Summary
Relatos de la Noche presents four supernatural horror stories from Spanish-speaking listeners: a man experiencing paranormal activity in a rooftop apartment previously occupied by a witch, a woman hearing her own voice in her parents' house, a family's encounter with an otherworldly creature on an Argentine ranch, and a group's frightening encounter with a demonic entity while descending a Mexican mountain at dusk.
Insights
- Supernatural experiences often escalate in intensity when witnesses attempt to rationalize or ignore initial warning signs, suggesting psychological vulnerability increases with denial
- Animal behavior serves as a reliable early indicator of paranormal presence across multiple accounts, with pets showing distress before human perception of danger
- Liminal spaces and transitional times (dusk, rooftops, mountain paths) appear consistently associated with supernatural encounters, indicating cultural patterns in folklore
- Witnesses demonstrate reluctance to name or directly describe entities encountered, suggesting psychological defense mechanisms when confronting the inexplicable
- Familial transmission of supernatural experiences across generations indicates either genetic sensitivity or environmental persistence of paranormal phenomena in specific locations
Trends
Growing audience engagement with first-person paranormal testimony as entertainment and cultural documentationNormalization of supernatural experiences in Latin American communities through podcast storytelling platformsIncreasing focus on animal-human perception gaps in paranormal narratives as explanatory frameworkShift from religious/demonic interpretation toward ambiguous, unnamed entity descriptions in modern horror accountsUse of podcast format to preserve oral folklore traditions and family narratives across generationsEmphasis on witness credibility through mundane life details and reluctant testimony rather than sensationalismGeographic specificity in paranormal accounts (Buenos Aires province, Milpa Alta, Mexico City) as authenticity marker
Topics
Paranormal Activity and Supernatural EncountersFolklore and Oral Tradition PreservationAnimal Behavior as Paranormal IndicatorPsychological Response to Unexplained EventsLiminal Spaces and Temporal Thresholds in HorrorWitness Testimony and Credibility in Paranormal AccountsGenerational Transmission of Supernatural ExperiencesLatin American Folklore and Regional LegendsSleep Paralysis and Nocturnal PhenomenaDemonology and Entity ClassificationEnvironmental Haunting and Location-Specific PhenomenaSensory Perception in Paranormal ContextsFear Response and Survival InstinctSkepticism vs. Belief in Supernatural NarrativesCultural Interpretation of Unexplained Phenomena
People
Ivan
Offered narrator rooftop apartment in exchange for temporary housing assistance during relocation crisis
Brenda
Shared account of hearing her own voice in parents' house while housesitting during Easter vacation
Hugo
Recounted family's multi-generational encounter with paranormal entity on Argentine ranch in Buenos Aires province
Diego
Described encounter with demonic entity while descending Tehuitle mountain in Milpa Alta, Mexico with friends
Quotes
"Nadie se quedaba en ese cuarto, porque este día de hoy estaba sío"
Ivan•~15:00
"No era una sensación normal, no era piel de alguien joven, ni de una persona sana. Era una piel floga, fría, arrugada y pegajosa, como de alguien muy viejo."
First Narrator•~12:30
"Esto ya no suena igual. Suena que está pasando algo de verdad en la casa, ¿no?"
