Summary
This episode of Relatos de la Noche features a collection of Christmas-themed horror stories submitted by listeners, including tales of supernatural encounters during holiday gatherings, mysterious wooden figures, inexplicable memory discrepancies, and eerie encounters on remote roads.
Insights
- Holiday gatherings create psychological vulnerability where families collectively experience and suppress unexplained phenomena rather than seeking rational explanations
- Shared traumatic experiences can create lasting family silences, with relatives avoiding discussion to protect vulnerable members from emotional distress
- Listener engagement through personal story submissions creates community trust and positions the podcast as a safe space for sharing otherwise untold family secrets
- Supernatural narratives often involve sensory details (sounds, smells, tactile sensations) that create psychological immersion more effectively than visual descriptions
Trends
Growth of user-generated content in horror podcasting as primary narrative source rather than scripted materialNormalization of discussing paranormal experiences within family contexts during culturally significant periods like ChristmasIncreasing audience interest in ambiguous supernatural narratives that resist rational explanationPodcast format enabling collective memory examination and the exploration of how groups remember events differentlyLatin American cultural specificity in horror narratives (Mexican locations, family structures, holiday traditions) as differentiator in global podcast market
Topics
Christmas-themed supernatural encountersFamily trauma and collective memory suppressionParanormal activity in residential settingsUnexplained phenomena during holiday gatheringsListener-submitted horror narrativesPsychological effects of shared supernatural experiencesMemory discrepancies within family groupsNocturnal supernatural encountersCultural folklore and paranormal beliefsEmotional impact of unresolved mysteries on family dynamics
Companies
Facebook Marketplace
Mentioned as platform where grandmother purchased used Christmas decorations, one of which allegedly harbored superna...
Quotes
"Nosotros ustedes y yo somos tan raros que incluso en estos días disfrutamos el terror"
Host•Opening segment
"Tu tío vino. Se sentó un rato conmigo en la sala, me preguntó si iríamos todos a la cena, y después se fue"
Grandmother character•First story
"No estoy bromeando. Viene igual que siempre"
Grandmother character•First story
"¿Ya te dormiste?"
Supernatural entity•Final story
Full Transcript
En la madrugada me despertó un sonido, venía de abajo, de la parte baja de la literera. Era un ruido leve como cuando un ratón rasca algo, golpes pequeñitos, casi callados. Me asume hacia abajo y via mi hermano dormido, él no estaba haciendo ruido, y lo peor fue cuando vi que, el don de de madera, no estaba donde yo la había dejado. Muy buenas noches querida comunidad, R.D.L. Enim. Yo espero de todo corazón que haya pasado muy acusto la Navidad, la noche buena, y vamos a continuar con un ambiente muy navideño, porque reunimos algunas de las historias sucedidas en estas fechas de sembrines más impactantes que nos han llegado recientemente. Espero que las disfruten si se pueden acompañar familia muy bien, y si no que estos relatos sean su compañía, sean su familia por hoy. Recuerden que siempre vamos a estar con ustedes. Así que es hora de dejarse llevar y entrar en estos relatos navideños, porque nosotros ustedes y yo somos tan raros que incluso en estos días disfrutamos el terror. Está escuchando relatos de la noche. Tengo muchos años escuchando relatos de la noche, y nunca pensé escribir, pero esta historia volvió mi cabeza ahora que se acercan a fiestas. Mi tío Raúl murió en octubre, fue algo rápido, un infarto mientras manejaba de regreso su casa. Tenía