer, todos pensamos que había visto siluetas, sombras normales de los erros, pero no insistió, tiene un vestido negro, ¿dónde la ves? pero no son árboles, pero no en el suelo, está ahí arriba, esto fue lo que empezó a poner nerviosos a los demás, porque una cosa es ver un cuerpo entre ramas y otra muy distinta verlo en lo alto, donde solo llegan a ves o nada, después no supo o no quiso explicar más, 100 personas nos dijo exactamente lo mismo, así de seco, así de escueto, que había una señora en los árboles, y miren ni siquiera a mí que me tenía mucha más confianza que los demás, se animó a contarme algo más, la tercera noche no le tocaba guardia pero pidió cambiarse el turno con otro, no quería dormir o no podía, a las 2 10 de la madrugada volvió a hablar por radio, su voz no era temblorosa ni estérica, era muy plana, casi tranquila, más que las otras noches de hecho, la mujer está aquí otra vez, se mueve, le pregunté, no, solo mira para acá, nos mira, mira para el campamento, alguien le preguntó desde que ángulo para calcular la visibilidad, desde arriba me cao, está llenos árboles, en que árbol está? en todos, fue lo último que dijo, luego silencio, simple y sencillamente silencio y nada más, cuando salimos a buscarlo a nueve señales de pelea, ni de ningún incidente, no escuchamos nada más, ni disparos, ni pasos, ni sonidos en las ramas, ni vimos tampoco huelles que se metieran en el monte, pero sí había algo encima de nosotros, allá arriba en las copas, allá estaba Iglesias, mi compañero, mi amigo, y Iglesias estaba enroscado entre las ramas más altas de un sabino enorme, unos 18 o 20 metros, no lo medí, pero no imposible subir ahí, imposible, no estaba colgado ni clavado ni amarrado, solo ahí incrustado entre las ramas, como si hubiera caído desde arriba y el árbol lo hubiera detenido, como si hubiera caído desde muy alto, pero el médico nos dijo que no tenía facturas de caída libre, que era como si lo hubieran dejado y arriba nada más, pero no se veía atacado ni devorado ni tenía nada destrozado, era como si hubieran puesto el cuerpo y arriba, como una ofrenda al revés, dijeron los que subieron a bajar el cuerpo, el reporte oficial fue accidente, lo bajaron en silencio, el capitán mandó callar cualquier comentario, la misa se hizo sin cuerpo porque no pudieron entregarlo a tiempo, la abuela nunca supo la posición en la que lo encontraron, ni donde, que yo sepa, no supo nada al respecto y yo no podía traicionar la confianza de la institución para decirle y pues también qué le iba a decir, a nosotros nos dieron 15 días de descanso sin explicación, el tipo de descanso en el que lo que menos seas es descansar, en el que uno no más piense y piense y piense, lo que vino después no fue persecución ni rondines especiales, fue algo que se mase todavía más perturbador, una constancia rara, cada vez que pasamos por esa zona sin importar la temporada, seca o de lluvias, alguien la veía, nunca de frente, nunca cerca, siempre arriba, entre las copas de los árboles, asomándose, la primera vez que yo la vi, es una de las peores noches de mi vida, era una cara horrible, no solo por la apariencia, una mujer delgada, quieta, vestida de negro, con ojos muy abiertos y furiosos, también por lo anti natural que resultaba ver a un ser humano moverse entre las ramas como una bestia, a veces en una sola copa como yo la vi, a veces según los más jóvenes, se veía como duplicada en varias, la misma mujer en varios lugares a la vez, sin movimiento, solo mirando, como si estuviera esperando al siguiente, al siguiente de nosotros, alguien me da que por alguna razón le trajera como el atrajo iglesias, mi pobre iglesias, yo pedí mi bajo un año después, no por miedo, yo creo que fue hartazgo, o por cansancio, mucho cansancio, o simplemente entendí que mi abuela era lo único que tenía, y aunque estaba orgullosa, no quería que enterraro otro nieto, iglesias no era mi sangre, pero era lo más parecido a un hermano que tuve en ese año, no se habla de él, no hay placa, no hay cuartel con su nombre, ni nada, de hecho ya que así nadie se acuerda, solo hay un punto del monte donde nadie quiere ser guardia, y no por lo que pueda pasar abajo, a nivel de tierra, sino por lo que puede estar esperándote arriba, lo que te puede llevar, la bruja, como le dicen los más jóvenes, la bruja y arriba los árboles, la bruja de las copas, cuando duermo del lado todavía pongo el oído bueno hacia la puerta, costumbre me dijeron en terapia, pero no es eso, es que pienso en él, en iglesias, en la hermandad que tuvimos y en la muerte, en su muerte, me duele mucho, mucho de verdad pensar en esos últimos momentos, en que esperaba quizás que yo lo pudiera ayudar, en que confiaba en mí y yo no estuve ahí para ayudarlo, pienso en lo último que debió vivir, en lo que lo llevó hacia allá arriba, en que ha sido la única persona que tocó a esa cosa, que a la vio de cerca, a esa mujer que asusta hasta los más experimentados, y entre más los asusta, menos quieren hablar de ella, de la mujer de los árboles. Comunidad, antes de terminar este episodio, como les prometí, vamos a anunciar a los ganadores de este sorteo, donde hay 5 ganadores de libros fotografiados para youtube y 5 más para plataformas de podcast, recuerden por favor si escuchan su nombre, escribirnos lo más pronto que puedan a mi relato de la noche a roba gmail.com, es el mismo correo que está por ahí en la descripción del episodio para que manden sus historias y bueno sin más preámbulos para youtube, los ganadores son, a roba Karen García Guion y B5PO, a roba Lucero H2262, a roba Mariela Alonso 2732, a roba Elizabeth La J5272 y a roba dulce María Pablo Hernández. En plataformas, los que nos etiquetaron en instagram y son ganadores del sorteo son Rafael Zapata que es a roba guionbajo r.a.f.a, Lilia Delgado, a roba uno Lía Delgado, a roba Amanda Guionbajo Rgz, a roba Eduardo Guionbajo Guionbajo HH Guionbajo Guionbajo y Estefania Espíritu, a roba Aynfani Guionbajo Espíritu. Aquí están los 10 ganadores, entonces escriban cuanto antes por favor para hacerles llegar sus libros a donde quiera que se encuentren. Gracias por participar y gracias por llevarnos a hacer el podcast en español más escuchado del mundo. Pronto habrá otro especial, así que cuéntenos de qué tema lo quieran. Esto fue RELATOS DE LA NOCHE