Brenda's Father•~28:00
"Era como si no le dolieran los golpes por más que mi padre le dosían los puños"
Hugo•~42:00
"No deberían estar aquí a esta hora"
Mysterious Entity•~68:00
Full Transcript
Escuché que alguien caminaba alrededor de mi departamentito de azotea. Me levanté y atoré bien la puerta con una silla, porque nadie tenía que andar ahí. Nadie subía a esa azotea. Pagué la luz e intenté dormir. Y ahí me di cuenta de que ya no estaba solo en mi cuarto. Muy buenas noches comunidad, gracias por darnos la oportunidad de llevarles a ustedes las siguientes historias. Hoy ser una noche buena, una muy buena noche. Hoy tenemos historias que les podrían ocurrir a ustedes cuando menos se lo esperan. Si están listos es momento de adentrarnos en las siguientes historias, sino tienen 10 segundos para irse porque ya comenzamos con relatos de la noche. 5, 4, 3, 2... La verdad yo no tenía pensado terminar viviendo en un cuarto de azotea, pero tampoco tenía muchas opciones. El departamento es donde vivía lo iban a tirar, literalmente. Nos avisaron con poco tiempo porque ya habían vendido todo para tirarlo y hacer un edificio nuevo. Y aunque intenté buscar algo rápido, todo estaba carísimo, pedían requisitos que no tenían ese momento. Hábales con propiedad, varios meses de renta para el depósito. Imposible. Y me agarró muy mal parado. Un muy buen amigo, Ivan, fue el que me hizo el paro. Me dijo que su papá tenía un departamento en una vecindad cerca del centro de las viejas, que era de 4 departamentos, nada más. Uno era el de él, pero además le pertenecía a un cuartito que casi no usaban en la azotea. Me dijo que si quería, podía quedarme ahí unos días en lo que resolvía. Cuando fui a verlo, sí me sacó un poco de onde lugar. Era muy viejo, con la pintura carcomida por todas partes y los pasillos eran muy oscuros aunque era de día. Los departamentos estaban ocupados, se escuchaban televisiones, se olía que alguien estaba cocinando, una señora abriendo el patio. El cuarto de azotea estaba arriba de una escalera extremadamente angosta, como escondida al fondo. Era pequeño, con una cama, un ropero viejo y una ventana quedaba atrás de azoteas, y nada más. Antes de irse iban, me dijo algo que en su momento tomé como broma, que no se rentaba porque nadie aguantaba quedarse ahí, pero que no me espantara, que no pasara de que hoy era cosas. Le pregunté por qué y nada más se rió. Me dijo que luego me contaba, que no me quería sugestionar, pero era justamente lo que ya había hecho. De todas formas yo acepté porque la verdad, como les digo, no tenía de otra. La primera noche me acomode como pude, dejé mis cosas, barrí un poco el polvo y me costé temprano porque venía cansado de todo el movimiento de sacar mis pocas cosas a la casa. Ya de noche todo estaba en silencio y empecé a escuchar pasos allí arriba, en la azotea, conmigo. Esa azotea no era la común, donde los demás subían a atender, la parte donde yo estaba estaba separada. Escuché como si alguien estuviera caminando despacio, hasta arrastrando un poco los pies. Pensé que era algún vecino o alguien que subía a ver quién había llegado, aunque se me hacía raro por la hora. Luego los pasos se tuvieron justo afuera de la puerta. Me quedé quieto, nada más se escuchando, y entonces fue cuando sentí algo más raro, como si alguien estuviera del otro lado, agachado atrás de la puerta. No sé cómo explicarlo, pero se escuchaba como una respiración muy bajita, muy pegada a la puerta, como si algo estuviera tratando de asomarse por debajo. No abrí, me dio miedo la verdad, me quedé ahí nada más y moverme, hasta que después de un rato los pasos se fueron otra vez, como si hubieran bajado las escaleras. Esa noche dormí muy mal, pero me convencí de que había sido mi cabeza, entre el estrés, el cambio, el lugar nuevo, todo eso. Al día siguiente trate de hacer mi vida normal, salí, busqué opciones de renta todo el día, hablé con gente. Cuando regresé en la noche, incluso desde un poco antes de subir, pero