un poco más de 50 años, y aunque no era muy cercama a todos, siempre estaba presente en las reuniones familiares. Esa navidad decidimos no cancelarla, y a vuélinsisto en que había que juntarnos como siempre, aunque el ambiente claro no era el mismo. Nadie tenía muchas ganas de celebrar, pero una cierma amamos la cena, el árbol, los regalos. Me acuerdo muy bien que desde que llegamos a la casa hubo algo raro, pero nadie lo quiso decir en voz alta. El primer detalle fue una chamarrha. La chamarrha de mi tío estaba colgada detrás de la puerta del cuarto de visitas, una chamarrha vieja de mezclilla, que siempre olía a cigarro y a perfume, que él siempre dejaba ahí cuando venía. Mi mamá preguntó quién había sacado el closet, y mi abuela dijo que nadie. Pensamos que alguien había puesto ahí por costumbre, o como homenaje, como recuerdo, y no le dimos importancia. Durante la cena mientras estábamos sentados alrededor de la mesa, alguien tu cuel tema de mi tío, fue inevitable. Mi primo dijo que era raro que se ofer el primer año sin él, y mi abuela sin pensar lo respondió. Tu te océ vino. Todos nos quedamos callados. Ella siguió comiendo como sin nada, y luego dijo que había pasado en la mañana, que se sentó un rato con ella en la sala, que le preguntó si iríamos todos a la cena, y que después se fue. Mi mamá se rió nervioso y le dijo que no bromeara con eso, y abuela levantó a la mirada, y dijo algo que ya no supimos cómo contestar. No estoy bromeando. Viene igual que siempre. Nadie quiso seguir la conversación, que cambiamos el tema en cuanto pudimos. E esa noche ya tarde me tocó dormir en el cuarto, donde solía quedarse él. No me gustaba pero me había otra opción. Me desperté cerca de las cuatro de la mañana por un ruido en la sala. Pasos. Pasos muy lentos como lo sea alguien cansado. No me levanté, me quede quieto escuchando, y entonces oí claramente su voz. Estaba hablando con alguien allá fuera, simplemente conversando, y yo hubiera reconocido esa voz en donde fuera, y por supuesto que no salí. Era la voz y mi tio muerto. La mañana siguiente la chamarraya no estaba detrás a la puerta, y mi abuela me abuela murió unos meses después. Nunca volvió a mencionar esa navidad. Nadie lo hizo. Yo nunca supe que era lo que estaba allá fuera, afuera de meditaciones a noche, ni tampoco con quien hablaba esa voz. Que era idéntica la de mi tio. Pero eso sí, se quede que él volvió, volvió. Tengo apenas unos meses escuchando relatos en la noche, pero desde el primer episodio sentí que este espacio era justo para contar algo que nunca nos podíos olvidar en la familia. Lo que voy a narrar ocurrió cuando yo era adolescente todavía, durante una navidad en la casa de mis abuelos, en Sonora. Nosotros vivimos en los ángeles California, pero cada diciembre sin falta viajamos a México para pasar unos tías con la familia. Era una tradición, la casa de mis abuelos siempre fue el lugar al que uno vuelve aunque pase a los años. Mi es un opatio, mis uns muebles viejos, mis solores, también las mismas decoraciones navideñas. Por eso ese año desde que entramos, notamos algo distinto. Había muchos adornos nuevos. Mi abuelo siempre fue de guardar las decoraciones toda la vida, de asferas antiguas, figuras de barro, nacimientos incompletos, luces viejas que a veces ni prendían bien. Pero esa navidad había cosas diferentes. Adornos de estilo todavía mes mezclados, colores que no combinaban entre sí, figuras que no parecian tener la misma edad, origen ni tamaño. Pero saben que a una cine abuela tiene ese talento raro de hacer que todo funcionara al final. La casa se quiesa entiéndose muy acogadora. Cuando le preguntamos por las decoraciones nuevas, no dijo que había perdido muchas de las antiguas y que había comprado otras a través de Facebook, convencedoras del marketplace. Cosas usadas, baratas, pero bonitas, y hasta con historia hace