Relatos de la Noche

LA OUIJA QUE SE COME NUESTRAS ALMAS (COMPLETA)

93 min
May 16, 202619 days ago
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Summary

This episode presents a complete supernatural narrative about a Ouija board allegedly containing the soul of a malevolent witch from Veracruz, Mexico. The story follows a family's experience during the COVID-19 pandemic when they use the board at their grandparents' house in Valle de Bravo, leading to unexplained deaths, possessions, and paranormal phenomena that continue to haunt them.

Insights
  • Ouija boards marketed as harmless games can carry significant psychological and social consequences when used without proper understanding of their cultural or spiritual significance
  • Collective experiences of fear and paranormal phenomena can spread through family groups, creating shared narratives that reinforce belief in supernatural causation
  • The narrator's skepticism gradually erodes through accumulated unexplained events, demonstrating how rational people can shift toward supernatural explanations when conventional logic fails
  • Objects associated with traumatic events can become vessels for ongoing psychological distress and family dysfunction across generations
  • The podcast format allows for extended narrative building that creates immersive storytelling through accumulated detail and emotional testimony rather than evidence
Trends
Growing popularity of long-form paranormal storytelling in Spanish-language podcast contentIncreased interest in pre-commercial Ouija boards and historical occult objects as narrative devicesBlending of family trauma narratives with supernatural explanations in contemporary horror contentUse of anonymous testimony and name-changing to create authenticity in paranormal podcastingIntegration of listener engagement mechanics (cliffhangers, call-to-action for social sharing) in episodic horror contentExploration of pandemic-era isolation as a setting for paranormal experiencesNarrative focus on objects as agents of supernatural harm rather than mere tools
People
Uriel
Host of the podcast who received the Ouija board from the anonymous protagonist and experienced unexplained phenomena...
Anonymous Protagonist
Primary narrator sharing her family's experience with the Ouija board and its supernatural consequences during pandem...
Quotes
"la huija te marca y en algún momento vuelve por ti"
Anonymous ProtagonistOpening statement
"lo que vive en esa tabla en realidad está atrapada en ella, lo que está ahí en esa huija es lo más cercano al diablo que puede estar un ser humano"
KatyMid-narrative revelation
"una vela frente al espejo es algo que jamás por ningún motivo deben de hacer"
KatyWarning segment
"había visto el infierno, que había visto muchas cosas, que sabía donde iba"
Grandmother (reported)Hospital scene
"la huija llama, esta huija llama"
KatyFinal explanation
Full Transcript
Esta es la historia completa de la huija que come almas. Si quieres escuchar únicamente la conclusión de esta historia, ve a la marca de una hora, seis minutos y cincuenta y cinco segundos. He escuchado muchas cosas malas de la huija. Y también la verdad, hay mucha gente que la juega sin vivir nada particularmente terror. Hoy, hoy les quiero decir que aunque sea la más sencilla, aunque sea un juguete y jueguen sin mala intención, la huija te marca y en algún momento vuelve por ti. Lo que les voy a contar yo es la terrible historia que vivimos y seguimos viviendo con la peor huija que nos podíamos encontrar. Les voy a contar como lo que vive en ella nos arruinó la vida. Me gusta saber que esta historia la va a escuchar la comunidad relatos en la noche. Solo aquí podría confiar, pero debo advertirles cuando intento contarle algo me detiene, me duele la cabeza, me siento mal y a la gente en la que la he llegado a compartir, sobre todo la gente que de alguna forma me podría ayudar, han pasado por lo mismo. Esta historia habla sobre una tabla huija. Aprendí mucho sobre ellas, lamentablemente, para defenderme, para defender a lo que quiero. Y también aprendí que esa maldita tabla con la que me topé, guardaba algo terrible en ella y nos ha costado mucho. Pero supongo que para que entiendan mi historia debo ir hasta donde inicia todo, hasta octubre de 2020 en Valle de Varabo. Mis abuelos vivían allá, tuvieron una vida cómoda y cuando mi abuelo se jubiló y dejó su negocio a cargo de mi papá y de mi tío Armando, vendió la casa que tenía en la Ciudad de México, donde crecimos todos, vendió un departamento que tenía en Polanco y con sus ahorros se compró una casa en Valle. Es un pueblo hermoso rodado de montañas, a poco más de dos horas de la Ciudad de México. La casa que compró perteneció a un amigo suyo y ahí habían pasado infinidad de fines de semana y algunas vacaciones. Yo también. Mis abuelos siempre soñaron contener una casa así, así que cuando supieron que estaba en venta, precisamente esa, decidieron que ahí sería donde pasarían sus últimos años. Pero nunca pensaron que serían tan pocos, que el sueño sería tan corto. La compraron a principios de 2019, así que para cuando llegó la pandemia, era el lugar perfecto para pasar lo lejos de todo y a salvo, pues los dos siempre tuvieron problemas de salud y de hipertensión. A los demás en la familia nos estaba mucho miedo que pudieran contagiarse, pero al mismo tiempo teníamos cierta tranquilidad de que estuvieran tan aislados. Los únicos que los veían cada dos semanas eran mi tío Armando y Katy, su esposa, que les llevaban a despensa, medicinas y todo lo necesario para que ellos no salieran. Pero en octubre nos llamaron a todos. Se estaban poniendo muy mal anímicamente, pues ya no veían a nadie, se sentían débiles, nos extrañaban y aunque sabían que no nos queríamos visitar para no exponerlos, nos producieron pasar unas semanas allá. Sabían que nos cuidábamos mucho, que todos, salvo mi papá, prácticamente estábamos encerrados en casa todo el tiempo. Era muy poco probable que estuviéramos enfermos, pero además nos estarían la oportunidad de estar en un lado de la casa hasta que pasarán dos días y ya nos sintiéramos con confianza de ir a verlos y abrazarlos. Prácticamente iríamos y nos pondríamos en cuarentena y en un lugar de la casa antes de convivir con ellos. Y así y solo así aceptamos. Supongo que esto lo vamos a compartir muchos, los que teníamos abuelos en la pandemia, contagiarlos eran uno de los miedos horribles con los que todos teníamos que vivir. Así que nos preparamos, nos llevamos todo y nos fuimos para allá. La casa era tan grande que podíamos vivir cómodamente sin encontrarnos con mis abuelos, que se encerrarían esos dos días en su habitación, separada del resto por un largo pasillo. Serían mis abuelos, mi mamá, mi papá y yo y del otro lado de la familia, mi tío Armando, su esposa Katy y mi prima Mariela. Mariela era de mi edad, pero se había distanciado mucho de todos desde la muerte de su mamá, de mi tía Mari. Y la verdad, todos nos enojamos un poco con mi tío porque antes de cumplir el año de Viodu, ya se estaba cazando de nuevo. Además, había algo bien raro con su esposa, con Katy. En muchos sentidos parecía que se hacía pasar por mi tía Mari, que en paz se alcance, como si realmente quisiera ocupar su lugar y mora cuestión de ser amable, de sentirse cercana con nosotros. Alguna vez, por ejemplo, mi mamá y a mí nos incomodo mucho que nos hizo un chiste privado que teníamos entre nosotras con mi tía Mari y que no sé cómo ella se supo. En fin, convivir con ella iba a ser lo de menos si podíamos estar junto a mis abuelos. Y yo tenía muchas ganas de convivir con mi prima, ver cómo estaba y es que había borrado todas sus redes sociales y ya no sabía de ella. Recuerdo muy bien y no si si esto tenga que ver, un sueño que tuve la noche antes de salir hacia la casa de mis abuelos. Estaba ahí en su casa, pero se veía diferente. Estaba vieja, descuidada. Adentro toda pesta, parecía que tenía años abandonada. Yo buscaba mis abuelos por todos lados, pero no estaban, y entonces una señora muy fea aparecía en un pasillo y me señalaba hacia la ventana. Yo le preguntaba dónde estaban mis abuelos, quién era ella y qué se ahí, y sin decir una palabra volvía a