ya estaba ahí, y era mi refugio, pero esa segunda noche fue distinta. Otra vez, creo que a la misma hora empezaron los pasos en la sotea, pero ahora no se oye tan lentos, eran más constantes y hasta más firmes, como si alguien estuviera dando vueltas. Me levanté, fui a la puerta y me aseguré de que estuviera bien cerrada, le puse seguro y además arrime una silla como en las películas, para sentirme más tranquilo. Regresé a la cama, apagué la luz, y fue justo en ese momento cuando escuché. Una risa, susurro, no sé, algo raro, pero que no fue afuera, estaba adentro, conmigo, muy cerca de la cama. Yo lo único que pude hacer fue voltearme, pegarme a la pared, intentar ignorar, pero... Sentí como el colchón se hundía detrás de mí, como cuando alguien se sube a la cama contigo. Intenté moverme, voltear a hacer lo que fuera, pero a esas alturas ya no pude. Sentí como dicen que es cuando se te sube el muerto, así de golpe. Sentía todo, estaba consciente, pero no podía mover ni un dedo, ni siquiera podía gritar. Y esa especie de risa... La sentí, sentí algo, el contacto, algo detrás de mí en la cama, un brazo, el pecho, piel pegándose a mi espalda. No era una sensación normal, no era piel de alguien joven, ni de una persona sana. Era una piel floga, fría, arrugada y pegajosa, como de alguien muy viejo. Y estaba completamente desnuda. Sentí como me rodeaba, como se acercaba más, como su cara quedaba justo detrás de mi cuello. El susurro no tenía directamente en el oído. En ese momento fue cuando empecé a intentar con todo moverme. No sé cómo, pero poco a poco fui recuperando el control de las manos y luego de los brazos. En cuanto pude, me giré de golpe sin abrir los ojos, sin poder ver nada. Pero el colchón se movió, como si alguien se hubiera quitado de inmediato. No prendí la luz, no me quedé a revisar. Abrí la puerta como pude, moví la silla, bajé las escaleras corriendo y salí a la calle. No me importó nada más, esa noche no. Caminé sin rumbo hasta que encontré un parque o unas cuadras. Había dos personas en hogar en una banca, despiertas. Me senté cerca de ellos sin decir nada. No quería estar solo. Me quedé ahí toda la noche. Al día siguiente regresé al cuarto, pero solo por mis cosas. Subí rápido, no miré a ningún lado. Agarré todo y me fui. Cuando vi ahí va, le pregunté bien directo qué era ese lugar, qué pasaba. Me dijo que ese cuarto antes lo ocupaba una señora, que llevaba años ahí, que nunca pagaba, que siempre tenía problemas con todos, que su papá tuvo que sacarle la fuerza con abogados y todo. Dicen que era una bruja, me dijo, pero de las que se hacen cosas bien feas. Por eso siempre pensó que mi papá no se iba a animar a sacarla. Le pregunté qué había pasado con ella. Sigue viva, me dijo. Se fue a Baracruz, ¿dónde era? ¿Qué dices con unos familiares? Y ya, no me explicó nada más. Yo no regresé, pero lo que sí me quedó muy claro es porque nadie se quedaba en ese cuarto, porque este día de hoy estaba sío. Me llamo Brenda y esto me pasó esta semana santa, hace apenas unos días. Mis papás se fueron de vacaciones unos días y me pidieron si me podía quedar en la casa para cuidar a sus perros y al gato. Yo acepté sin pensarlo. Vivo sola desde hace tiempo, trabajo como mesera y la verdad siempre ando cuidando cada gasto. Entonces quedarme ahí también me venía bien para no preocuparme por la comida, por la luz, por la luz, por la luz. Pero nada, era serles el favor y de paso darme un respiro. La casa de mis papás es una colonia muy, muy tranquila, donde el único ruido en la calle es cuando pasan vendedores y donde todo tiene un ritmo como de antes. Yo crecía ahí, entonces no es un lugar que me de miedo ni nada. Al contrario, siempre me aparecía un lugar seguro por más olas que estén las calles de noche. El primer día llegué ya muy tarde, después de mi turno largo. Venía cansada, con hambre y con ganas de bañarme y acostarme y ya... todo normal. Pero antes de abrir la puerta de la casa escuché a los perros. No estaban