con ella. No les dimos importancia. A mi mi mamá no le gustaba que comprar usado mi abuela, pero sabía que era un placer de ella. Encontrar cosas baratas, se noferta, cosas que era imposible ya conseguir nuevas. Allá en la casa de Sonora mi hermano menor y yo dormíamos en el mismo cuarto. Era una habitación sencilla, con una literad de metal. Yo arriba y el abajo, siempre. Y esa noche a la acomodarnos para dormir, no estamos algo que no estaba ahí antes. En el tocador justo frente a la cama de mi hermano, había una figura de madera. No era grande, era más chiquita que un termo. Tallada hermano, tenía brazos, piernas cortas, un cuerpo rígido y una cara que no sabría describir bien. No parecía sonriente, pero tampoco nojada. Era una cara rara para una decoración, sin mucha expresión en las facciones, pero, como una mirada profunda, no dijimos nada. No queremos parecer exagerados ni en ser un drama por una simple decoración. No queremos molestar a mi abuela con sus secoraciones, sobre todo si por alguna razón había decidido ponerse exactamente ahí. Apagamos la luz y ya. En el modo jugada me despertó un sonido. Venía de abajo, de la parte baja de la literad. Era un ruido leve como cuando un ratón rasca algo. Pequeños golpesitos casi callados. Me moví un poco incómodo, pero pensé que era mi hermano moviéndose dormido o quizás, alguna ni mala ya fuera. Simplemente me ha volviado a dormir. Pero no sé cuánto tiempo pasó hasta que... despertó un grito. El grito de mi hermano. Un grito seco intentando callarse, pero lleno de miedo. Encendía la luz y en metiato y lo vi llorando, hecho bolita en la cama. Me dijo casi sin poder hablar que... que algo lo acababa de morder. Le pregunté dónde tenía marcas en el pie. Pequeñas pero claras. Y no parecían marcas normales. De verdad, era una mordida. Lo abrazé, lo calme. Líjí que segura ha sido sólo un insecto que... que todo estaba bien, que fue esa imaginación, que estaba soñando y sintué el dolor. Pero entonces mireás el tocador. La figura de Madera ya no estaba ahí. Y no quise decir nada aunque me dio mucho miedo. Luego en la vida nuevo. Cerca de la ventana en el piso, recargada contra la pared. No parecía haberse caído. Estó acolucada como si alguien no hubiera dejado ahí. Mi hermano entre esos yosos me dijo que... había sentido claramente que algo se subía su cama. Que despertó cuando sintió dolor. Que creyóver... eso los piece la cama. Y yo no quise seguir escuchando. Le dije que seguramente había sido una pesadilla. Cuando volvió a dormir se tomó la figura y la regresa a su lugar original. En el tocador. No quería sustarlo más. Pensé que se al despertarla veía en el mismo sitio todo que daría como mal suenyo. Y el resto de esa noche por supuesto que ya no dormí. En la mañana le conté toda mi mamá. Me dijo que no pensaran cosas raras. Pero aún así me sugiría hablar con mi abuela. Preguntarle de dónde había salido esa figura. A quien se había comprado. Y cuando le preguntamos, me abuela a fronció el señor. Jual duende. Dijo. Y le explicamos. Le describimos el muñeco de madera. El al tocador en el cuarto. Ella negó con la cabeza. Dijo que no había puesto ninguna decoración en ese cuarto. Que ella misma evitaba mover cosas ahí porque sabía que dormíamos nosotros. Que no nos gustaba tener muchas cosas. Y fuimos corriendo revisar. La figura ya no estaba en el tocador ni en la ventana. Y ningún rincón del cuarto. Revisamos la casa. Nada. Pero al mover un armario viejo de ese cuarto, encontramos algo que nos dejó en silencio, sin saber qué decir. Detrás en la pared, avionócho. No era pequeño, no parecía reciente. La madera alrededor estaba desgastada. Como si algo hubiera entrado y salido de ahí durante mucho tiempo. No tenía la forma limpia de un abujero hecho por arramientas. Tampoco era un simple daño superficial. Me dijo que seguramente eran ratas, pero... Yo nunca