señalarse afuera. Yo finalmente me asomaba y afuera había muchos muertos alrededor de la casa. Se veía su ropa horrible, vieja, como si acabaran de salir de las tumbas. Al fondo veía a mis abuelos caminar, alejarse, pero yo no me atrevía a salir porque, porque todos los muertos parecían ver hacia la casa, y poco a poco empezaban a avanzar. Supongo que aquí comienza la parte inexplicable de mi relato, y pido perdón por tardarme tanto, pero, créanme que todo lo que contado era necesario saber para entender lo que viene. Llegamos a Valle de Bravo, en cuanto nos acercamos allá cambió el clima, se empezó a sentir el frío de esa zona. Llegamos al pueblo a comprar todo lo necesario para espasar varios días sin salir de casa, con mucho cuidado, con doble curvo de bocas, como siempre se ponía mi papá. Luego salimos del pueblo hacia la casa de mis abuelos, en una zona aún más solitaria, lejos de todo, sin vecinos como siempre soñó mi abuelito, sobre todo, a quien nunca le gustó a la gente. Recuerdo que había un poquito de lluvizna cuando nos acercábamos hacia allá, y me gustaba, y en esa época del año todavía nos iban a tocar esas lluvias de la noche. Era muy bonito ver la lluvia en el paisaje de esa casa, tan cuidada como la tenían, tan bonita, pero cuando llegamos me sorprendió ver los alrededores algo descuidados, la hierba crecida. Mi papá me dijo que era porque le habían pedido a los trabajadores que dejaran de ir, para no arriesgarse ni arriesgarlos, pero que aprovecharía esos días para darle algo de mantenimiento donde fuera necesario. Se me hizo raro porque en ese momento estaba como... como descuidada y eso le da un aspecto más de casa embrujada que de casa facacional, pero... bueno, trabajaríamos en eso. Y en la camioneta de mi tío estacionada, ya habían llegado, bajamos y ahí estaban comiendo mi tío Armando y Katy. Lo saludamos, luego fuimos a saludar a mis abuelos que estaban en la puerta de su habitación. Estábamos alejados de usuarios metros de ellos, todo el largo del vacillo, y aunque sé que todos teníamos ganas de darnos un abrazo, sentimos que era más seguro esperar un poco, bañarnos, cambiarnos de ropa, no sé, creo que mucha gente va a entenderlo para noicos que éramos en esos días de pandemia con nuestros adultos mayores sobre todo. Luego regresamos con mi tío. Katy tenia esa risa tan amable que siempre me incomodaba, como si no fuera sincera. Le pregunté por mi prima Mariela y me dijo, las muchachas andan explorando el bosque. Las muchachas pregunté. Mi tío me dijo que Mayra, sobrina de Katy, se estaba quedando con ellos, así que la habían llevado también a pasar esas semanas con los abuelos, que me querían bien, que le habías dado mucho a Mariela estar con ellos, que ahora eres inseparable. Y pues, bueno, pensé, yo tenía ganas de ver a Mariela, pero si estaba mejor, eso también lo pondré a feliz. Me puse mi chamarra para la lluvizna y salí al sendero por el que me dijeron que se habían ido, el que le gustaba a Mariela desde que empezábamos a ir ahí, cuando mis abuelos rentaban la casa de vez en cuando todavía. Pero me empezaba a reciar la lluvizna y al ver a lo lejos y no encontrar ni señales de ellas, decidí mejor regresarme después de avanzar un rato. Y cuando di la vuelta, fue muy raro, pero ahí vi hierbas aplastadas, como si alguien acabara de pasar por ahí, saliéndose del sendero. Puse atención y escuché voces no muy lejos de donde yo estaba, una de esas será la de mi prima, estaba segura, así que caminé saliéndome del camino, siguiendo el rastro de hierbas aplastadas. Cuando avance un poco noté que había una especie dependiente, ya no se veía nada hacia el sendero y mucho menos hacia la casa, parecía que buscaban esconderse para haber llegado hasta allá. Al acercarme escuché más claramente la voz de Mariela y una voz más como jugando. Luego Mariela dijo no por favor, y eso me hizo presurarme, gritarle, gritarle que ya había llegado, saludándola pero al mismo tiempo intentando detener lo que sea que estuviera pasando. Las voces callaron cuando me escuché, pero yo seguía avanzando un par de metros más y, al mover unas ramas ya pude verlas. Mariela estaba acostada en el piso y una chica de nuestra edad, Mayra, estaba sobre ella, escondiendo alguna de sus manos en su espalda. Me sonrió, me dijo que me estaban esperando, que mi prima le había hablado mucho de mí, ni prima me sonrió también y entendí entonces que estaban jugando, o al menos eso parecía. La dabra se fuerte, tenía ganas de verla pero había algo muy raro, la sentí como antes de que se muriera su mamá, tranquila, sonriente. Les dije que ya nos esperaban para comer, que sería mejor que se apresuraran, mi plan era quedarme con ellos un rato pero no sé, algo no me gustó de Mayra, así que mejor me adelanté, tenía muchas ganas de salir de ese bosque, de volver a la casa. Me quedé pensando en Mayra, delgada, muy blanca, con hojeras oscuras muy marcadas, casi como manchas, pelo negro muy bonito y lazio, nariz grande, parecía casi como una chica de medio oriente o algo así, era muy bonita pero de forma rara, al menos para mi, me daba algo de miedo. Cuando llegaron a la casa saludaron a mis papás con toda naturalidad y nos pusimos a comer, los abuelos comían desde un comedor chiquito que tenía cerca de su cuarto, era muy rara esa sensación de estar juntos pero no estarlo, pero queríamos cuidarlos, era lo mínimo que podíamos hacer. Durante la comida me dijeron dónde dormiría, no iba a hacerlo con Mayra, ahí ya le dejarían dormir con Mayra, así que yo tendría una habitación para mí sola, eso me gustó pero al mismo tiempo me puso triste, pero me tocaría dormir en el ático, en el lugar con la mejor vista de la casa, desde donde se veía el bosque y el agua a lo lejos, y eso sí me gustaba. Después de comer Mayra se me acercó, me miró sin decir nada, fue una pausa muy larga, demasiado, que me incomodó, hasta que le pregunté qué pasaba, Mayra me dijo que cuando todos se durmieran, cuando todos fueran a sus cuartos, bajar a la habitación donde estarían ellas, tenemos que mostrarte algo, la tarde pasó, yo me bañé y subí a dormir, y me puse a mirar por la ventana del ático, de verdad amaba ese lugar, me recordaba mucho las casas de las películas, nunca me había dado miedo, pero eso estaba a punto de cambiar. Escuché que tocaron la puerta, eran Mayra y Mariela, me dijeron que si estaba lista y yo no entendí, Mariela me preguntó si Mayra no me había dicho lo que íbamos a hacer, y le dije que no, que solo me dijo que me iban a mostrar algo, no, esto te va a cambiar la vida, dijo Mariela, me tomó de la mano y sin darme tiempo de contestarme sacó de la habitación, pero Mayra la detuvo, no, no, aquí, vamos a cerrar aquí, está más lejos de tu papá, al decirle eso se lejó por las escaleras oscuras, yo regresé a mi cuarto con Mariela intentando platicar con ella, pero no me respondió nada, fue como, como si se bloqueara, como si se apagara su felicidad cuando Mayra no estaba, volvió con un cuadro envuelto entre la negra, entró a mi cuarto y me pidió que cerrar la puerta con seguro, me dijo que no podía decirle a nadie lo que estaba a punto de mostrarme, respondí que, ok, me hizo curarlo y dije de nuevo que sí, pero creo que Mayra notó que lo dije muy a la ligera, júralo, por una vida que te importe, que no supe qué decir porque no le iba a decir a nadie, no importaba lo que tuvieran, pero aunque no creía mucho en esas cosas no quería jurar algo así, le pregunté por quién tenía que jurar y me dijo que únicamente dijera, lo juro por una vida que me importe, dije que sí, cuando lo dije, en ese momento jalo mi mano y junto a la suya descubrió lo que llevaba entre esas telas viejas, era una tabla huija y aunque les juro que no es algo que me asustara, que nunca había sido algo que me diera miedo particularmente, no sé si fue por el momento por estar allí, solas en el ático en medio de la nada, pero sentí muy raro, sentí como se hubiera mostrado algo que realmente podía comunicarme con los muertos, cerramos la habitación con llave, debo confesar que la tabla era tan rara que se veía tan vieja, tan única, que me sentía hasta intrigada, y Mayra me contó toda la historia, tanto su madre como su tía Katy, la esposa del papá de Mariela, estaban