ladrando como cuando me escuchaban llegar, estaban jugando. Se escuchaban sus patas corriendo por la sala, ese sonido rápido que hacen cuando se emocionan. Cuando alguien les está ventando a algo o cuando están con alguien que conocen. Uno de ellos hasta hizo un ruidito, ese que hace cuando está muy contento, como un quejido cortito. Me detuve porque algo era muy claro, no estaban solos. Se escuchaba claramente que estaban reaccionando a alguien, como si alguien estuviera ahí dentro con ellos. Pensé que a lo mejor alguno de mis tíos había pasado o algún vecino cercano, pero... Nadie tenía llave. Y si alguien iba a ir, mis papás me hubieran dicho. Me acerqué un poco más a la puerta y pegue el oído. Y ahí fue cuando sentía algo muy raro. Entre los sonidos de los perros escuchaba una voz. Mi... voz. Mi... voz. No parecía Dani como si. Era mi voz tal cual, con la misma forma de hablar, con los mismos tonos que uso con ellos. Como cuando les digo cosas tontas y hablo con los perros en otra voz. No entendí lo que decía, pero reconocí perfectamente como hablaba. Me quedé completamente quieta, nada más escuchando. Y de repente esa voz allá adentro hizo un sonido bajito. Como si se hubiera dado cuenta de que yo estaba del otro lado de la puerta. Hacémello todo. Agarré valor y abrí. La casa estaba en silencio. Los perros estaban en la sala sobre el sillón, completamente quietos. No corrieron hacia mí, no se movieron. No hicieron nada de lo que siempre hacen cuando llegó. El gato también estaba ahí, en el respaldo del sillón, viéndome. Los tres sin moverse, como si supieran que los había sorprendido haciendo algo malo. Entre despacio, dejé mis cosas y prendí más luces de las que normalmente prendería. Revisa rápido la casa, el baño, la cocina, el cuarto de mis papás. Todo estaba en orden, pero totalmente... esa sensación fea no se me quitó. Me quedé con la tele prendida. Me quedé con la tele prendida. La luz es del vacillo también. Los perros se subieron conmigo a la cama, pero tampoco estaban tranquilos. Se despertaban con cualquier ruido, levantaban la cabeza como... como si estuvieran esperando algo. Me acuerdo bien que le mandé mensaje a mis papás esa misma noche, preguntándoles si alguien había ido, si alguien más tenía llave. Les dije que juraría que escuché a alguien aburrido. ¿Qué escuché a alguien hablando? Como yo, al llegar. No me respondieron hasta la mañana siguiente. Mi mamá me contestó primero por mensaje, muy breve, diciendo que no, que nadie había ido y nadie iba a ir. Y luego me puso que mejor les marcara cuando pudiera. Se me hizo raro. Les marquee un poco más tarde camino al trabajo y ven el transporte con ruido alrededor tratando de sonar normal. Me contestó mi papá. Le pregunté otra vez más directo. ¿Seguro nadie fue? ¿Nadie tiene llave de la casa? Me respondió algo que no vi venir. Tu mamá ya había dicho algo parecido. Le pregunté a qué se refería. Me explicó qué desde hace meses, cuando se quedaba solo en la casa, en las noches, decía que escuchaba mi voz, que le escuchaba en partes oscuras de la casa, en el pasillo, en la cocina, en el cuarto del lavado, siempre donde la luz no llegaba bien. Que le hablaba como si yo estuviera ahí. Ma... Oye... Ven. Cosas así. Mi papá pensaba que era ni idea así ella, que se estaba sugestionando y por eso nunca me dijeron nada. Pero lo que me cuentas tú, me dijo mi papá. Esto ya no suena igual. Suena que está pasando algo de verdad en la casa, ¿no? Yo no supe qué decir. Ese día trabajé como siempre, pero no dejé de pensar en la casa. Regresé en la noche con menos ganas que el día anterior. Antes de abrirme, quedé un momento escuchando. No se oía nada. Abrí. Todo estaba bien. Todo estaba en silencio. Durante esos días no me volvía a pasar algo así, pero ya no me sentía igual en la casa. Ya no apagué ninguna luz en la noche, dormía con la tele prendida, evitaba pasar por ciertas partes de la casa sin motivo y siempre se ha ruido cuando llegaba, como para que se supiera que ya