había visto un nollo de ratas y... Esa Navidad nadie volvió a mencionar el tema. Mi hermano nunca volvió a hablar de la mortida. Pero durante el resto de la estancia, fizó dormir con la luz en sentida. Que así siempre con mis papás. Yo tampoco dije nada más. No quería provocar preguntas que nadie va a responder. Y me aguanté. Me aguanté y dormí solo aún con ese miedo también. El verano siguiente volvió solo la casa de mis abuelos, para pasar unos días con ellos. El cuarto ya estaba diferente. Había encambiado muchas cosas. La literatura ya no estaba. Pero el armario sí. El oye había sido tapado de manera improvisada. Lo sé porque revise. Tenía madera de otro color. Nunca supe que fue esa figura. De dónde salió o a dónde se fue. Nunca volvió a verla. Gracias por habernos dejado acompañarles en estas y estas, de verdad. Y gracias por confiar en nosotros para seguir contando sus historias. Continuamos con este episodio pero aprovechamos para pedirles que nos cometen si escucharon este podcast en estos días, en esta temporada de sembrina. Díjanos cómo lo hicieron. En compañía de su familia durante una reunión familiar, quizás, ustedes cometen que será muy, muy, muy bonito para nosotros. Lerlos. Sin más preámbulos. Seguimos con más relatos esta noche. ¿Qué tal comunidad? Feliz Navidad. Esto pasó cuando yo tenía como 12 años, pero los seguimos hablando hasta hoy porque ninguno coinciden a que ocurrió realmente. Y yo sé, yo sé que son raro pero permitan explicar. Era Navidad. Estamos en casa a mis papás. Nada especial. Tiene música de plática. Muchas pláticas. Miteo Tony estaba contando una niegda hasta que cuando éramos niños. En algún momento mi mamá salió. Escuchó clarito que alguien llegó y dejó la conversación a medias. Fue a la calle donde estuvo parada por unos segundos. Y luego volvió. Según que recuerdo cuando regresó, mi tio ya no estaba hablando de lo mismo. Se había quedado de la nada muy serio, muy callado, pensativo. Cuando hablamos de eso, un rato después. Mi hermana de dijo que mi mamá jamás se levantó. Que jamás escuchó algo en la calle. Mi mamá sí, yo también. Mi tiotón y tenía también otra versión. Y lo extraño es que esa noche pasó. Pasaron cosas que todos recordamos, pero... ...diferente. Mi primo, por ejemplo, asegura que mi tio dijo en algún momento lo siguiente. Se cuerdan de la Navidad, en la que nadie pudo dormir en toda la noche. Mi primo asegura que mi mamá respondió que no devían hablar de eso. Pero yo no recuerdo esa parte. Tampoco metío ni mamá. Lo que yo recuerdo es que hablaban de un niño que vivían a casa atrás cuando eran niños. Y que alguien había sesitado cerca de Navidad. Es una plática tan rara que, por un momento, cuando me dijeron que nunca lo dijeron, sentí que era un sueño, que era algo que se agregó a mi memoria. Sin embargo, ese niño sí existió. Ellos lo conocieron. Fue asesitado muy cerca de Navidad. Sin embargo, mi mamá dice que nunca hablaron de eso. Que hace mucho que no mencionan en ese tema. Y que esa noche mi tio se quedó en silencio casi todo el tiempo. Mi papá, que no estaba realmente con nosotros ahí, cura que mi tio se la pasó en el patio. Que lo vio dar vuelta hablando solo. Y lo único no que todos coincidimos es en lo que pasó después, cerca de las 12. Las luces del árbol tronaron y se apagaron solas. No fue una pagón ni una variación de algultaje porque todos los demás estaba igual, normal. Pero los foquitos tronaron, luego se apagaron, y volvieron a aprender pero para padeando. Mi abuela se puso nerviosa y notamos que empezó a regresar en los bajas. Mi tio Tony se levantó de golpe, dijo que ella se iba. Y desde esa Navidad, cada vez que intentamos recordar, exactamente que dijo que pasó antes de que él se levantara. Discutimos, porque nadie tiene el mismo recuerdo. No es que no queramos ponerlos de acuerdo. Cada quien nos recuerda diferente. Años