muy interesadas en lo oculto, al grado de comprar varios objetos importantes, todos guardados celosamente en una habitación de la casa, yo sabía que Katy era de una familia dinarada, rara pero dinarada, porque cuando se metió en la vida de Mitya Armando, lo primero que pensamos todos fue que se trataba solamente de una mujer más buscando su dinero, pero no, Katy no lo necesitaba, tenía más dinero que mis abuelos, tenían tanto dinero que ellos y su hermana podían darse lujos de gastar en cosas como esa, la huija de un hechicero de un pueblo en las montañas de Veracruz, y Mayra aclaró que no era Katamaco, que era solo un pueblo para invocar turistas, no, los verdaderos brujos, dijo, se encontraban en pueblos mucho más escondidos, de difícil acceso, a los que era casi imposible llegar, nos dijo que en esa tabla habitaba el alma de una bruja, de una mujer que había hecho mucho bien pero que había sido quemada viva a principios del siglo pasado por un grupo de revolucionarios durante las guerrillas en la sierra, fue conjurada por primera vez en 1936, en un momento cuando las huijas eran todavía desconocidas en México, antes de que fueran comercializadas por aquí, porque hay que recordar que la huija en sus inicios era considerada como un elemento para contactar a los espíritus, incluso los que nunca estuvieron vivos, luego fue comercializada con un juego de mesa y después se dividió entre las variantes de quienes seguían pensando que era solo un juego y aquellos que lo utilizaban como elemento principal de rituales e incluso satánicos, Mayra sabía toda su historia, incluso mencioné esa frase de que el mejor truco del diablo había sido convencer a la humanidad de que él no existía, también dijo que lo mejor que le podía pasar a esos entes que buscaban una forma de contactar con nuestro plano era que lo hiciera gente que no estuviera convencida de lo que realmente estaba haciendo, gente que no supiera cómo abrir o cerrar una sesión. Empezamos a jugar y yo iba cayendo un poco en el carisma de Mayra que dominaba la conversación, le creía, le creía todo. Preguntamos si la pandemia acabaría en oviembre, la tabla rápidamente respondió que no, luego cuando insistimos, cuando de todas formas preguntamos si el final se acercaba y la tabla seguía yendo al nudo, preguntamos otra cosa, preguntamos por qué. Les juro por una vida que me importe que la tabla escribió la palabra, pariante, algo que en ese momento no entendimos pero que por alguna razón se me quedó muy muy marcada la memoria y que claro, estamos por entender en unas cuantas semanas después. Las preguntas siguieron, fueron subiendo de importancia, preguntamos al final cuando estábamos cansadas si tendríamos vidas largas y felices si lograríamos cumplir nuestros sueños, la tabla respondió que no y antes de que pudiéramos hacer otra pregunta continuó con la siguiente frase, con mi ayuda, sí. Creo, creo que hasta ese momento sentí que estamos hablando con alguien, con alguien más que con un algo que con una tabla y es que de verdad meto las manos al fuego, el cursor se estaba moviendo solo con toda claridad, sin ningún esfuerzo de ninguna de las tres que teníamos un dedo sobre él y ni siquiera presionándolo, por eso me atrevía a preguntar, ¿quién eres? ¿Con quién estamos hablando? La tabla respondió que ya lo sabíamos, le dije que yo no sabía nada, que nos dijera y entonces respondió, te lo dijo Mayra, es decir entendimos que Mayra tenía razón, que lo que nos había contado era cierto, le pregunté si era la bruja que vivía en la tabla y antes de que pudiera terminar la pregunta, de verdad, el cursor se movió violentamente hacia el sí, yo me asusté, vi a Mayra más pálida de lo que era, mientras las dos dimos un paso atrás, mi prima Mariela se incó al frente de la tabla, puso sus dos manos en el cursor y preguntó, ¿tú puedes ayudarme a hablar con mi mamá? La tabla no dijo nada, Mariela intentaba mover el cursor, yo vi que intentaba cargarlo hacia el sí como si dar al empujón fuera a marcar la respuesta que estaba buscando, la vi triste, la abracé, Mayra también se acercó, estábamos a punto de terminar el juego cuando algo me hizo voltear a la tabla, el cursor se había quedado en medio y yo vi cómo se estaba moviendo, solo sin que nadie lo tocara y les dije que voltearan, el cursor comunidad se fue al sí sin que nadie lo hubiera tocado siquiera, Mayra dijo que esto era demasiado, que esto no tenía que pasar, que le llamaría su mamá en la mañana para preguntarle, aunque estábamos haciendo todo de acuerdo al ritual, aunque sabía abrirlo y cerrarlo, que se moviera sola sin ningún contacto de nosotros era demasiado, no debía ser así, esto no se suponía que debiera estar pasando, Mariela se acercó de nuevo a la tabla y le dijo Mayra que no, le dijo muy molesta que iba a seguir jugando, clavó su mirada en ella y le dijo, me lo debes, tú sabes por qué Mayra, me debes esto, yo me levanté para salir pero Mayra dijo que no podía irme, que lo que fuera que estaba pasando era hacia el estrés, sino ya no iba a haber más respuestas y aunque cada fibra de mi cuerpo me decía que estaba mal, que no debía estar ahí, no podía hacerle eso Mariela, si me ponía en su lugar, yo no podría soportar que no me ayudaran, así que por ella, por mi prima me quedé, cuando regresamos al juego, de pronto algo me hizo pedirles que se callaran, alguien venía por las escaleras, subió lentamente hasta llegar a la puerta del ático, nos quedamos calladas, había alguien ahí, detrás, estábamos seguras, ¿están despiertas? la busa mi papá me asustó, porque diablo se había subido, sin abrir la puerta le dije que sí, que estábamos ocupadas todavía, preguntó qué estábamos haciendo, dijo que ya debíamos estar dormidas, le dije que estábamos hablando de cosas personales, de cosas de muchachas, y dijo que no tardaramos mucho más por favor, que los abuelos podían salir a recorrer la casa de noche y por algo o algo así, que si queríamos que permaneciera aislados, no podíamos andarnos otras caminando por ahí también, Mayra dijo que pronto acabaríamos, que no tardábamos en ir a dormir, mi papá no contestó, solo bajo las escaleras, sé que cuando no contestes porque esté enojado, pero en ese momento un regaño por la mañana era la última de mis preocupaciones, le preguntaron a la huija por mi tía, por la mamá de Mariela, respondió bajamente, en oraciones raras, cosas que no entendíamos, palabras inconexas, entonces le pregunté yo, ¿puedes hacer que venga mi tía? La huija respondió lo siguiente, déjanos entrar, déjanos entrar, déjanos entrar, lo dijo tres veces, Mayra preguntó cómo, la respuesta fue, vela, frente, espejo, toda la noche, luego volvió a escribirlo tres veces más, Mayra le dijo a Mariela que eso ya era demasiado, que no podían hacer eso, que no sabía si lo que vendría al espejo sería su madre, y Mariela aunque estaba triste aceptó, y es que eso hasta a mí la más escéptica de la familia me daba miedo, empezamos a cerrar la sesión, Mayra inició el ritual que nos dijo que conocía bien, cuando los pasos se volvieron a escuchar subiendo las escaleras, mi papá seguramente venía de vuelta al ver que no bajaban, al ver que seguíamos despiertas, les dije que guardáramos silencio con una ceña, para ver si mi papá creía que estábamos hormidas y ya no nos decía nada, llegó hasta la puerta, casi aguantamos la respiración para que no dijera nada, se detuvo ahí detrás de la puerta, intentó abrirla muy despacio, ya vamos pa, ya no son sonir, intentaba abrirla de nuevo, y lo repetí que ya íbamos que no entrará, me iba a matar si no se veía jugando con la guija, pero seguía intentando abrir, Mariela le dijo que llevan a bajar, pero seguía en la puerta, no se iba, hasta que me levanté y abrí para decirle que ya estaba bueno, que querer entrar así iba contra mi privacidad, pero cuando abrí la puerta no había nadie, nadie ni en todas las escaleras, pero alguien estaba intentando abrir la puerta, yo vi la manija moviéndose, yo sentí la presión cuando la toqué para abrirla, había alguien del otro lado, pero desapareció, casi me desmayo, creo que eso era porque se me doblaron las piernas, Mariela tomó la escalera y bajó corriendo sin decir nada, y Mariela la siguió, y yo, yo miraba hacia ese cuarto en el