estaba ahí. Los perros dejaron de comportarse raros después del segundo día, el gato también. Todo volvió a verse normal, o al menos eso parecía. Cuando mis papás regresaron yo ya me quería ir. No les conté todo en persona, solo lo necesario, que ellos tampoco me preguntaron mucho. Desde entonces no me gusta quedarme ahí sola. Voy, claro, escasa mis papás. Paso tiempo con ellos, comemos. Todo normal, pero en la noche ya nunca me quedo. Y si alguna vez tengo que hacerlo, les juro que voy a dejar otra vez todas las luces prendidas. Gracias por aguantarme la suara estar de que salió este episodio comunidad, pero ya saben, a veces trabajamos tanto que el cuerpo no da para mí, si nos obliga, literalmente a tomarnos un descanso, aunque sea unas horas, pero para evitar el colapso. Pero bueno, ya estamos mucho mejor, llevarles estas historias siempre, siempre, siempre me pone de mucho mejor humor y me hace sentir acompañado por todos y por todas ustedes. En ese sentido creo que es mutuo, porque siempre voy a agradecer que dejen que relatos a la noche les acompañe a ustedes. Ahora nos vamos hasta Argentina con la siguiente historia, una leyenda muy famosa de allá, que se nos va a aparecer muy pronto. Vamos a ello. Me llamo Hugo y soy de lo más profundo de la provincia de Buenos Aires, lejos de todo. Esta es una historia que mi familia siempre se ha narrado de la misma forma, sin adornos y cambios aunque vaya pasando el tiempo, como si nadie quisiera cambiar ni una palabra de la historia, de lo que pasó. Mis papás se fueron a vivir muy jóvenes a una estancia donde ellos se han hecho y que ellos se han hecho, mis papás se fueron a vivir muy jóvenes a una estancia donde mi papá trabajaba como capataz, un terreno enorme, de eso son de no alcanzas a ver el final y donde el monte se mezcla con todo en el horizonte, los sueños casi nunca estaban, así que en la práctica vivían solos ahí. Cuando todo empezó mi mamá estaba embarazada de mí, un día venía del pueblo caminando porque la dejaban en la entrada del camino y de ahí todavía tenía que avanzar un buen tramo y desde antes de llegar sintió que alguien la venía siguiendo, a lo mejor no por pasos claros, pero sí por esa sensación de que alguien está detrás de ti sin querer alcanzarte. Cuando volteó por fin, vio un hombre entre los árboles, alto, quieto, mirándola. Mi mamá apuro el paso y fue cuando él se movió, como queriéndole cerrar el camino. Mi papá sale a buscar a mi madre porque ella se estaba tardando y cuando llegó y vio la escena, sin decir nada se le fue encima a ese hombre. Siempre dice que lo golpeó muy fuerte, pero que el tipo no reaccionaba como alguien normal, que era como si no le dolieran los golpes por más que mi padre le dosían los puños. Antes de que lo soltara por fin, el hombre le dijo que no se quedara ahí, que no era lugar para crear familia. Dice que se lo dijo con calma, aún cuando él estaba pegando y... y eso fue lo que más se le quedó mi papá. De todas formas, lo dejaron allí golpeado y regresaron a la casa pensando que todavía ha terminado. Esa misma noche empezaron a notar cosas muy raras. Primero los perros, que eran animales de trabajo, acostumbrados al campo, dejaron de salir en la noche. Ya no ladraban ni corrían, se quedaban pegados a la casa y si mi papá los intentaba sacar no avanzaban. Una noche salió porque los escuchó inquietos, moviéndose raro y con la luna alcanzó a ver algo en el límite del corral. No estaba tan lejos, pero tampoco lo suficientemente cerca para distingirlo bien. Era una forma oscura, más grande que un perro, más baja que un hombre, como si no terminara de ser una cosa u otra. Estaba sentado, mirándose adentro. Los perros no se acercaron ni mi papá tampoco. Dice que lo que más le llamó la atención no fue la forma, sino la manera en que lo estaba viendo, no como un animal. Se regresó a la casa sin hacer ruido y al día siguiente habló con un peón que llevaba años trabajando en la zona y ese hombre le dijo que no era el primero que