después, mi tio tuvo un accidente y quedó mal. Lo cuidamos mucho todavía, entre todos. No puede tener emociones fuertes porque lo es controlan muy feo. Así que mejor, no hemos vuelto a mencionar esa Navidad. Lo pone muy mal. Ya casi lo olvidamos y creo que es mejor. Si pueden en estas fechas, les voy a recomendar algo. Intente recordar una fecha, una Navidad o un año nuevo de un año en particular. Porque quizás ustedes también tienen variaciones en la memoria. Quizás hay recursos diferentes, Realidades distintas. Quizás ustedes también tienen esos episodios que todos recuerdan diferente. Esa historia ocurrió hace algunos años durante un viaje familiar en fechas cercanas a Navidad. Y vamos de regreso por carretera, atravesando una zona de sacatecas que siempre se me habilla solitaria, oscura, peligrosa sobre todo de noche. Es la tarde, el camino estaba prácticamente vacío. Recuerdo que la ambiente era tranquilo, relajado. Solo nos distraya el sonido del carro avanzando y las luces iluminando lo poco que alcanzaban a ver del camino. En un punto del trayecto, algo ya muro nuestra atención ha costado de la carretera. Primero pensé que era un animal pequeño, pero conforme nos acercamos, pude distinguir mejor esa figura. Esa figura que corriendo a los patas. Era un ser de vaca estatura, no más alto que un niño pequeño. Llevaba lo que parecía ser un sombrero alto y cuadrado, botas puntiagosas y vestimientos cura. Lo que me impactó fue la forma que se movía. Cuando comenzó a correr, sus brazos se movían de adelante, se atrasieron de manera muy marcada, al igual que sus pequeños pies, como si no se desplazara de forma natural. No corría como ninguna persona, como ninguna animal que yo conociera. Todos guardamos silencio. Lo vimos, pero nadie dijo nada en ese momento, aunque era evidente que había algo paranormal. La figura cruzó rápidamente y se perdió entre la oscuridad del camino, sin que pudiéramos ver hacia donde fue exactamente. Seguimos avanzando sin decir palabra, una durante varios minutos. Nadie quería ser el primero en comentar lo que habíamos visto, en aceptar que lo habíamos visto, pero sabíamos que todos habíamos presenciado lo mismo. Un poco más adelante al mirar por el retrovisor, al que ansia mutara algo que me dejó muy inquieto. A la orilla del camino, donde momentos antes había perdido la figura, se alcanza a ver lo que parecía un pequeño cubo, con una luz brillante. En este informa de cruz, no nos atuvimos. Continuamos el camino hasta llegar a nuestro destino, pero durante el resto del trayecto, el ambiente se sentía como muy denso. Nadie volvió a mencionar lo ocurrido a noche. Hasta el día de hoy, cuando recorra ese viaje, sigo sin poder explicar con certeza que fue lo que vimos en esa carretera. No sé si fue algo que pertenece ese lugar, o simplemente algo que se nos cruzó en el momento en el que menos lo esperábamos. Por casualidad, por pura casualidad. Esto pasó cuando yo era un niño, pero lo recuerdo con una claridad que me incomoda. No por qué he sido especialmente espectacular, sino por qué fue silencioso. Y por que nadie más lo escuchó como yo. Era una vida que estamos en casa de los familiares, en un pueblo chiquito. Uno con casas compatios todavía muy muy grandes, donde los terrenos de atrás todavía no están bien delimitados. Con árboles viejos, plantados hace 15 a ve cuantos años creciendo sin orden. Durante el día el patio no tenía nada de raro. Tierra seca o cascaídas, troncos, torcidos, pero, de noche, comunidad. De noche los árboles se vayan distintos. No se extinguió unos de otro. Farecian sólo una masa negra, cerrada. Como si el fondo del patio no tuviera fin. Yo dormía en un cuarto que daba directo ese patio. La ventana quedaba justo frente a los árboles. Después de la cena en la viteña todos se quedaron despiertos un ratito más, platicando, tomando café y poche. Y