ático, ese que siempre me había gustado, y ahora esa oscuridad que siempre me había calmado me daba a favor, sentí que había alguien ahí escondido, tomé rápido mi teléfono y bajé sin ver atrás, sintiendo que alguien me miraba desde la oscuridad, dejé a prisa por las escaleras, llegué hasta el cuarto de mis papás, me metí y me curruqué entre ellos, lo que más quería sentirme protegida y me puse en medio como cuando era chiquita, me despertó mi mamá, me preguntó por mi prima, le dije que no la había visto después de que se bajó corriendo en la noche, que le preguntaran a Mayra por ella, me dijo que Mayra si estaba ahí, pero que Mariela no había amanecido en su cama, que no le encontraban por ningún lado, mientras me decía eso, yo recordaba lo que había estado soñando, lo escribí en las notas en mi teléfono para no olvidarlo, pero soñé que estaba ahí en la casa de los abuelos, en el ático, que veía por la ventana y había muertos, como en el sueño que tuve antes de ir, muertos parados alrededor de la casa y la misma mujer fea les decía como entrar, le señalaba una ventana abierta y todos se acercaban y entraban por esa ventana y los escuchaba ahí abajo moviendo todas las cosas de los abuelos y ahí despierta, escuchaba ahora el movimiento de mis tíos en la casa buscando a Mariela por todos lados, tocaron a mi puerta, era Mayra, me dijo que algo muy malo había pasado, le pregunté por qué lo decía y me dijo que la iban a matar, que la tabla era mucho más importante de lo que creía, que no nos había dicho toda la verdad, que el ritual que habían hecho Mariela allí en el bosque antes de que las encontrara, la había activado realmente, es que ahí vive una señora en la tabla pero no es buena como les dije y te lo juro que yo la vi aquí en sueños antes de venir, como si ya no se hubiera estado esperando, seguía sin entender bien porque estaba preocupada, Mariela seguramente se ha habido a caminar como ya había hecho antes, yo no creía que tuviera que ver con lo que habíamos estado jugando y es que ya por la mañana, ya con la luz del sol entrando por la ventana, ya no me daba tanto miedo a la huija, entonces Mayra me dijo que le acompañara por favor, al regañadiente se acepté y la seguía en mi pijama, fue cuando me dijo que la tabla no estaba, que se le había llevado mi prima y que había pasado algo peor, llegamos a sus cuartos y me señaló hacia el baño, abrí la puerta, frente al espejo había una vela completamente consumida como si lo hubieran dejado ahí, encendida toda la noche, Mariela no entiende lo que va a pasar pero ya la trajo, la ayudó a salir, no sabe quién es esa mujer en lo que te pide y mamá me va a matar, me fui a cambiar para salir a buscar a Mariela, estaba ya muy preocupada por ella, pasé por el pasillo que daba hacia el cuarto de mis abuelos, mi mamá escuchaba algo que le platicaba mi abuelita, un sueño desde lejos, le decía que había visto a una mujer horrible y la describía igual que la que yo vi en mis sueños, la abuela decía que la mujer había estado sentada toda la noche en su mesadora, la que tiene junto a la cama, que soñaba con algo y luego como que abría los ojos y la veía, pasaba otro sueño, luego volvió al cuarto y de nuevo podía verla como si fuera real, que le estuvo viendo toda la noche y que se veía como una persona de carne y hueso que parecía real, muy real, yo temí lo peor que si lo fuera, que eso que estaba en la huija se hubiera salido, que le hubieran ayudado a salir y por alguna razón se fijara en ella, en mi abuela y tenía razón de tener ese miedo, mis primas y yo jugamos a la huija toda la noche, estamos en la casa de mis abuelos en valle de bravo durante la pandemia, acudimos a mis padres y yo, también mi tío armando, su esposa Katy y mi prima Mariela, todavía sufriendo la muerte de su mamá, todavía sufriendo que mi tío se hubiera casado con Katy tan pronto, al llegar ahí me di cuenta de que llevaron a alguien más, a Mayra, una extraña chica de nuestra edad, sobrina de Katy, ella llevó consigo una extraña huija, muy muy vieja, diferente a esas comerciales que venden en todos lados, nos dijo que le había robado, que le tenían su tía y su madre, coleccionistas del oculto, que había pertenecido a un brujo de las montañas de Veracruz y que en ella, en la tabla habitaba una bruja, la jugamos y la huija nos habló de muchas cosas, hasta de lo que seguía en la pandemia que en ese momento vivíamos, pero todos de faldiablo cuando Mariela le preguntó si podía hablar con su mamá, cuando la huija le dijo que antes tenía que dar la entrada, que dejara una vela encendida toda la noche hasta que se consumiera frente al espejo, aunque en ese momento nos asustó y decidimos dejar la huija por la paz, amanecimos con una noticia, mi prima no estaba ya en la casa, se había internado en el bosque y en su cuarto había una vela consumida justamente frente al espejo. Y lo más raro de todo fue que varios de la familia, incluida yo y incluida mi abuelita, habíamos estado soñando con una mujer horrible que casi parecía una muerte en vida paseándose por esa casa y en el caso de mi abuela, observándola desde dentro de su cuarto, sentada en su mesedora, viéndola dormir. Mis papás y tíos estaban preocupados por Mariela, pero sospechó que en el fondo pensaban que se había levantado temprano y se había ido a caminar, eso no era algo tan raro, era normal. Parte de lo que disfrutábamos tanto de la casa de mis abuelos era todo el bosque alrededor, la seguridad con la que nos perdíamos en él por horas, además había algo más importante en ese momento. Mi abuela, poco después de contarle a mi mamá que había soñado toda la noche con esa mujer extraña que la veía en su cuarto, se empezó a sentir mal, tenía ganas de vomitar, tenía calor, estaba sudando a chorros. En ese momento como ya se imaginarán, lo que más me conoció es que se tratara de covid, sobre todo porque significaría que nosotros se lo habíamos llevado, y sí ahora sabemos que esos síntomas no eran y que duran días sin incubarse, en manifestarse después del contacto con una persona con el virus, pero en ese momento estábamos seguros de que la habíamos puesto en peligro. Así que mis papás y mi tío Armando prepararon como pudieron una camioneta con bolsas de plástico para llevarla hasta un doctor que conocían a 40 minutos de ahí, pero cuando se preparaban algo más ocurrió, vimos a Cathy aproximarse a la casa por un sendero, venía con mi prima Mariela en Piyama de Escalza, todos corrimos hacia ella a preguntarle cómo estaba, a preguntarle qué diablos le había pasado, por qué nos había preocupado así. Cathy dijo que la había encontrado a 20 minutos de la casa, a varios kilómetros de ahí, acostada, dormida, en una zona llena de piedras, y no sabía cómo había dejado ahí, y Mariela tampoco parecía saberlo, decía que se sentía bien pero no tenía dolor ni nada raro, sus pies estaban llenos de heridas pero lo más extraño de todo fue que cuando Cathy le encontró no las tenía, sus pies estaban perfectamente sanos, fue al caminar de vuelta que se los lastimó, y entonces cómo diablos llegó ahí, dormida, cómo entró a una zona tan peligrosa sin hacerse el más mínimo daño, sin lastimarse los pies. Pero bueno, eso era algo con lo que Lidia harían después, me encargaron mucho a Mariela mientras llevaban a mi abuela el doctor, y me dijeron que Cathy se quedaría también con nosotras para cuidar a mi abuelo, que pusiéramos mucha atención en caso de que presentara algún síntoma, cualquier cosa extraña, que les habláramos en cuanto algo pasara. Yo acompañé a Mariela a lavarse las heridas de los pies, y ese fue un momento sumamente extraño comunidad, porque a pesar de que parecía hablar normal, no sé, la vi una tristeza en ella, en sus ojos, que me recordaba esos primeros días cuando murió su mamá, mi tiamai. Le pregunté si recordaba lo que habíamos jugado, lo que nos había dicho la huija, y me dijo que sí, que lo recordaba todo, que recordaba ir a su cuarto o intentar dormir. Maera le dijo que no fuera a hacer nada sin preguntarle, y luego, como si ya no se controlara, como si estuviera soñando, recuerda borrosamente haber salido a buscar una vela, los fósforos, regresar al espejo de su cuarto y decir unas palabras, palabras que no reconocía, pero entre