veía algo así y que mejor no se metiera ni le buscara, que si eso ya lo había ubicado, era buena señal. Mi papá intentó seguir su vida normal en esos momentos, olvidar lo que había visto. Yo nací poco después y crecía ahí los primeros años con reglas muy claras que en ese entonces no entendía, como no salir cuando he pensado oscurecer, no alejarme de la casa y siempre estar acompañado de algunos de los perros. Cuando tenía como 12 años fue cuando me tocó a mí. Era una tarde normal, estaba jugando cerca de la casa con Ramón, uno de los perros, hijo de los que tenía mis papás, un animal grande pero muy tranquilo sobre todo conmigo. En un momento se quedó completamente quieto, no groñó de inmediato, solo se tensó y luego empezó a hacer un sonido bajo mirándose al campo. Yo volteé pero no vi nada y él salió corriendo. Yo fui detrás sin pensarlo, llevancelo suficiente para llenover la casa detrás con claridad. Ahí fue cuando lo sentí antes de verlo, el silencio se hizo total, no se escuchaban insectos, ni viento, ni nada. Ramón ya no estaba frente a mí de pronto, entre el pasto alto o algo se movió, pero no rápido sino lento, como si no tuviera la más mínima prisa. Al principio solo vi el espalde curvada y luego levantó un poco la cabeza, no lo podría describir bien sin inventar cosas, solo sé que no era un animal normal y que me estaba viendo. La distancia no era mucha, estábamos bastante cerca y en eso Ramón se le aventó sin dudar y ahí fue cuando reaccioné y empecé a gritar. Mi papá salió con una linterna y la escopeta y cuando la luz le pegó esa cosa, se echó para atrás y se percibió entre el campo de una forma que no era ni corriendo como perro, ni caminando como persona. Mi Ramón regresó al estimado, pero no como en una pelea normal, tenía cortes raros como, como si algo lo hubiera alcanzado con fuerza. A los pocos días mi papá decidió que nos íbamos, no quiso esperar más ni ver que más nos podía pasar, nos fuimos de la estancia dejando lo que no era indispensable. Ramón no se recuperó, las teridas no cerraban bien y en pocos días se fue apagando. Con el tiempo mi papá habló un poco más del tema, no mucho pero lo suficiente para dejar claro que no creía que fuera un animal cualquiera. También supo que el hombre con el que se había peleado ya no vivía en el pueblo, que se había ido sin decir adónde. Años después alguien comentó que la choza donde vivías había quemado, pero que no encontraron ningún cuerpo allí, ni nada raro. Yo hice mi vida lejos de ese lugar, me vine a la ciudad, todo cambió pero, sigo recordando, sigo pensando si eso, o algo similar, permanece habitando esos rincones de la Argentina. Me llamo Diego y esto me pasó hace como año medio, en Milpa Alta, subiendo el tehuitle con unos amigos. Nosotros somos de la zona, así que no es como que fuéramos turistas ni nada, crecimos allí, fuésemos los caminos, sabemos por donde subir y por donde no. El cerro siempre ha estado allí siendo parte de nuestro paisaje diario, pero también sabemos con ese lugar para andar de noche, no tanto por historias, porque pues simplemente no es buena idea. Ese día subimos en la tarde como a las cinco, éramos cuatro, dos amigos, mi primo y yo, llevábamos cosas para pasar el rato arriba, pero nada especial, la idea era ver el atardecer y bajar antes de que oscureciera, al principio todo iba bastante bien, el camino de siempre, la terra suelta, los nopales, ese olor seco del campo que este te quede en la ropa, nos encontramos un par de personas bajando ya, nada raro, llegamos arriba todavía con luz, nos sentamos un rato, estuvimos platicando, viéndose a la ciudad, desde allí se ve todo, y cuando empieza a bajar el sol, el cielo se pone rojo de una forma muy especial, muy marcada, como si toda la luz se concentrar en ese punto, nos confiamos, entre la plática y el rato se nos hizo más tarde de lo que pensábamos, y cuando reaccionamos ya no era desatardecer bonito, ya era ese momento donde la luz empieza a irse rápido, sin aviso, decidimos