luego uno por uno se fueron chendo a dormir. La casa se quedó en silencio, con ese silencio raro de madrugada. Cuando ya no hay ningún ruido de televisión y vos eslejanas. No sé qué hora era cuando me desperté, cuando lo primero que escuché fue un crujido lejano. No fuerte ni seco, era un sonido lento y regular, como de alguien caminando entre ramas. Pero no tenía el ritmo normal de una caminata. Había pausas largas entre un sonido y otro. Como si eso que se moviese tuviera a pensar en cada paso. Me incorporé un poco en la cama y merece la ventana. Entre los árboles se veía movimiento. No me silo esta clara, era más bien algo que se veía que se esplazaba dentro de la oscuridad, empujando ramas, doblando las. Que por momentos parecía alto y en otros parecía demasiado bajo, como si se encorvara de más. Entonces escuché algo que no se parecía el sonido de las ramas. Un crujido distinto, más cerco, más cercano. Como huesos crujiendo al moverse. No era solo un tronido, era una serie de pequeños crujidos, uno tras otro, como si algo caminara con el cuerpo, doblado, forzado, acomodándose con cada paso. Y eso fue lo que más miedo me dio, porque entendí que algo ya fuera no estaba caminando, normal ni derecho. Porque eso parecía avanzar encorbado, muy corrobado, que hacía rastrando entre los árboles. Cada vez que se movía la rama zonaban y luego se otro ruido más interno, como si su propio cuerpo protestara el moverse. Quise convencerme de que era un animal, un perro grande, quizás o quizás un borracho del pueblo. Alguien que se metió sin querer, pero entonces pasó al currero. Eso que se movía no salió del patio. Caminaba en círculos, siempre entre los mismos árboles. No se acercaba la casa, ni se alejaba del todo. Como si ese espacio fuera el único lugar donde podía estar, donde podía dar vueltas. De pronto se detuvo, el sonido de la rama se so, el crujiste los huesos también, sentía algo muy claro en el pecho. La sensación de que de algo me estaba viendo desde la oscuridad. No vi los ojos, no vi un rostro, pero supe que eso estaba mirándose a mí, hacia la casa, hacia mi ventana, y me quedé quieto, muy quieto. Pasaron varios segundos, quizás minutos, no lo sé. Y entonces, desde el patio escuché una voz, baja, responsa, se escuchaba como cerca del suelo. Que lo dormiste. No fue un grito, ni una amenaza, fue una pregunta muy tranquila, casi cuidadosa, y ahí fue cuando reaccioné. Me bajé de la silla junto a la ventana y me metí debajo de la cama, temblando. Desde eso lo podía haber un pedazo de la pared y la parte baja de la ventana. Es que checomó algo se movía tan nuevo, pero ya no estaba entre los árboles. La jora venía hacia la casa. El crujito desde las ramas fue reemplazado por otro sonido, por algo rastrando se sobre la tierra, y cada poco segundos es ruido seco, incómodo, como de huesos está acomodándose para avanzar. Eso se tuvo justo frente a la ventana. No escuché que tocar el vidro, no escuché una respiración fuerte ni nada. Solo sentí su presencia, ahí queta, y escuché como entonces solio hablar, más cerca de mí. ¡Ya te dormiste! No respondí. Me tapé la boca con les manos para no llorar, para no hacer ningún ruido. Después de eso no recuerden que momento me dormí, solo sé que desperté con el sol entrando por la ventana, con el ruido normal de la casa despertando. Nunca le conté nadie lo que pasó. Con los años volví a esa casa varias veces, el patio seguía ahí, con los árboles también, pero nunca volvía a somarme de noche, por supuesto que no. Hoy queda adulto si yo sin saber que fue eso, no puedo decir que fuera algo sobre natural con certeza, solo sé que aún debes en cuando sueño que estoy ahí, y que se escucha algo caminado en los curidad, algo caminando encorbado, crujiendo con los huesos sueltos, preguntándome si chama dormir. Y ahora, si no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no