ellas encontró una frase, lo que sea, pero que venga mi mamá, estábamos muy tensas, pero algo rompió nuestra plática, voces, una voz que parecía regañar a otra en silencio, salimos rápidamente para ver desde donde venía y en el salón encontramos a Cathy apretando muy feda las niñas de Casamayra, que lloraba como si fuera una niña, nos volvió a ver, luego conoció a Cathy, vengan para camo cosas idiotas, no saben lo que acaban de hacer, no saben lo que trajeron. Cathy había descubierto que Maera robó su huija, que la llevó ahí y que sin ningún permiso la jugó, dijo que esos artículos estaban en su cuarto bajo llave por una razón, porque todos eran peligrosos de una forma u otra, pero lo peor, el objeto más peligroso en esa colección macabra era precisamente esa tabla, esa huija, luego nos preguntó qué tanto no se había dicho Maera sobre ella, le respondí que sabía que la tabla era de un brujo de Veracruz, que él contactaba a una mujer que habitaba en la huija, una bruja que había vivido hace mucho tiempo y que trató de hacer el bien a la gente del pueblo y de los alrededores, Cathy se empezó a reír, se empezó a carcajear, empezó a murmurar que éramos unas estúpidas, no tienen idea, no se silla, de la mentira que les digo Maera, mucho bien, lo que vive en esa tabla en realidad está atrapada en ella, lo que está ahí en esa huija es lo más cercano al diablo que puede estar un ser humano, en Veracruz esa mujer se llevó más almas que el cáncer, yo no entendía, Maera estaba confundida también, Maera tenía una expresión muy rara que pasaba de la de una niña regañada a una muchacha casi burlándose de lo que escuchaba, luego Cathy la señaló y preguntó, estoy segura que este muchacha idiota no les compartió el pequeño detalle de que cuando obtuvimos esa huija hace años, ella, Maera, estuvo poseída por la bruja esa, pero eso no se los dijo verdad, que no supe que responder, no dijimos nada y Cathy continuó, por tres días esta niña no estuvo ahí y algo más estaba en su cuerpo y nos costó sangre y nos costó mucho dinero y nos costó, nos costó una vida de alguien que queríamos mucho el poder liberarla, pero nada de eso les dijo verdad, Maera se disculpó, dijo que no podía decir algo de lo que nos acordaba, que no podía habernos advertido si ella misma nunca le contaba esa historia bien y Cathy le respondió que era para que no viviera con la culpa de lo que su alma costó, pero en ese momento había algo más urgente, algo que teníamos que resolver cuanto antes, la huija ya no estaba por ningún lado, tampoco la había encontrado Cathy junto a Mariela en el bosque, en algún lugar alrededor de la casa o entre los senderos estaba y teníamos que encontrarla cuanto antes, dijo algo que en ese momento no creí, dijo que ya estaba costando almas, pero si no le encontrabamos a tiempo, si no hacíamos con ese maldito objeto lo que ella nos iba a indicar, nos iba a costar la vida de todos, y no estoy hablando de esta vida nada más, esta se la de menos, estoy hablando de que esto nos va a costar el alma, de que nos vamos en el infierno si ustedes no arreglan su cagadero, buscamos por toda la casa, los abuelos no eran religiosos, no había agua bendita ni crucifijos ni figuras o están para religiosas, Cathy encontró algo en su maleta para protegernos pero dijo que tenía que conservarla para proteger la casa de lo que andaba en el bosque, y así sin más nos dijo que fuéramos que la buscaramos, que no tenemos mucho tiempo y nos advirtió algo, porque la vela frente al espejo siempre es algo peligroso y esto quiero dejarlo muy claro comunidad de relatos a la noche, una vela frente al espejo es algo que jamás por ningún motivo deben de hacer, ni siquiera para aprenderla la pongan en frente, pero dejarla ahí toda la noche después de que algo específicamente te lo pidió, era peor de lo que imaginábamos. Cathy nos dijo que no hicieramos caso lo que escucháramos en el bosque, a lo que viéramos ahí y que si algo en algún momento parecía como un fantasma, corriéramos para alejarnos lo más fuerte que pudiéramos, porque sería algo completamente real. Si tienen suerte, dijo lo que se salió, lo que anda aquí es un espíritu cualquiera, pero si es ella la que vino, ya no hay mucho que hacer. Me puse mi chamarra hacia frío, había algo de niebla, parecía que en cualquier momento de nuevo podría volver a llover, Maher estaba rara, casi emocionada por lo que estábamos a punto de buscar, como si fuera un juego, una aventura, y Mariela, mi pobre prima seguía con esa mirada triste, la misma de cuando murió su mamá. Cathy nos dijo una última cosa, que cuando escucháramos el zumbido de moscas, había algo maligno cerca. Me acerqué el pasillo que daba el cuarto del abuelo y le grité, no respondió, me acerqué unos pasos más para decirle que íbamos a caminar en el bosque, que íbamos a buscar algo que habíamos perdido, de nuevo no respondió, aunque su puerta estaba abierta. Decidí dejarlo así en caso de que estuviera dormido, le dije que lo amaba mucho y me fui hacia la entrada de la casa donde me esperaban Maher y Mariela, afuera la niebla arabaja, no se veía mucho de ese sendero por el que estábamos a punto de entrar. Teníamos unas horas para volver, en lo que regresaban mis padres y mi tu armando, y con suerte mi abuela también, esperábamos que solo hubiera sido un susto de la edad y no algo grave. Caminamos por el sendero, por el que desde niñas, desde que solo una casa de visita si no la habían comprado mis abuelos, nos perdíamos por horas Mariela y yo. Cuando pasamos por ese lugar en donde las habían encontrado haciendo algo raro cuando llegué, les pregunté si no iban a ir a buscar ahí. Las dos se voltearon a ver y me dijeron que no, que no había nada que buscar, así que continuamos. Creo que fue un kilómetro después, alejándonos no solo de nuestra casa, sino de cualquier atiz o de civilización, cuando el sendero ya se dividía. Ahí llegó nuestro primer y más importante dilema, nos separábamos o seguíamos juntas. Y es que si bien uno de esos caminos llegaba hasta la zona rocosa donde ven encontrado Mariela, hasta donde caminó dormida, no sabíamos que tanto había vacado dormida. Además, Katia habría visto si la huija estaba cerca de ella y no había encontrado nada. Mayra dijo que ella buscaría hasta llegar a las piedras, que nosotros siguieramos por el otro camino, por esa zona de sendero menos explorada, con la vegetación metiéndose en el camino. Sería más fácil que yasiguiera sin perderse y encontrar a la zona que habían mencionado, donde estaba Mariela por la mañana, donde había pasado la noche. Así que nosotros seguimos por ese camino por el que la verdad yo no recordaba haber ido antes. Es difícil describirlo, era hermoso, estaba tupido de vegetación, de pinos y árboles cubiertos de musco y enredaderas. Si no hubiera estado muerta de miedo, les hubiera dicho que parecía el escenario de un cuento. Caminamos por un buen tiempo, yo creo que una media hora más cuando, cuando llegamos a otra división, el sendero se partía en dos en una piedra con forma de pirámide. Mariela y yo hablamos sobre la posibilidad de que se hubiera alejado tanto, parece imposible pero… pero y si no lo era, y si la huija estaba tan solo unos metros más… por eso decidimos continuar, dijimos que al menos 10 minutos más adelante, sin salirnos del sendero, y así, así al menos sabríamos si podíamos descartar esos caminos. Escuchaba el viento soplar entre los árboles, y recuerdo pocas cosas tan aterradoras en mi vida como eso, me sentía completamente sola. Caminé, caminé y caminé sin entender bien qué estaba haciendo ahí. Al estar tan lejos empecé a sentir lo absurdo de la situación, de verdad estaba buscando una huija, de verdad creería que se llevaba almas, que en la noche cuando jugamos, los pasos que se escucharon afuera de la habitación eran algo paranormal, y no uno de nuestros padres revisando que ya nos hubiéramos dormido. Me sentí estúpida, cómo le va a creer en eso, mis abuelos, mis papás, todos me habían educado para no creer en supersticiones, en creencias tontas que buscan inventarle una explicación a los fenómenos que no entendemos. Empecé a reírme, Dios, eso lo que estaba viviendo sería una gran historia para mis amigas de la escuela, ¿cómo se iban a