bajar de inmediato, al principio el camino todavía se extinguía bien, pero conforme fuimos descendiendo la luz cambió muy rápido, no es lo mismo subir que bajar, de bajada todo se siente más cerrado, más oscuro, y aunque conoces el camino empiezas a dudar de cada paso, y íbamos hablando menos, porque todos íbamos más concentrados en no resbalarnos, en no perder el sendero, fue como la mitad cuando lo vimos, un hombre estaba sentado en el camino, entre unas piedras, no estaba completamente escondido, pero tampoco tan visible, si no ibas atento, lo pasabas de largo, nos detuvimos, no parecía alguien que se hubiera perdido, no tenía mochila, no tenía nada, solo estaba ahí sentado con la mirada hacia abajo, unos de mis amigos le dijo algo, como para ver si necesitaba ayuda, pero no respondió de inmediato, luego levantó la cara y... no tenía algo evidente que lo hiciera ver extraño en ese momento al menos, pero había algo muy raro en una mirada tan tranquila, en alguien que estuviera en la oscuridad, en medios de la nada, en un lugar tan peligroso como ese, nos dijo muy tranquilo, casi como si nos conociera, ya se les hizo tarde, nadie contestó, luego agregó, no deberían estar aquí a esta hora, y esto no lo dijo como enojo o como para asustarnos, lo dijo como quien señala algo obvio, mi primo le dijo que llevamos bajando, el hombre sintió pero no se levantó, no hizo ningún movimiento, solo se quedó ahí, y seguimos caminando, nadie dijo nada durante varios metros, y no sé quien fue el primer en voltear, pero uno de nosotros lo hizo y los demás después también lo hicimos, seguía, ahí detrás, pero ya no se veía igual, su postura ya no era la misma, estaba encorvado con el peso hacia adelante, apoyado en lo que parecían ser las manos, como en cuatro patas, ya no tenía la forma de alguien sentado como una persona, y parecía tener cuernos, como de chivo, nadie dijo nada, ni gritamos, no hicimos nada, ni siquiera apuramos el paso, solo, solo seguimos bajando, a partir de ahí el camino se hizo distinto, como se endoviera cerca la muerte, como cuando algo malo va a pasar, nadie se quiso adelantar ni quedarse atrás, bajamos más rápido de lo habitual, pero sin correr al contrario, con mucho cuidado y como tratando de no llamar la atención de nada, no otra vez, cuando por fin llegamos a la parte donde ya se ven las casas, donde empieza a ver luz a la calle, todos nos relajamos un poco, ahí siempre se empezamos a hablar otra vez, pero nadie mencionó directamente lo que habíamos visto, fue hasta después llamas tranquilos que salió el tema, todos coincidimos en lo mismo, nadie quiso decir exactamente qué era, uno dijo que a lo mejor lo vimos mal por la luz, otro que quizás se agachó y lo confundimos, mi primo casi no opinó, yo tampoco quise ponerle nombre a lo que vimos, pero lo que sí sé es que, que eso no era nada normal, nada de este mundo que conocemos, desde entonces no vuelto a subir al teo y a la tarde, si vos hoy es temprano y bajo con tiempo, aquí en estos cerros se habla de muchas cosas, hay tantas leyendas en mi elpa alta que, no sé, no sé qué puedo ser, pero ninguna opción me deja tranquilo, fiera un agual, fiera el diablo que dicen que vive en ese cerro, vivo demasiado cerca, camino demasiado tarde, cuando las calles están vacías, todas las opciones de lo que pudo haber sido, me aterran. Comunidad antes de irme quiero decirles algo, yo sé que hay mucho que agradecerles muchísimo, la mejor forma de pagarles es por supuesto es con más contenido, con contenido extra, por ahora la mayor parte de mi tiempo se ha estado yendo terminar una sorpresa para ustedes que es muy importante, pero créanme, los cambios que se van a ver para agradecerles, lo que se viene, y con eso me refiero a más y mejoras historias, no van a hacer cosas de una sola vez, los cambios que vienen para mejorar serán permanentes, así que por ahora descansen tranquilos y sueñen lindo, viene lo mejor para relatos a la noche, y vamos juntos comunidad, descansen.