reír de mí? Algo, un sonido me sacó de mis pensamientos, por un momento había dejado de tener miedo, había comprendido lo absurda de la situación, pero ahora estaba segura de haber escuchado algo, una voz entre los árboles, lejos pero no lo suficiente como para no aterrarme. Lo escuché de nuevo, ahí estaba, había alguien ahí, una voz como de mujer que parecía estar lastimada, pensé que no iba a perdonar si alguien necesitaba ayuda y yo lo ignoraba pensando que un fantasma, así que grité al aire y pregunté, ¿Hola? ¿Anda alguien ahí? El quejido se detuvo de repente al escucharme, me desesperé, estaba segura de que había alguien ahí y no podía ser mi prima, los caminos se habían alejado muchísimo, estábamos bastante lejos, si ello o yo gritaba no nos íbamos a escuchar. Intenté poner atención a mi alrededor, no me era desconocido, a pesar de que estaba rodada de árboles sentía que de alguna forma ya había estado ahí, ya había estado siguiendo un llanto entre los árboles, claro era como un de yabú, seguí buscando, le pregunté si estaba bien, que hablará más para saber dónde estaba, para buscarla, que la iba a encontrar, no sabía con quién estaba a punto de encontrarme pero seguía buscando, unos metros más adelante, cuando ya sacaba el camino, cuando empezaba a buscar entre los árboles mientras quitaba las ramas con las manos, vi algo, a unos metros, entre los árboles, ahí, comunidad, agachada en coquillas, como comiendo lodo con las manos, vi una figura que reconocía, una mujer con un vestido viejo con sus manos feas, era simplemente esa mujer horrible que había visto mis sueños, me congelé por un momento, no sabía qué hacer, pero entonces de espaldas a mí se levantó y empezó a caminar así, de espaldas pero muy rápido hacia mí, corriendo, me di la media vuelta y regresé al camino, me caí como en una maldita película de terror, me caí cuando quise correr sentí a las piernas torpes como si estuviera una pesadilla que era completamente real, corrí, recordé las clases de educación física de la secundaria, corría levantando las rodillas, moviendo rápido los brazos, soy muy mala para todo lo físico, soy pésima para correr, pero en ese momento estaba asegurada de que de eso dependía mi vida, quizás más, empecé a gritar, amarguela, amarra, gritaba que venía detrás de mí, que me iba siguiendo, grité hasta que no tuve aire y solo podía seguir corriendo, no podía ver nada, mis piernas empezaban a entumecer, sentía que no podía correr más y sentía que algo estaba corriendo detrás de mí, cada vez más cerca, podía sentir sus manos tratando de tocar mi espalda. Antes de continuar comunidad, voy a pedirles que respiran y que se queden al final de este episodio pues, aunque esta historia es larga, el cuando termine va a depender única y exclusivamente de ustedes, llegan hasta el final, compartan en sus redes cómo está viviendo esta historia y por ahora continuamos. Escuchamos eso a lo lejos y entre los árboles pude ver dos figuras caminando con prisa hacia mí, Maher y Mariela, en ese momento no sé de donde saqué fuerza pero caminé hasta llegar a ellas y ahí me desvaneci, no podía respirar, no podía moverme, tarde un segundo en recordar que algo venía detrás de mí y me levanté sobre saltada pero las dos me abrazaban preguntándome que había visto, les dije que una mujer, se las describí, les dije que era la mujer de mis sueños, la mujer con la que también había soñado mi abuela. Mahera dijo que no, que seguramente era la sugestión, que eso no podía ser cierto, que ella sabía que no podía ser real, que todo estaba en nuestra mente, que no podíamos dejarnos llevar, que eso era lo que quería, comencemos a que estaba ahí, entre nosotros, pero que no era cierto, que no era posible. Un quejido espantoso lleno entonces todo a nuestro alrededor, todo el bosque, escuchamos a los pájaros volar como vuelan con miedo después de un disparo, las tres lo escuchamos, los pájaros lo escucharon, algo se venía acercando desde ese sendero por que llegué, yo ya no podía correr, casi ni caminar pero entre las dos me ayudaron, Mahera dijo que no podíamos atenernos, que aunque fuera arrastrándonos pero teníamos que seguir, y lo hicimos, les juro que no sé de dónde saqué fuerza, que les di las gracias para que me soltaran y empezamos a caminar, casi correr, Mahera repetía que eso era suficiente, que no se podía acercar más mientras no nos detuvieramos, mientras no volteáramos atrás, cuando nos acercamos a la casa que a ti estaba esperando no cerca de la puerta, estaba fumando, nunca la había visto fumar, al acercarnos empezó a negar con la cabeza, y cuando llegamos nos dijo que no podía creer que no hubiéramos encontrado nada, le dijimos que andaba una mujer en el bosque que venía siguiendonos, y dijo que sí, que la alcanzaba a ver, luego nos pidió que voltáramos, nos señaló hacia un árbol grande cerca del camino, ahí se metió, detrás, miren, alcanzan a ver, se está somando, yo, yo no podía ver nada, pero fui la primera en entrar a la casa, me quedé en la puerta porque ya se llena ahí afuera hablando de quien sabe que luego voltearon a ver y se acercaron, entraron, cerraron la puerta detrás, le pregunté a cati que era eso, quién era ella, me dijo que no sabía, que no podría decirme lo bien, que a lo mejor era una pobre loca que vivía por ahí cerca, o alguien perdíse en el bosque, me dejó hablando sola, se fue a ver cómo seguía mi abuelo, que continuaba preguntando por mi abuelita, pero aún no se comunicaban, le dije a maría a la que cati estaba loca, pero maera dijo que ya sabía por qué lo decía, dicen que cuando me pasó eso que me pasó, yo no parecía yo, yo no hablaba como yo, que me veía diferente, quizás eso se refiere, no, dijo seis o de noche, empezó a avisar, seguimos asumadas a la ventana, veíamos por los árboles, ahí creo que pude verla, se veía el vestido claro de la mujer caminando entre los árboles, apareciendo y desapareciendo detrás de ellos, en algún momento maera sacó una lampara con la que quería iluminarla pero la detuvimos y se la logramos quitar, sonó mi teléfono, era mi mamá, hija, este, tienes que decirle algo a tu prima, venla preparando por favor, todo el está mal, está muy mal y no sabemos por qué, se vino diciendo cosas todo el camino, venía alucinando y todavía está así y sus signos, sus signos ya están mal, tienes que estar preparado ok? le pregunté a mi mamá de que estaba hablando, que como era posible, por la mañana mi abuelo estaba bien, no, no sé, no sé mi hija, no sé tu papá ya va para allá con ustedes, ya debe estar por llegar, va a hablar con tu abuelito y se lo va a traer para acá pero por favor tuve preparando tu prima, pero que nadie más se entere por favor, que nadie más se entere ok? colgué y busqué mi prima, le dije que me acompañara el ático a mi cuarto por algo, a donde era mi cuarto por algo, cuando subimos le conté que mi abuelo estaba mal pero pareció no afectarle, solo preguntó si ya había muerto, me dije que no, pero tenemos que estar preparadas para lo que fuera, la tristeza, la tristeza que le había visto antes de salir al bosque había desaparecido y yo, yo ya no entendía nada, está allá afuera, me dijo mi prima, asomándose por la ventana del ático, mire yo también, tenía razón, la mujer estaba ahí entre los árboles, pero en un claro desde donde se dejaba ver con claridad, parecía que veía directamente hacia nosotros, les juro que sus pies no estaban tocando el suelo, yo ya no tenía duda de que eso que veíamos no era absolutamente nada que se pudiera explicar, a pesar de la niebla, a pesar de la oscuridad pudíamos verla muy bien, bajamos corriendo para decirle a Katy para que la viera, para decirle dónde estaba pero cuando fuimos a la ventana ya no estaba ahí, no se veía nada afuera, lo único que vimos fue algo peor, por el camino estrecho de tierra que llegaba a la casa, las luces de un coche, del coche de mi papá detenido, algo había ocurrido, estaba lejos pero tenía que ir hacia él, tenía que verlo, tenía que correr por la oscuridad, por el bosque pero tenía que llegar a él. La última parte de este episodio comunidad, por azares del destino no está siendo grabada en la ciudad de México, sino en la misma casa donde comenzó relatos a la noche, hace mucho mucho tiempo, con un micrófono que hace mucho no utilizamos, precisamente con el que se grabaron sagas como el crucifijo del padre Lucas, es por eso que quizás se escuché un poco diferente a los últimos episodios pero también por eso, por alguna razón esta tercera parte nos parece especial, esta es la conclusión de la historia de la huija que se come, nuestras almas. Pocas gente, poca gente me va a creer lo que vi ese día, desde el ático, una mujer flotando entre los árboles igual a la que había visto en mis sueños, un poco más lejos en el camino que llevaba a la casa de mis abuelos, las luces de un carro estaban detenidas, mi papá, llegando a buscar a mi abuelo para llevarlo al hospital, para avisarle que el abuelo estaba mal, bajé corriendo para llegar a él, para avisarle de lo que andaba por ahí, de lo que había pasado, para que me llevara con ellos, corría hasta el carro pero no había nadie, la puerta estaba abierta, luego vían papá unos metros tallándose los ojos, como si las dieran mucho, al acercarme también sentí algo extraño, esa sensación de dolor como cuando estás picando cebollas, le pregunté, le pregunté si todo estaba bien, mi papá tenía la mitad de la cara como congelada, no la podía mover, se veía muy mal, como si se lo hubiera derretido, se miraba raro pero había una expresión de terror que iba más allá de la parálisis, ¿qué pasó? le pregunté, volví a hacerlo pero no me contestaba, por un momento levanté la vista, por un momento creí ver a la mujer caminando entre los árboles, alejándose, le pregunté a mi papá ayudándola a levantar si había visto algo, si se le había atravesado algo, me dijo que sí pero como si fuera detalle sin importancia, ahí era claro que había algo más, me preguntó si mi mamá había hablado conmigo, le dije que sí, me preguntó qué tanto me había dicho y le dije que solo que la abuela estaba mal, él negó con la cabeza como si mi mamá hubiera ocultado información importante, luego dijo, tu abuelo, tu abuelito, tenemos que rápido por él, tu abuela vio algo, lo necesita, no se puede morirse en verlo, yo le grité que por favor parad un segundo, que me explicara qué diálogo estaba pasando, que no entendía nada, que lo necesitaba, que por favor, por favor me dijera qué estaba pasando, y creo que me vio tan mal, tan asustada, tan confundida que se detuvo, me tomó de los hombros y me dijo ok, si quieres saberlo te lo voy a decir, tu abuela se murió, se murió por más de un minuto, el doctor la declaró clínicamente muerta y le lloramos y todo pero antes de que nos salieramos de la habitación, regresó, regresó con un grito horrible con algo que jamás había escuchado mi niña, estaba llorando, estaba muy asustada, mientras tu mamá y tu tío y el doctor podíamos controlarla, llegaron enfermeras, llegó mucha gente y no podíamos, y tu abuelita lloraba y pedía que no la dejáramos morir, que no le dejáramos morir de nuevo por favor, me apretaba la mano y me pedía que no, con unos ojos de terror que nunca le había visto ni a ella ni a nadie, le inyectaron, le pusieron un nose queí, hasta entonces respiró, mi papá se detuvo, miró hacia todos lados, como si no estuviera seguro de decirme lo siguiente, te lo voy a decir aquí porque no voy a ser lo cerca de tu abuelo, pero tu abuelita dijo algo, dijo que había visto el infierno, que había visto muchas cosas, que sabía donde iba, que vinieramos por tu abuelo, rápido, que no se podía morir así, yo no entiendo nada pero soy lo que vi, y no voy a dejar que tu abuela se muera de esta forma, maneje el carro hasta la casa, la cara de mi papá se veía muy mal, se le caía de un lado horrible, entramos hasta el cuarto del abuelo, ahora ya sin preocuparnos por el covid, de contagiarlo de nada pero no había nadie en el cuarto, tampoco en el pasillo, tampoco en ningún lugar, regresamos a la sala y ahí estaba Cati, parada sin entender nada, le preguntamos por el abuelo y dijo que no lo había visto, que si no estaba en su cuarto, escuché pasos venir de la escalera, se venían riendo Mariela y Mayra, les pregunté si el abuelo estaba arriba y dijeron que no, Mayra señaló hacia afuera, hacia el bosque, hacia el camino por donde Mariela se había perdido, mi papá salió rápidamente a buscarlo pero no sé, fue como si no se hubiera dado cuenta de lo rara que estaba Mayra y mi prima, yo tomé mi chamarra para salir tras él, Mariela se me acercó y me abrazó, me dijo algo al oído, todo está bien prima, ya, ya pude hablar con mi mamá, ya viene, y que no era eso y salí corriendo, hacia mucho frío comunidad, había niebla muy delgada, pude ver a mi papá avanzando por el camino, solo se veía borrojo pero se veía lo lejos todavía y corrí para alcanzarlo, reconoci el lugar a donde nos acercábamos y me detuve, le dije que ni siquiera y me salí del camino, era, era ese lugar donde me había encontrado mi prima y a Mayra el día que llegué, donde estaban haciendo quien sabe que… escuchamos algo, alguien andaba ahí y la vi entre las ramas de los árboles, cruzando rápidamente escondiéndose, ya la vi, tú sigue buscando a tu abuelo, dijo mi papá mientras se detenía y yo seguía adelante, lo encontré, encontré mi abuelo escarbando con sus manos, reconocí muy bien el lugar, era exactamente ese donde encontré a Mayra sobre Mariela, cuando escondí algo en sus manos atrás, ¿qué está haciendo abuelito? le pregunté, el no me seguía mucho caso, sin voltear a verme solo repetía, lo dejaron por aquí, por aquí debe de estar, lo dejaron por aquí, yo me acerqué a él e intenté levantarlo pero ni siquiera lo moví, escarababa con mucha fuerza, sus brazos se sentían tensos como si no tuvieran la más mínima oportunidad de detenerlo y no era tan fuerte comunidad, había agorrado en él como si no estuviera en control de su cuerpo, mi papá apareció de entre las ramas y jaló mi abuelo, le decía que teníamos que irnos, que la abuela lo estaba esperando y entre los dos logramos levantarlo, arrastrarlo, y el abuelo empezó a caminar, pero volteaba como si hubiera dejado algo atrás, o como si algo viniera detrás de nosotros, cuando nos íbamos acercando a la casa le llegó el mensaje a mi papá, hizo una cara muy fea y dijo que no había tiempo, que ya se tenía que ir y sin llegar ni por una chamarra a la casa metió al abuelo así como estaba en Piyama al carro, llévame contigo pa, le decía, pero él parecía que no me escuchaba, llévame contigo por favor, en eso salió caty corriendo, poniéndose una chamarra, dijo que tenía que estar con Armando, y papá me voltó a ver y me dijo que confiar en él, que no quería que yo estuviera cerca de eso, me dio meso en la frente y me dejó, me dejó ahí frente a la casa de los abuelos, me daba mucho miedo entrar, me daba mucho miedo voltear, el carros de mi papá se alejó por el camino, yo no quería darme la vuelta, tuve que armarme de valor para hacerlo, sentí que algo iba a estar ahí, viéndome, se empezó a escuchar algo que venía de la casa, la viona luz prendida, la de lático, mi teléfono quien sabe cuánto tiempo tenía descargado, no serviría ni para iluminarme, la luz de la casa parpadeaba, duraba unos tres o cuatro segundos y se iba a diez o más, eso no tenía nada de paranormal, eso sucedía constantemente con el tiempo, y después de un rato volvía la normalidad, pero en ese momento la única luz que no parpadeaba era la de lático, como si ahí se estuvieran iluminando por velas, yo no pensaba entrar, si, no, por un momento pensé en caminar por el camino, eran kilómetros en el frío pero eventualmente llegaría a la carretera, a otras casas, pues ya lograrlo, así que, así que dio unos pasos, escuché moscas, muchas moscas como, como si hubiera algo muy sucio acercándose, y tenía presente lo que significaba, ahí no estoy segura de lo que vi, pero entre los árboles, detrás de ramas y ramas, por un momento creí ver algo, si mi mente no me engañaba, creí ver algo como la cabeza de una chiva, de una cabra, no sé si estaban dos patas, pero parecía ser muy alta, así que me di media vuelta, regresé y entré a la casa, lo único que atiné a hacer fue ir a la cocina, esconderme debajo de la cama de mis abuelos, esa tenía un mantel largo que la tapaba casi toda, ahí pensaba quedarme lo que fuera necesario, había algo afuera, si, en el bosque, algo que me daba más miedo, mucho más de lo que me asustaba quienes estaban ahí adentro, alguien llegó, escuché los pasos por el porche, se acercó a la puerta, luego escuché que alguien bajó de ese lático, abrió la puerta y dijo algo, pasa, te estábamos esperando, dijo Mariela, algo, algo entro y el olor que llevo entonces comunidad es indescriptible, era olor a muerte, subieron por el lático, en eso escuché un teléfono a lo lejos, recordé que el mío estaba descargado, que cualquier cosa que ocurriera no me iban a poder avisar, que le llamarían a mi prima, ya, ok, ok, yo le aviso cuando lo encuentre, no había nada de emoción en la voz de Mariela, ningún sentimiento, después de contestar subió corriendo, yo me asumé por debajo de la mesa, mientras no volviera la luz, creía que iba a estar segura y, alcancé a ver cómo bajaba Mariela con Mayra, salieron de la casa, supuse que habían caminado hacia el bosque, salí de debajo de la mesa, subí al lático por mis cosas y, ahí en mi cama estaba la tabla, y había metido espejos al cuarto, ahí estaba esa maldita huija, busqué rápidamente por todos lados mi batería externa para cargar mi celular, y finalmente la encontré, bajé corriendo para regresar y esconderme en el cuarto de mi abuelo, pero al pasar por la sala había algo, era, era una figura oscura, algo negro, estaba sentada en la sala y lo único que se podían ver eran sus ojos, y no se trataba de la oscuridad, eso no era lo que la escondía, lo que fuera que estaba ahí era una figura completamente negra, que estaba viéndose a mí, ni prima y su amiga se acercaban, yo corrí, corría al cuarto de mis abuelos y se rí con seguro detrás de mí, sin volver a ver la mesadora, me metí debajo de la cama, como condener en niños me escondía ahí para sentirme segura, necesitaba calmarme, necesitaba respirar por un momento, por fin se acargó mi celular, por fin lo pude prender, le hablé a mi papá, por fin supe que mi abuela falleció antes de que mi abuelo pudiera llegar a verla, me quedé ahí, hasta que un reto después llegó mi tío Armando, Katy y mis papás, mi abuelo se había tenido que quedar internado, se daba en el hospital, en cuanto pudo Katy se fue sobre Mariela, a solas y le preguntó dónde diablos tenía la tabla, yo lo noté y me acerqué y le dije que le había visto en el ático, y cuando lo dije me dolió la cabeza, sentí una pulsada en la sien de lados derecho, la misma que siento comunidad cuando escribo esta historia, la misma que ha sentido gente a la que se la cuento, Katy sube corriendo, Mariela me vio enojada, se cerco a abrazarme y me dijo algo en el oído, también se va a ir tu abuelo entonces, me dijo, tu abuelo, como si no fuera suyo, como si no fuera suyo, como si no fuera ella, y su voz era como, sé que va a sonar muy loco, pero era como si se hubieran escuchado dos voces usurrándome, Katy bajó con lo que creo que era la tabla en vuelta en una cobija, sin decir nada se llevó a Mayra, salieron en el carro y al parecer regresaron rumbo a la ciudad de México, Mariela permaneció sentada sin hablar, sin decir mucho, y solo se levantaba a comer, solo parecía fingir algo de normalidad cuando la llamaban para comer, mi abuelo falleció una semana después, por covid, aislado de todos nosotros, nadie lo vio enfermarse, nadie supo que ocurrió, ninguno de nosotros tuvo algún síntoma, pareció a verse enfermado, fue muy extraño porque nadie se esperaba que cuando lo vimos, cuando lo llevaron hacia la abuela, sería la última vez, que íbamos a verlo, porque tampoco nos dejaron ver su cuerpo, una enfermera que lo cuidó le dijo a mi tío Armando que mi abuelo gritaba, que me imaginó algo mucho, mucho peor, luego de la muerte de mi abuelo, no sé si por casualidad o por qué, pero Mariela volvió inmediatamente a la normalidad, a la tristeza de antes, a la tristeza de antes, a la tristeza de antes, a la tristeza de antes, a la tristeza de antes, a la tristeza de antes, a la tristeza de antes, a extrañar a su mamá, Catino volvió a llevar a Mayra, no estuvo en el velorio, desde el fin de la pandemia en la casa está en renta, hoy cualquiera la puede visitar, pero Mariela nunca ha vuelto, se cuentan cosas muy extrañas, que incluso han llegado las reseñas que deja la gente en la página donde se renta, un olor a caño, apodrido que llega de repente en la noche, desde el bosque, que la puerta llega a amanecer abierta, y que se escuchan pasos en el ático, cuando no hay absolutamente nadie, Cati sí volvió una vez, solo conmiteo armando la casa, pero después ya nunca lo hizo, dijo que hay algo, todavía en el bosque, que se le puede ver en la noche si ponos atención, que a la vez rondando la casa entre los árboles, Uriel, tú sabes que este es solo una parte de mi historia, sabes lo difícil que es para mí, lo demás, quizás no da tanto miedo, pero, es mucho más doloroso, espero poder decirte que la publiques, por fin, en algún momento, y que la gente conozca el resto de la historia, tú sabes que pude contactar a mi abuela, y que me duele mucho saber dónde está, y cuánto miedo le tengo a esa huija, que se come almas, ojalá que la toman en serio, comunidad, antes de cerrar esta historia, la historia que nos ha compartido la protagonista, hasta ahora, quiero decir algo que ya hablé con ella, que ya está muy claro con ella, bueno, entre las cosas que suceden a continuación, es que ella, llega a ser muy cercana a Katia, decidieron prestarme la tabla, estaban seguras que teniéndole en mis manos, aún sin jugarla, que no lo haría, por supuesto, iba a sentir esa energía, que no podía negar, porque lo que me dicen es que, saben de Lú, increíble que puede parecer esta historia, y aunque están seguras que yo le voy a contar con él mismo, respeto como cuento, todas, querían darme una evidencia de que había algo, algo de verdad, y ustedes saben que soy miedoso, pero mi escepticismo me da valor para tener objetos así, ustedes saben que tengo otra huija, de otra historia que está por aquí, en relatos de la noche, y que nunca me pasó nada con ella, pero, debo decirles que con esta ocurrió algo que, sí es tu extraño, la huija llegó finalmente a mí en diciembre pasado, justo, justo cuando me estaba mudando de casa, y yo estoy seguro de haberla empacado muy bien, estoy seguro que fue de las primeras cosas que empaque, y cuando volví a mi antiguo departamento para recoger las últimas cosas que tenía en mi estudio, me encontré con una bolsa negra de tela muy gruesa, que era justamente como en la que me dieron esta huija, tuve que ir a revisar al departamento nuevo, las cajas para ver si no había visto mal, si no me la había llevado envuelta en otra cosa, y ya no la encontré, nunca llegó al departamento nuevo, ehh, y esto puede ser casualidad, tengo TDA, así que, pudo haber sido que no puse atención, que hice otra cosa, que simplemente, creía haberla guardado, pero el punto, y lo que no se puede negar, es que la tabla ya no estaba en mi estudio, solo la bolsa, cuando le tuve que decir a nuestra, protagonista anónima, YaCati, todos los nombres, por cierto, en esta historia, evidentemente han sido cambiados, me dijeron que entendían, que estaba bien, porque dicen, la huija llama, esta huija llama, yo no sé si la perdí, yo no sé si alguien me la robó, en la mudanza, pero, no voy a mentirles, y decirles que no me preocupo pensar, que alguien la tiene sin saber, que se llevó, que a lo mejor, por pura curiosidad, se llevó una tabla, que, bueno, para esta familia, representa muchas, muchas cosas muy feas, y muertes, y me es raro pensar, que esa tabla, quien sabe en qué manos está, suelta, como si fuera cualquier cosa, en algún lugar, de la Ciudad de México, por mi parte, evidentemente he llegado a la decisión, de no volver a aceptar objetos, por mes, escéptico que yo sea, sí siento que es demasiada responsabilidad, y ustedes saben que yo no soy experto en el manejo, de nada de esto, soy simplemente alguien, a quien la apasiona contar historias, y debo aceptar, ese lugar, y decirles que, si en algún momento de esta historia, sintieron un extraño dolor de cabeza, en la cien, del lado derecho, por favor, nos digan por qué, me gustaría saberlo, quizás, quizás en algún momento, podamos contar el resto de esta historia, por lo pronto, agradecemos que hayan escuchado, este episodio, de relatos de la noche.